UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


Los límites

21/09/2020

Supongo yo que está fuera de toda duda que un Gobierno de coalición tiene sus peculiaridades de funcionamiento, por el simple hecho de que también las tiene en su composición. Es explicable que haya tiras y aflojas, disparidades, encontronazos y tensiones. Hay que aceptarlo así. El hecho de compartir la gobernación del país no diluye la singularidad de cada uno ni elimina las diferencias; éstas, además, pueden ser de diversa naturaleza, ideológicas, programáticas, estratégicas, tácticas, estéticas y éticas. De todas esas clases, de varias o de alguna; dependerá de quiénes, cuándo, dónde, cómo y para qué. Hasta ahí todo legítimo, y comprensible, sin perjuicio de que unas veces sea más fácil explicarlo y entenderlo, y otras sea bastante más difícil.

El problema es otro. El problema, como en tantas otras cosas que admiten variedad interpretativa, es saber dónde está el límite, fijarlo con la mayor claridad posible, asumirlo y respetarlo. En el tiempo que lleva funcionando el Gobierno de coalición no han faltado episodios en que el asunto de los límites ha estado presente. También es posible que la falta de experiencia llevara a admitir que se trataba de una primera fase de prueba en la que las eventuales estridencias formaran parte de una dinámica razonable de asentamiento y engranaje. Sería cuestión de tener un poco de paciencia hasta que el límite fuese más nítido, confiando en que tal límite, con todos los matices necesarios, terminaría por expresarse en una imagen elemental de unidad, que no de uniformidad. O sea, que el Gobierno es uno, aunque diverso, que no hay dos Gobiernos en uno, y que el objetivo de la gobernación es compartido, aún desde la diversidad.

Pero esa reciente noticia de la reunión del Vicepresidente Iglesias con representantes de ERC y Bildu, en calidad de Vicepresidente, en la sede de la Vicepresidencia, y no se sabe bien si con conocimiento previo o no, si por cuenta propia, o representando al Gobierno, o con qué objetivo, si sólo presupuestario, o de más alcance, roza el límite, si no es que lo sobrepasa. Si algo resulta especialmente necesario en el trance en que estamos, lleno de complicados retos internos y externos, nacionales y europeos, es precisamente la claridad en la orientación y la seguridad en el itinerario de la política general. Justamente para eso urge ya fijar los límites y que se sepa.



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