La cantera celeste da sus frutos

Sergio Recio
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El Río Duero Soria afianza su modelo de cantera basado en un trabajo estructurado por etapas

La cantera celeste da sus frutos

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La cantera celeste da sus frutos

La llegada de Adrián Olalla y Lucas Lorente al primer equipo del Río Duero Soria ha puesto de manifiesto el trabajo de la cantera celeste. Dos jóvenes sorianos que pasaron por todas las categorías inferiores del club antes de llegar a la élite del voleibol. Detrás de todo esto se consolida una estructura de 80 jugadores y siete entrenadores.
El responsable de cantera, Ismael de Miguel, recuerda que esta situación no es fruto de la casualidad, «es el resultado de una progresión en la que priorizamos la formación por encima de los resultados, en la que siempre miramos por el primer equipo, al margen de éxitos individuales o colectivos».
Este trabajo se ha asegurado esta temporada al adquirir una nave en el Polígono de Las Casas y reconvertila en una cancha de voleibol. En dos semanas tuvieron listas las instalaciones, «tener una sede fija ha hecho que se apunten cada vez más jugadores de edades más tempranas». En este caso, con todo parecía ir en contra, el viento de la cantera del Río Duero Soria ha soplado a favor.
Etapas. La estructura de la cantera del Río Duero Soria se basa en una progresión por etapas. Todo comienza en edad benjamín, «con siete años el trabajo prioriza la iniciación». Un modelo de entrenamiento que opta por el juego como método de aprendizaje, «lo importante en estas edades es que se diviertan». Ven el voleibol «como una modalidad que les hace aprender y que a su vez despierta su curiosidad». 
Cuando llega la etapa alevín, «iniciamos los diferentes tipos de golpeos e inculcamos que siempre deben ir acompañados de desplazamientos». Este deporte implica mucha movilidad, «deben entender que no pueden estar parados, deben tocar y cambiar de posición, lo hacen tanto con el saque, como con el golpeo de antebrazos o toque de dedos». Con la técnica como prioridad, se inician ya en el juego real, «siempre dedicamos los 10 últimos minutos al desarrollo de un partido, aunque siempre con un golpeo en concreto para que mejoren esa técnica». En categoría infantil, «ya tienen automatizado el sentido del juego, es el momento de entrar con el tema táctico». Evolucionan de la cancha de minivoley a las medidas reales, «las posiciones van siendo específicas pero sin cortar su progresión en ninguna de las otras facetas». Es el momento clave para saber hacia dónde deben enfocar el futuro de cada jugador.
último paso. Que quede claro, «nuestra escuela no va orientada a ganar trofeos en categorías inferiores, queremos formar jugadores para el primer equipo». Motivo por el que en edad cadete y juvenil, «se trabajan puestos específicos de acuerdo a sus cualidades técnicas y no físicas». Medir dos metros no implica jugar de central, «eso no servirá de nada en categoría absoluta».
Con este modelo, unas instalaciones nuevas y la nueva hornada de jugadores de la cantera en el primer equipo, la escuela celeste mantiene el rumbo en uno de los mejores momentos de su historia.