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Charo Zarzalejos

CRÓNICA POLÍTICA

Charo Zarzalejos

Periodista


La gran desbandada

15/04/2022

Con la gran desbandada del miércoles por la tarde, nuestras ciudades, playas y pueblos han recobrado una vida que creían olvidada. Han sido, prácticamente, dos años en los que el calendario para el no haber existido pero sí. Ha existido plagado de miedo, de dolor, de incertidumbre y para demasiados conciudadanos han sido dos años de duelo.
Lo ocurrido y vivido permanecerá, creo que para siempre, en nuestra memoria y necesitábamos olvidar, volver a ser los que fuimos de ahí que las playas estén llenas, los pueblos salgan del letargo del silencio obligado y las ciudades sean casi las mismas que antes de la pandemia.
Esto es lo que ocurre en Sevilla. En esta Semana Santa se ha convertido en una explosión de vida y en un grito de emoción ante el paso, yo diría que eterno, de sus cofradías. Los mismos nazarenos, los mismos Cristos, las mismas Dolorosas, las mismas marchas y hasta las mismas flores que con arte magistral adornan todos y cada uno de los majestuosos pasos de la Semana Santa sevillana.
Aquí, en Sevilla, es donde se está viviendo la gran desbandada pero hacia dentro. Pocos sevillanos se han ido a la playa. Han elegido mantener viva ese punto de eternidad que tiene todo aquello que surge del sentir popular y que con extraordinaria sabiduría se ha sabido trasladar de padre a hijos y así hasta hoy. Y como si nada hubiera ocurrido se mantiene la liturgia de las entradas y salidas de los templos de los diversos pasos al son del himno nacional, muchas mujeres se visten de negro, con peineta y mantilla para celebrar el Jueves Santo y los barrios más humildes pasean y adoran con orgullo esa talla que con tanto esfuerzo y sacrificio han logrado vestir con la dignidad de lo que consideran sagrado.
Esto mismo cabe decir de ciudades como Zamora, Valladolid o Málaga y solo por citar algunas en las que la Semana Santa es además de unas fechas de marcado carácter religioso, un reencuentro con lo que uno ha sido sabiendo que esos tiempos a los que evoca su memoria ya no volverán.
Con la gran desbandada del miércoles, sea cual sea el destino que cada cual haya elegido, queremos inaugurar el tiempo de la normalidad, queremos olvidar por unos días los problemas económicos, la injusta y cruel invasión de Ucrania... queremos olvidar aunque en nuestro fuero interno todos sepamos que la realidad cotidiana no va a ser mejor que la que dejamos atrás hace apenas unas horas. Lo sabemos y por eso nos hemos ido. Por eso hemos buscado el ruido del mar, una copa sin preocuparnos de la mascarilla, o una marcha procesional para pedir al Cristo sufriente que nos libre de todos los males. Necesitábamos una bocanada de aire fresco que tiempo habrá de contemplar nubarrones que no son pocos los que nos amenazan en estos tiempos convulsos y doloridos. Nunca como ahora ha estado justificada la gran desbandada.