Carlos Lafuente

Trabajador de la Función Pública


Rescate

Todavía recordamos todos como la crisis económica nos arrasó a casi todos como un tsunami. Pasamos de los brotes verdes a  los hombres de negro y los recortes, sobre todo para las clases más desfavorecidas y nunca para las clases poderosas. Y seguimos sin saber si las brutales crisis como la que hemos padecido son «virus de laboratorio»  que alguien maneja a su antojo. Se montaron gabinetes de crisis, medidas urgentísimas, se dejaron sin efecto convenios colectivos previamente pactados, se rebajaron sueldos y se desahuciaron ilusiones que los bancos habían hipotecado por encima de nuestras emociones. Y todo ello, de obligado cumplimiento y sin rechistar.
Ocurre que nos encontramos ahora de frente con el gran problema de la despoblación de zonas, sobre todo de interior, y que nadie sabe cómo parar la sangría, aunque muchos son los que se atreven a realizar diagnósticos. Hay mucho congreso, mucho iluminado y mucho listo que ha visto que este problema puede ser su solución para vivir del cuento, pero poquitas experiencias hay de lucha efectiva contra el problema. Alguna experiencia hay positiva pero como un átomo en el universo. Y me acuerdo ahora de los valientes neo rurales de Sarnago. Se hace necesario llevar a cabo acciones efectivas, que tengan muy definidas las finalidades y los caminos a recorrer. Y al igual que con la crisis económica se atajen los problemas con medidas graves contundentes y de obligado cumplimiento.
Me sonroja ver los resultados de eléctricas o compañías telefónicas que no son capaces de dar cobertura digna a provincias como  la nuestra. Me sonroja ver como hablan de repoblar estas tierras pero luego es más fácil llegar a Soria en patera que vía consulado. Que cuesta menos hablar con los piratas que acceder a un permiso de trabajo (aunque tengas el compromiso de contratación). Y es que se puede ser xenófobo de manifestación (como Vox) o de despacho, poniendo mil y una traba a personas que solo quieren vivir dignamente y que repoblarían nuestras tierras. Y se puede ser un perfecto conferenciante de la despoblación, pero no tener ni idea de cómo ordenar un territorio (que es lo que suele pasar).



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