«Han sido años intensos pero gratificantes"

Ana Pérez
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«Han sido años intensos pero gratificantes"

El soriano acaba de cumplir 75 años y, tal y como marca el 'Código de Derecho Canónico', ha presentado su renuncia ante el Papa. La sencillez y la cercanía definen el carácter del arzobispo, así como la claridad a la hora de abordar cualquier asunto

Cualquier persona que ha tenido la oportunidad de hablar con el soriano Vicente Jiménez Zamora, arzobispo de Zaragoza, destaca su amabilidad. El Día de Soria da fe de ello. Este lunes 28 de enero cumplía 75 años, por lo que presentó al Papa Francisco su renuncia al Arzobispado de la capital aragonesa, ya que es la edad que establece el Código de Derecho Canónico para que los obispos planteen su ‘jubilación’. Conocida la noticia, este periódico se puso en contacto con la Delegación de Medios de Comunicación del Arzobispado para realizar una entrevista y no pasaron ni diez minutos cuando el propio Vicente Jiménez Zamora llamó por teléfono. No es más que una anécdota laboral, pero es un detalle más de la cercanía del agredeño y de su disponibilidad, aunque su agenda esté repleta. Lleva más de medio siglo al servicio de la Iglesia. Repasa todas sus etapas como párroco, profesor, obispo de Osma-Soria, de Santander, arzobispo de Zaragoza... y en la Conferencia Episcopal Española (CEE), en la que ha ocupado distintos puestos. Como obispo ha coincidido con tres Papas, si bien admite que se siente más próximo al Papa Francisco. Es muy claro al referirse a asuntos espinosos como los abusos a menores o los posicionamientos de la Iglesia en cuestiones políticas.
Acaba de cumplir 75 años y presenta su renuncia al Arzobispado de Zaragoza. Todavía no es efectiva y no sabe hasta cuándo seguirá en el cargo, ¿le hubiera gustado estar más tiempo desempeñando este cometido?
Estoy siempre a disposición de la Iglesia, nada he pedido y nada he rehusado, es el Santo Padre el que pondera todas las circunstancias de la persona y del lugar, y proveerá a su debido tiempo. No es un cese automático y sigo con plenitud de derechos y de deberes hasta que el Santo Padre nombre a otro.
¿Qué planes tiene? ¿Le gustaría volver a su tierra?
Luego uno se dedica a otra vida más tranquila, más reposada, en paz y también para dedicarse a la oración más intensa, a la intercesión por la Iglesia, lectura de libros, escribir algunas cosas y hacer otros servicios pastorales más sencillos sin la responsabilidad de ser pastor de la diócesis, ejercicios, conferencias, etcétera. El destino aún no lo tengo fijado, cuando llegue el momento pensaré lo que más convenga, pero ya con más tiempo para dedicarme a tareas de libre determinación por parte de uno.
¿Qué balance hace de este último periodo al frente de la Arzobispado de Zaragoza?
Estoy entrando en el quinto año. He realizado un plan diocesano precisamente para un quinquenio, después de haber consultado a todo el pueblo de Dios (laicos, religiosos y sacerdotes), ese plan se va desarrollando en planes anuales que también se vinculan a toda la Diócesis , parroquias, vicarías, etcétera. También he renovado el seminario, con equipo nuevo, con vocaciones y en este tiempo he ordenado a 17 sacerdotes, dos lo están esperando ahora, y tengo unos veintitantos seminaristas mayores, también instauré el seminario menor, que no existía, el diaconado permanente para casados que quieran servir a la Iglesia en este ministerio que lo renovó el Concilio Vaticano II, he renovado la curia diocesana en la parte pastoral y estamos preparando ahora una oficina de transparencia y rendición de cuentas para todos los organismos de la Diócesis, a fin de acomodarlo a derecho diocesano y civil. Han sido unos años muy, muy intensos, pero también muy gratificantes, con las dificultades propias del caminar, hay que ver la luz y lo positivo, eso es lo que a mí me gusta, caminar en positivo, mirar con esperanza el futuro y no tanto el pasado.
Alude a las dificultades de esta etapa. Hace dos años fue investigado por un presunto caso de ‘espionaje’ por la intervención de un ordenador de una empleada de la Archidiócesis, causa que, finalmente, fue archivada por la Audiencia Provincial de Zaragoza. ¿Cómo encaró esa situación? 
La Audiencia Provincial de Zaragoza, con los tres magistrados por unanimidad, determinó que mi actuación había sido legítima, justa y proporcionada, y que no tenía que haber sido investigado por el juez de instrucción, porque no había ningún indicio de delito. Estuve tranquilo. Actué con libertad, con paz y con verdad. Fue momento de dolor y también de paz, porque la verdad da mucha paz.
Entre 2007 y 2014 fue también obispo de Santander.  ¿Qué recuerdo tiene de esos años al frente de la Diócesis cántabra?
