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Aurelio Martín

LA COLUMNA

Aurelio Martín

Periodista


Regalo del alfabeto

06/12/2021

El alfabeto griego nos ha traído a modo de regalo prenavideño su decimoquinta letra, la ómicron, la o pequeña, en contraposición con la omega, que es la mayúscula, pero que nos está amargando la existencia por el constante machaqueo a la que es sometida en los informativos, aunque no se conozca científicamente cuales son los efectos reales de esta mutación del SARS-CoV-2, la B.1.1.529,  que ha recibido este nombre, empleado para que no se cite al país de procedencia -dicen que la variante más peligrosa -, parece que del cono sur africano. 
Situación similar se planteó para sustituir por hermanas de otras letras de la fonografía griega la cita a lugares de procedencia. Independientemente del origen, que hay que analizar porque ya se conocía que había que atender también a los países más desfavorecidos o no se adelantaría lo suficiente como para neutralizar al virus en el mundo, la pandemia nos demuestra que se mantiene aquí y que nos puede amargar los días donde más movimiento hay de población, incluso de trajín en domicilios, también en otros países de Europa donde se apresuran a tomar medidas severas contra los no vacunados o de restricciones en horarios. Los índices de contagios están subiendo a diario encontrando sus reservorios, especialmente, en no vacunados, también niños.
En España ya se ha reaccionado con el inicio de la vacunación hasta los 60 años, pero es previsible que vaya bajando a otros grupos de edad, incluso a los menores de 12 años,  para quienes ya se ha autorizado el suero por la Agencia Europea del Medicamento, pero falta que se definan las autoridades sanitarias españolas, aunque la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, lo tiene decidido. No es verso suelto, es un apunte más a su populismo tan bien vendido y que tanto éxito le está trayendo. Esta previsión ha comenzado de nuevo a abrir los vacunódromos, aprovechando también que toca la dosis de la gripe. 
En todo caso, la ómicron viene a demostrar que hay que vacunar a toda la población mundial y que la protección no sirve con el cierre de los aeropuertos y dejar aislados a los países más pobres, porque el virus no conoce de fronteras. Se debe de profundizar en este aspecto, partido de que países como España, han hecho esfuerzos para hacerles llegar vacunas, aunque hablamos de más de 1.300 millones de habitantes. 
Asimismo resulta curioso el ritmo que va adquiriendo la vacunación de aquellos reacios a pincharse por si acaso no les dejan entrar en los locales de ocio al no contar con el pasaporte covid, lo que comienza a implantarse en la mayoría de comunidades autónomas, incluso hay estados que la quieren declarar obligatoria. No han podido con ellos las campañas de concienciación, que deberían de continuar, pero sí la advertencia de que si no cuentan con el documento se les impide ir de copas. Hasta Lorenzo Damiano, una de las caras visibles del movimiento antivacunas en Italia, ha tenido que ser hospitalizado tras contraer la COVID-19 y ha pedido a la población «seguir la ciencia».  Veremos a ver en qué letra del alfabeto griego nos quedamos. Mientras hay que resistir, aunque sea a pinchazos.