San Caprasio, un lugar enigmático

Ana Pilar Latorre
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La oscuridad y el mito sobrecogen cuando se accede a la ermita dedicada a este extraño santo, en relación con el nombre del pueblo y la representación del diablo. El Consistorio avanza en su restauración

San Caprasio, un lugar emblemático

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Ermita de Suellacabras dedicada a San Capracio

En Suellacabras se ubica la misteriosa ermita de SanCapracio (o SanCaprasio), un nombre ya enigmático, que en griego antiguo es ‘luz del alba’; un significado similar al de Lucifer, que es ‘portador de luz’ en latín. En itinerarios antiguos y libros incunables el nombre figuraba abreviado como San Cabras, San Cabra o San Capra, lo que se relaciona con el politeísmo, con un antiguo Dios pagano al que rindieron culto tribus pastoriles de reses caprinas; o incluso con lo demoníaco, ya que la iconografía ha representado siempre a Satán como un macho cabrío (cuernos, pezuñas, gran cabeza...). 
De un lugareño nos llegó el comentario de que «en Suellacabras se encuentra, junto al río Alhama, la única ermita de Soria [hubo otra en Lería] dedicada al diablo». Y se cuenta que hace años en este templo -abandonado en los años 60 y en proceso de restauración por parte del Ayuntamiento, su propietario- se celebraban misas negras y ritos demoníacos. A ello se suman las misteriosas leyendas sobre el origen de la ermita de tan curiosa advocación y del propio nombre del pueblo. Son muchos los autores o investigadores sorianos que han abordado el tema, como Fracisco Zamora Lucas, Antonio Ruiz, Fernando Sánchez Dragó, Alberto Arribas, Eliseo Lafuente Vellosillo y Octavio Puche (los dos últimos vecino y allegado al pueblo, respectivamente).
Vayamos ya a las leyendas. Una de ellas dice que San Caprasio de Agen era un eremita griego a quien el Diablo tentó para que pecara con una bella y joven pastora que se cruzó en su camino. Así lo hizo y Dios le condenó a vagar por el mundo hasta que encontrara un lugar bucólico semejante al que cometió el pecado para levantar un monasterio y redimirse. El paraje lo halló en Suellacabras. Por otro lado, también se llega a decir que éste santo idolatraba al propio Satán. Aquí ya vemos la confusión entre los San Capracios (de Lerins y Agen), porque la imagen de San Capracio que se guarda en la iglesia de la Virgen de la Blanca de la localidad lo representa como un obispo y el de Agen fue mártir, por lo que se trataría del de Lerins. En los propios documentos de contabilidad de la ermita hay confusión entre estos dos santos, algo que antes ocurría frecuentemente, según cuentan los propios investigadores.
San Caprasio, un lugar emblemáticoSan Caprasio, un lugar emblemáticose cuenta que... Otra leyenda dice que el apóstol Santiago, en su recorrido hacia Aragón, donde se le aparecía la Virgen María, por tierras castellanas, concretamente en las estribaciones de la Sierra del Almuerzo, por donde merodeaba el demonio, comenzó a ser perseguido por un monstruo, un espantoso dragón. «Por más que Santiago aguijoneaba su montura, hasta cubrir de carmín sus flancos níveos a golpe de espuela, la quimera no cejaba en su carrera.En este difícil trance divisa Santiago una tranquilizadora silueta: el cenobio de Capra recortándose en el horizonte. Dirige hacia allí el galope de su corcel. Al llegar el caballo a la puerta golpea nerviosamente la madera. Allí quedaba grabada la impronta del noble animal. Abre Caprasio prestamente la cancela y penetran como un rayo en tromba Santo y montura. Afuera quedaba chasqueada la maligna figura. Dice la leyenda que este dragón no era otro que el maligno, el ángel caído, Lucifer», recogen los autores. Se dijo que si se visitaba el lugar podían encontrarse en la puerta y en el suelo de la ermita las huellas del caballo. Y se cuenta que si las mozas casaderas pisan una de las piedras del suelo de la ermita, encontrarán novio. 
Ya hemos visto que hay dos San Caprasios, ambos franceses, y que hay confusión entre ellos. En el santoral cristiano se habla de San Caprasio de Agen o Mártir, cuya festividad es el 20 de octubre, y el San Caprasio de Lérins o Abad (en la inscripción de la ermita de Suellacabras), que se celebra el 1 de julio. El primero fue sacerdote francés de la época de las persecuciones a a los cristianos del emperador romano Diocleciano, por lo que se refugió en una cueva y, posteriormente, se entregó al martirio, como padeció su paisana Santa Fe, para fallecer el 20 de octubre del año 303. El segundo fue un santo francés del siglo V que hizo vida de anacoreta y que peregrinó a Tierra Santa y viajó a Grecia para predicar el evangelio, fundando un monasterio. Murió el 1 de junio del año 430. Serían la historia oficial de ambos santos del mismo nombre que se suelen confundir.
