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Una traducción de cine

Sonia Almoguera
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Beatriz Curieses Muñoz es la encargada del subtitulado de las obras extranjeras del Festival de Cortos. La dificultad reside en reflejar los diálogos en un espacio muy limitado

Una traducción de cine - Foto: Eugenio Gutierrez Martinez

El ritmo de los diálogos, la traducción, la rapidez de lectura, hacer entender a la vez el contexto y la propia cultura del país, incluso los chistes o el sentido del humor... Y todo ello condensado en líneas de entre 35 y 39 caracteres que son las que cada espectador de la XXIII edición del Certamen Internacional de Cortometrajes Ciudad de Soria tendrá que ir leyendo para seguir la trama de los filmes rodados en lenguas que no hable. Parece difícil a simple vista, pero la traductora especializada en subtitulado cinematográfico Beatriz Curieses Muñoz lleva años encargándose de traducir los cortometrajes extranjeros del Festival soriano (este año 20 en la sección oficial a concurso) y 'lidiando' con las dificultades que surgen en la traducción de cada obra. Porque, asegura, cada corto tiene sus especificidades y ajustar (la duración de los diálogos y de los subtítulos) «lleva su tiempo», comenta con sentido del humor.

A finales de octubre comenzó Curieses Muñoz el subtitulado de los cortometrajes que este año forman parte de la selección y entre los que se encuentran filmes en inglés, pero también en francés, farsi, italiano, coreano o incluso rumano. Las bases especifican que las obras extranjeras deben estar subtituladas, al menos, en inglés. Y es esta traducción la que sirve de base a la traductora del Festival para hacer la versión al castellano de lenguas minoritarias, aunque la traductora domina, además del inglés, el italiano, el griego, a la par que 'se defiende' en francés.

Su trabajo comienza con el visionado de cada cortometraje. Si es posible con la imagen limpia, «sin los subtítulos incrustados», que es lo que se suele pedir, apunta. Después de ese primer visionado para conocer el contexto, procede a la lectura del subtitulado proporcionado en inglés.

Cuando éste no está disponible, «es más difícil», asegura la traductora, que también es profesora asociada en el Campus Universitario Duques de Soria. «Muchas veces tienes que leer el guión». Afortunadamente, añade, cuenta con la ayuda de muchos amigos distribuidos en diferentes puntos del mundo que le echan una mano con aquellas lenguas que no conoce en profundidad. Y, gracias a ellos, puede resolver algunas dudas o incluso subsanar errores que detecta en las traducciones al inglés que le dan como base. Este año, le ha pasado con dos cortos. «En uno iraní me di cuenta de que había una frase que estaba mal traducida al inglés. Gracias a un amigo conseguimos averiguar que, en realidad, se decía en idioma pastún y logramos traducirlo bien. Otro caso curioso es el que me ha ocurrido con una obra de Países Bajos en la que había una frase en danés», relata Beatriz Curieses Muñoz. Pero el que este año le ha resultado más complicado traducir es el filme de animación libanés  'Peek-A-Boom'.
el espacio. Pero traducir las diferentes lenguas que se escuchan en un corto no es el mayor 'problema' al que debe enfrentarse. El 'enemigo' es el espacio, esas escasas líneas con caracteres limitados en los que deben caber los diálogos. Por ello, asegura, en los subtítulos hay que  sacrificar la exactitud primando que el diálogo sea entendible aunque no sea una traducción exhaustiva. «En algunos casos», explica, «hay que cambiar un tiempo verbal». En otros, no queda más remedio que sintetizar. El objetivo es que en ese espacio tan limitado de caracteres los diálogos sean comprensibles de cara a seguir la trama. «No puedes traducir todo lo que escuchas», asegura Curieses Muñoz.
Pero, rizando el rizo, esa 'pelea' con el limitado espacio se hace aún más difícil con otro reto: la velocidad de lectura de los espectadores, que debe tenerse muy en cuenta a la hora de insertar el subtitulado de una película. «A veces la gente no lee tan rápido como yo», insiste, por lo que tiene que acoplar y regular la permanencia de los subtítulos a este factor.

Según los últimos estudios, los hispanohablantes adultos pueden leer a una velocidad de en torno a 15 caracteres por segundo, por lo que los subtítulos deben permanecer en pantalla como mínimo seis segundos «en diálogos largos», añade. El problema es cuando los actores dialogan muy rápido y hay que acompasar también los subtítulos a su ritmo verbal. Pese a que, desde fuera, parece muy difícil casar todas cuestiones, Beatriz Curieses Muñoz señala que cada traductor tiene «su librillo» y la práctica, al final, es un grado.
El ordenador, los cascos para escuchar la onda de sonido y el programa informático 'Subtitle edit' son sus herramientas de trabajo que es, en el fondo, muy divertido.

Además, le encanta el cine y, en el caso del Certamen Internacional de Cortometrajes Ciudad de Soria es, después de comité de selección, una de las primeras personas en ver los filmes seccionados en el Festival.
Un curso de la Facultad de Traducción e Interpretación del Campus Universitario de Soria dedicado al subtitulado cinematográfico decantó a esta palentina afincada en la capital por esta especialización que, asegura, hace unos años era bastante minoritaria, y apenas se circunscribía a «los subtitulados de Televisión Española para personas con problemas auditivos», explica. Pero la aparición de las plataformas de contenidos audiovisuales tipo Netflix han incentivado la apuesta por esta traducción cinematográfica. Los tiempos han cambiado, apunta, y hay mucha gente que ahora quiere escuchar las películas o las series en versión original para disfrutar por entero de la interpretación de los actores. Aunque, señala la traductora, «hay que destacar también a los actores españoles de doblaje que hacen un trabajazo», añade Curieses Muñoz.

El doblaje ofrece más recursos para poder traducir no sólo los diálogos, sino también el contexto, el tono e incluso el humor. En el caso del subtitulado, señala, es también importante conocer bien la cultura del país para lograr hacer entendible todo eso a través de unas cuantas palabras.

Este año, destaca, en 'Georgia', se podrá conocer de una forma «muy bonita la cultura coreana». Aunque todos los filmes que le ha tocado traducir, adelanta, tienen «muy buen nivel». Hay obras que le han gustado mucho y temas que, avanza, no van a dejar indiferente al público.