Editorial

La despoblación rural o el fracaso en el diseño de un país

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Nunca hasta este 2019 el problema de la despoblación, la llamada España Vaciada (o Abandonada, como reclaman las plataformas rurales) ha estado tan presente en la agenda social. Colectivos como Teruel Existe o Soria Ya, que llevan 20 años reivindicando un futuro, han logrado multiplicarse por toda la península. Ya no son una anécdota y han crecido como champiñones por los pueblos de toda la España interior. El 31 de marzo llenaron Madrid con 100.000 personas y 90 colectivos que hicieron suyo el grito por el derecho al futuro más allá de la gran urbe capitalina o las regiones de la periferia.
De la agenda social saltó a la política. Las formaciones se aseguraron un puesto visible en aquella manifestación, que contó con destacados cargos del PSOE, PP, Podemos y Cs. El Senado aprobó ayer mismo la creación de una comisión sobre demografía que habla de acabar con una España «con ciudadanos de primera y de segunda». Y no hay contacto entre dirigentes de comunidades autónomas en la que el reto demográfico no esté sobre la mesa. Castilla-La Mancha y Aragón acordaron este martes sumar fuerzas para pedir mejor financiación autonómica como arma «indispensable» contra la despoblación
Pero hasta ahora todos los partidos llevan décadas solventando el problema con discursos huecos y sin resultados. Llueve sobre mojado. A los políticos de hoy no se les escapa que de las 21 provincias calificadas como abandonadas sale casi la tercera parte de los escaños del Congreso. El valor doble o triple de su papeleta es una de las pocas ventajas de ser un votante soriano, alcarreño o turolense.
Por eso, estos territorios a los que también se conoce como ‘Laponia española’, ya no se tragan discursos sin contenido real. Y en este otoño que parece más electoral que nunca, volverán a reclamar las mismas oportunidades que el resto del país para acceder a la sanidad, la educación, infraestructuras o servicios de todo tipo. Ya se han constituido en una coordinadora nacional que ha convocado un paro nacional de cinco minutos (4 de octubre) e incluso tienen registrada la marca España Vaciada como posible partido político.
Apenas 2,5 millones de personas (menos que la población de Madrid capital) viven en los 277.000 kilómetros (56% del territorio) de la España sin casi españoles. Esto es un drama social que va mucho más allá y afecta también a la sostenibilidad del territorio o la defensa del medio ambiente. Urgen propuestas a largo plazo, que sorteen los habituales intereses cortoplacistas. Pactos que diseñen planes de ayuda finalistas, gestionados desde y por esos territorios, y que acaben con el tópico de que vivir en el mundo rural es un fracaso. Propuestas creíbles para revertir una realidad que algunos expertos consideran ya irreversible. 


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