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Rafael Monje

DE SIETE EN SIETE

Rafael Monje

Periodista


Un ministro preocupado

16/06/2021

Hubo un tiempo en el que la gran política era también cercanía, contacto con la gente, pisar la calle y el barro y, sobre todo, atender las preocupaciones reales de los ciudadanos, de los pueblos y los barrios. Algo que -y así es- se ha atribuido atávicamente a la administración más próxima: los ayuntamientos. Pero ahora esa política de mirada alta adolece de la sensibilidad de antaño y, como corderos, seguimos la estela de una agenda política que poco o nada tiene que ver con lo cotidiano, lo que de verdad importa a la población.

En este país que se mueve por pasiones y colores (ahí está el fútbol para corroborarlo) te piden una nota alta y un expediente académico intachable para cursar determinadas profesiones, pero, en cambio, puedes llegar a ser ministro sin que te reclamen siquiera un 5 raspado. Es incongruente lo mires por donde lo mires, y así nos va.

Basta ver lo que ha comentado en su cuenta de Twitter el ministro de Consumo a propósito del escandaloso récord en el precio de la luz. “Desde Unidas Podemos estamos preocupados por los precios de los suministros básicos para las familias trabajadoras” ha dicho literalmente Alberto Garzón. Como era de esperar, el aluvión de críticas en la red social no se ha hecho esperar. ¿Se habrá dado cuenta de que él mismo forma parte del Gobierno que decide al final las tarifas eléctricas? Y lo dice el mismísimo ministro de Consumo, a quien curiosamente la iluminación en el desempeño del cargo no le acompaña desde su nombramiento y su mayor mérito va a ser la desaparición de la marca política que le aupó al puesto.

Como le han recordado no pocos usuarios en esa misma red, a él le corresponde, como titular de la cartera de Consumo, estar “ocupado y no preocupado” de los prohibitivos precios de un bien básico como es la luz. Este sí es un asunto de Estado que requiere valentía para frenar la ignominiosa escalada de las tarifas eléctricas y regular su accesibilidad sin vaciar los bolsillos de muchos consumidores. El suyo, seguramente, no sea el caso que nos ocupa.