Visité toda la Diócesis de Santander, que tiene unas 500 parroquias. Estudié dos años en la Universidad Pontificia de Comillas y ya conocía la gente y el paisaje. Allí trabajé todo lo que pude, y los dones que el Señor me ha dado los puse a rendimiento para el bien común de la Iglesia y de la sociedad cántabra.
Como obispo se estrenó en su provincia.
Antes fui obispo de nuestra querida tierra de Soria, que es donde el Señor quiso que empezara el seminario, fuera sacerdote, tuviera diversos cargos de servicio a la Diócesis y, al final, pues ser obispo de la tierra y pastor, eso es un motivo de satisfacción y de autoestima para la provincia de Soria. Eso que dicen que nadie es profeta en su tierra, pues el Señor quiso que yo fuera profeta en la mía durante un tiempo. Quiero mucho a Soria, a sus gentes, las llevo en el alma y en el corazón. Siempre por donde voy llevo con altavoz el nombre de Soria y de la Diócesis de Osma-Soria.
También forma parte del Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española (CEE).
Somos seis obispos, cuatro cardenales y dos arzobispos, y ahí llevamos cada quince días pues el día a día de la Conferencia, los asuntos de mayor importancia y trascendencia. A la vez soy miembro de la Comisión Permanente, con 22 obispos, donde entre los plenarios de la CEE tratamos aquellos asuntos que requieren una orientación pastoral más inmediata.
En distintos momentos se ha referido a la actualidad, por ejemplo, hace unos años siendo obispo de Santander instaba en una carta pastoral a que se preservara el domingo como día de descanso y que el Gobierno no cediera a cuestiones comerciales, y en alguna entrevista se ha pronunciado sobre la unidad de España. 
Me gusta hablar con claridad y con firmeza, sin rodeos. Los castellanos somos llanos, sencillos y directos. 
¿Y en qué medida cree que la Iglesia debe expresar opiniones en cuestiones de índole política?
Claro que sí, aunque desde el punto de vista pastoral, la Iglesia tiene también derecho y obligación de pronunciarse sobre aquellos puntos sociales donde puede estar en problema la dignidad de la persona, sus derechos y el bien común, y ahí la Iglesia tiene una palabra que decir, no desde la clave de la política, sino desde la clave de la misión pastoral de la Iglesia. Nosotros como pastores no podemos ser perros mudos, tenemos que hablar con valentía profética.
¿Y en una cuestión como el desafío independentista de Cataluña como encaja una opinión de la Iglesia?
La Iglesia es católica, universal, de todos los pueblos, lenguas, razas y naciones. Una iglesia no puede ser nacionalista, porque el nacionalismo es un virus que corroe la fe y la identidad de la propia Iglesia. Nacionalismo e iglesia son términos antitéticos y contradictorios.
Está también de actualidad la exhumación de los restos del dictador Francisco Franco del  Valle de los Caídos. ¿Qué opina sobre este asunto?
Es un tema delicado y poliédrico, tiene muchos aspectos. De entrada tengo que decir que ni la Iglesia mandó que lo enterraran allí, fue el Gobierno de Arias Navarro y el rey Juan Carlos, ni la Iglesia manda que lo exhumen. Es una cuestión de la familia y del Gobierno. La Iglesia únicamente tiene que intervenir cuando tenga mandato judicial para poder autorizar la entrada en la iglesia-basílica, mientras tanto las cuestiones son entre el Gobierno y la familia. La Iglesia acatará las decisiones judiciales.
Mencionaba que entre sus tareas está la puesta en marcha de esa oficina de transparencia. Desde hace muchos años una de las cuestiones que azota a la Iglesia son los casos de abusos a menores. ¿Cómo cree que ha afrontado este drama la Iglesia? 
La Iglesia ha actuado en cada momento con los métodos y protocolos que había en cada caso. Hoy día ha sido urgida porque es un tema candente y preocupante. Un solo caso de pederastia hay que condenarlo, la Iglesia tiene que pedir perdón y estar cerca de las víctimas. Ahora se trata de poner protocolos activos. El Santo Padre se va a reunir en febrero con los presidentes de las conferencias episcopales para ver la forma de atajar este mal en la Iglesia, que le perjudica a su credibilidad y, además, los pastores tenemos que estar con los fieles, sobre todo con los más débiles, los más pequeños y los indefensos. 
Fue obispo de Osma-Soria siendo Papa Juan Pablo II; de Santander, bajo el mandato de Benedicto XVI; y arzobispo de Zaragoza nombrado por el Papa Francisco. ¿Cómo define a cada uno?
