Editorial

Las 300 medidas de Sánchez o el camino libre a nuevas elecciones

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A 20 días para que concluya el plazo para salvar una nueva investidura, nadie parece mover ficha. Es como si solo existieran dos opciones posibles en la presente tesitura: o Unidas Podemos acepta las 300 medidas programáticas que Sánchez va a presentar hoy, renunciando los morados a un gobierno de coalición, o el 23 de septiembre no será investido el candidato y no quedará otra salida que disolver las Cámaras y convocar nuevos comicios para noviembre. No parece vislumbrarse ninguna otra luz al final del túnel. El PSOE descarta un ejecutivo de coalición, mientras Iglesias y los suyos rechazan la fórmula a la portuguesa de que los socialistas gobiernen en solitario, con apoyos de las restantes fuerzas de izquierda, pero sin que estas tengan cabida en las estructuras de poder. Los morados, por su parte, exigen negociar forma y fondo, es decir, programa y estructura, vamos, que no parecen dispuestos a dar el sí quiero a cambio de ser meros comparsas.
La falta de entendimiento y los rechazos mutuos que ambas fuerzas protagonizaron el pasado mes de julio han marcado la actual no-negociación y dificultan sobremanera cualquier acuerdo, algo que tampoco se ve favorecido por el intercambio de ciertas lindezas, con lo que no hay acercamiento de posiciones ni nada que se le parezca. Y si en estos 20 días PSOE y Unidas Podemos no se avienen a negociar en serio, anteponiendo los intereses del país a los de la parcela propia de poder, solo quedará la vía de la vuelta a las urnas. Con lo que eso conlleva de costes económicos y sobre todo de desgaste de la confianza de los ciudadanos en los políticos. De la pelea en torno a culpabilidades y responsabilidades, es muy posible que la única beneficiada sea una alta abstención, pese a que estudios y encuestas den una victoria más abultada que la actual al PSOE, de quien cada vez más analistas y votantes sospechan que es lo que realmente busca.
Por su parte, el centro-derecha y la derecha pura y dura no terminan de entenderse y lo único claro en su caso es que no van a abstenerse en la hipotética investidura para facilitar la formación de un gobierno socialista. Ni en solitario ni en coalición, por supuesto. Pero, más allá de esto, sus posturas tampoco encuentran el punto ideal de convivencia que pudiera permitir una alternativa. El líder de Ciudadanos rechaza ir a las urnas con el PP, pese a que eso supondría votos, y los populares por su parte insisten en que el acuerdo sería positivo y constituiría realmente un frente liberal-conservador frente a los progresistas. De hecho, el presidente nacional del PP, Pablo Casado, ponía ayer como ejemplo los pactos alcanzados en algunos ayuntamientos con la formación naranja, intentando presionar en ese sentido. Pero, en la tesitura presente nadie convence a nadie y salvo que todos aceleren en la última recta o lleven en secreto algún tipo de acuerdo, lo más obvio es la convocatoria de nuevas generales.