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Rafael Torres

FIRMA SINDICADA

Rafael Torres

Periodista y escritor


Ongi etorri

02/12/2021

Costó tantas vidas, tantas heridas, tantas rupturas familiares, tantos estragos, tantas lágrimas, tanto horror, tantas viudas y huérfanos el terrorismo de ETA, que su desaparición (y con ella la permanente distorsión de la política y la convivencia que las acciones de la banda provocaban) debería celebrarse jubilarmente cada día. Por desgracia, no solo parece despreciarse desde algunos sectores la conquista de la paz, sino que desde ellos se saca a pasear un día sí y otro también el fantasma de aquella violencia demenciada, el espectro que el temple y la determinación de la sociedad española en su conjunto logró enterrar hace años.

Si los Ongi etorri públicos de recepción a los presos de ETA que han cumplido condena y vuelven a sus localidades tras largas penas de cárcel constituyen, para la sociedad que padeció durante décadas sus crímenes y extorsiones, un espectáculo cruel e indeseable, también la criminalización constante del partido que abjuró del apoyo a la banda terrorista y se integró plenamente en la vía pacífica de la política aceptando las reglas y valores de la democracia, Bildu, supone una lamentable regresión a ese pasado siniestro en que no se hablaba desde las tribunas, sino desde el odio.

Nadie dijo que la conquista de la paz, siquiera de la frágil y difícil paz que sucede a una violencia de cuarenta años, iba a salir gratis, ni que no habría que tragar una porción de sapos y culebras. Las heridas tardan en cicatrizar, pero el tiempo, solo el tiempo, no basta para ello, sino que necesitan del aire, cicatrizantes y cuidados para cerrarse, y entonces sí, el tiempo va laminando el dolor, e incluso, ojalá algún día, el propio recuerdo del dolor. Ni los Ongi etorri públicos con profusión de cánticos, vítores y banderas, ni la estigmatización constante en el ágora de la democracia, el Parlamento, de un partido legal que representa a cientos de miles de españoles, contribuyen en nada a que las heridas curen y se cierren.

Durante décadas, cuando ETA asesinaba, secuestraba y chantajeaba ante la impotencia de un país que, tras 40 años de tiranía franquista, no merecía ni podía soportar semejante castigo, se invitó a la banda, desde la izquierda y desde la derecha, a deponer las armas e integrarse en la política, reforzando la invitación con propósitos de generosidad, y ahora, cuando no solo se desterró hace mucho la bomba-lapa y el tiro en la nuca, sino que se ha consolidado la participación de todos en el juego democrático, se exhuman, desde un extremo y desde el otro, las imágenes espantables de la ferocidad. Por fortuna, los políticos, por llamarlos de algún modo, que pretenden incendiar con esa infame regresión a la sociedad española, se topan con la irreversible bienvenida, el ongi etorri, que esta dio a la paz.