El Papa Juan Pablo II, ya santo, fue un gran pastor que vino del Este e hizo una gran renovación de la Iglesia en el terreno sobre todo social, contribuyó mucho a la caída del comunismo, fue un gran referente moral para todos los pueblos. Benedicto XVI era un Papa teólogo, que con sus documentos y clarividencia orientó a la Iglesia en ese momento en cuestiones claves doctrinales. Y el Papa Francisco viene de América, de Argentina, trae el aire de estos pueblos nuevos hermanos, y él es valiente en entender las reformas que la Iglesia necesita. Quiere hacer una Iglesia de puertas abiertas, que vaya a las periferias, y en sus gestos y actitudes está favoreciendo mucho a los pobres y a los pueblos quizás menos favorecidos. Es un Papa de frontera, referente moral en la sociedad y en el mundo, un Papa que va a dejar honda huella.
¿A cuál se siente más próximo?
He tenido contacto con los tres, con Juan Pablo II, cuando era obispo de Osma-Soria, fui a verle varias veces, porque él se interesó por diócesis pequeñas. Me dijo que los pequeños son los que salvan a los pobres. Con el Papa Benedicto XVI me interesé por temas de la causa de Sor María de Jesús de Ágreda, mi paisana, y me dijo que luchara y fuera adelante que llegaría su momento. Y con el Papa Francisco, él mismo me propuso que fuera arzobispo de Zaragoza. Fui a verle en un encuentro que tenía con la congregación de religiosos de la que soy miembro y le dije que era el obispo de Santander. Me dijo a bocajarro: No, no, usted desde mañana va a ser arzobispo de Zaragoza. Me quedé sorprendido que conociera ya mi vida, aunque ya antes había estado con él en Valencia, cuando todavía era el cardenal Bergoglio de Buenos Aires y yo fui con los feligreses de Osma-Soria. Celebramos en una iglesia de Valencia, él no quería presidir, y sacaron una foto de aquel encuentro, cuando ni le conocían a él ni me conocían a mí. Cuando ya le eligieron Papa la prensa de Valencia escribió así: El discreto paso del Papa Bergoglio por Valencia. Y contaron esta anécdota. Cuando le llevé esta fotografía a Roma se alegró mucho y se echó a reír. Luego me impuso el palio arzobispal, un distintivo de comunión de la metrópoli de Zaragoza con el Papa, y me preguntó qué tal me iba, que trabajara y que ánimo. Cuando el año pasado cumplí los 50 años de sacerdote, me escribió un mensaje muy bonito, que lo publicamos en Iglesia en Aragón, y ahora ya le he escrito la carta para ponerme a su disposición.
El Papa Francisco se ha pronunciado esta semana sobre el celibato y ha asegurado que no va a cambiar las reglas al respecto. ¿Qué opina?
El celibato es un gran don y un gran tesoro para la Iglesia, porque los pastores célibes se dedican con plenitud de facultades a Cristo y a la Iglesia, con todas sus energías, y se identifican más con Cristo que fue célibe y dedicado al reino y a la misión que el Padre le había confiado. 

Son más de cincuenta años al servicio de la Iglesia y ha desempeñado distintas labores en el sacerdocio.
Fui ordenado el 29 de junio de 1968 y hasta 2004 he estado en Soria, he pasado por todos los ministerios. En el Seminario estuve de profesor y superior, después vine a Soria de profesor del Instituto Machado, de la Escuela de Enfermería. También fui vicario parroquial en El Salvador, canónigo y abad de la concatedral y luego vicario general de Pastoral, hasta que me nombraron obispo de Osma-Soria.
¿Y cómo cree que ha evolucionado la Iglesia en estos cincuenta años?
Pues la Iglesia católica después del Concilio Vaticano II trató de adaptarse según los signos de los tiempos llevando el mensaje de Jesucristo a los pueblos y las naciones para promover el desarrollo integral, que no solo es material y económico, sino también cultural, humano, espiritual y religioso. La Iglesia en España concretamente contribuyó mucho a la reconciliación de todos los españoles en la Transición, fue vínculo de reconciliación, de unidad y de comunión. Ahora en estos tiempos del Papa Francisco trata de ponerse al día. Pertenezco a una comisión dentro de la Conferencia Episcopal que queremos renovarla a los 50 años de su creación para que los obispos no solo seamos un grupo de obispos, sino que nos abramos a la sociedad, a los laicos, a los consagrados y demos la respuesta que necesita la sociedad española y la Iglesia de España.
¿La Iglesia ha evolucionado al compás de la sociedad? Una de las críticas es que está anclada en el pasado.
La Iglesia está hecha a base de siglos y a veces los procesos y cambios en la Iglesia son un tanto lentos, pero siempre son pasos firmes y esperanzadores. La Iglesia no puede hacer siempre lo que se cree que es políticamente correcto, sino que aquello que cree y debe anunciar según el Evangelio. La Iglesia, a veces, lucha un poco a contracorriente de los tiempos, de las ideologías, de los momentos, de la situación cultural y política.