Además de la ermita de Suellacabras, hubo otra en Lería, en Tierras Altas y en Yanguas hay un barranco con cascada denominado San Cabras, que se puede conocer en una ruta de senderismo de escasa dificultad. También hay templos con esta advocación en Aragón, La Rioja y Burgos, por ejemplo, y es muy popular la iglesia románica (siglo XI) de San Capracio de Santa Cruz de la Serós, en la zona monegrina de Huesca, con la declaración de BIC. En Aragón, la leyenda dice que San Caprasio cuidaba ganado de cabras en la sierra de Guara hasta que un día decidió hacerse monje. Cogió su cayado y lo lanzó tan lejos como pudo, hasta la sierra de Alcubierre, y en el sitio donde cayó el bastón surgió una fuente. Allí construyó una ermita, en una zona de plantas medicinales, de selenita (cristales de yeso) y aire puro, lo que le ayudó a apaciguar su espíritu en su retiro personal. Estos templos y leyendas están estrechamente relacionados con el Camino de Santiago y sus derivaciones, con la permanencia de cultos de la época visigoda en zonas con escasa o nula presencia musulmana, según explican los investigadores.
Por otro lado, hay dudas sobre qué dio nombre a qué, si se edificó el poblado alrededor o en las proximidades del Cenobio de Capra o si el pueblo erigió en su nombre una ermita en la Edad Media en consonancia con la actividad más corriente de sus habitantes. Puede que ambos nombres -Capra y Suellacabras- se remonten a un origen común: una divinidad precristiana objeto de culto por parte de los pueblos ganaderos de cabras. Algunos apuntan que es «sintomático» que la Iglesia católica «dejara derruirse el cenobio cuando el culto popular decayó». «Como lo es que haya manifestado cierta inquietud frente a las investigaciones, hasta el punto de sustraer al interés público la imagen de San Caprasio», añaden.
Sobre le nombre del pueblo, se ha dicho incluso que viene de Fuelle de Cabras, por la crudeza de los vientos que lo fustigan; pero la creencia general es que se les puso el nombre por la iglesia dedicada a San Cabras, «edificada en lo alto y el pueblo en lo bajo» y de So-Cabras, que quiere decir  «debaxo de San Cabras». Es una idea del maestro Esquivel, geógrafo de Felipe II, que dijo que San Cabras es el que da nombre al pueblo y la razón que tenga el culto y veneración que le guardan, todavía hoy, sus habitantes. 
en la ermita... Merece la pena visitar San Caprasio, a 26 kilómetros de Soria, que dicen que parece más un cenobio que una ermita rural. Se puede llegar a pie o andando desde Suellacabras, ya que está a un kilómetro desde un camino -aún sin señalizar- que se toma a la entrada desde Narros a mano izquierda. Entra al templo sobrecoge, por la oscuridad, la leyenda... En estos días se puede admirar este enclave misterioso a la par que sorprendente, ya con la vistosidad que proporcionan los ocres del otoño al paisaje, junto al puente romano sobre el río Alhama, el molino abandonado que todavía muestra sus entrañas y el pozo del tío Silvino, una zona ocasional de baño en verano. Por allí, también junto al antiguo molino y el puente romano sobre el río Alhama, pasan rutas de senderismo, una hacia Magaña de 9 kilómetros y otra por los alrededores de la localidad.
Tras ver las imágenes del templo, en ruinas desde los años 60, en el libro Suellacabras, de Eliseo Lafuente Vellosillo, comprobamos que el Ayuntamiento ha realizado ya varias actuaciones y que, aunque mantiene ese halo de misterio con el inmueble inundado por la vegetación, podría decirse que ya no es tan aterrador. «Hemos restaurado el ábside y la espadaña y hemos instalado una cubierta de madera», comenta la alcaldesa, Felicidad Gómez Lafuente, destacando que al tejado se han destinado 45.000 euros y que se ha contado con apoyo de la Junta de Castilla yLeón y del grupo de acción local Proynerso. El siguiente paso es colocar la puerta, que «ya está fabricada», lo que implicará que se mantenga cerrada y, de esta manera, más cuidada, evitando la ‘entrada libre’. Después llegará la restauración de las pinturas barrocas y eliminar las pintadas (fechas, nombres, un ‘Te kiero’ junto a un corazón...), porque ni San Capras se escapa de estos actos vandálicos contra el patrimonio, así como adecuar el entorno, aunque la majada en ruinas colindante no es de propiedad municipal. 
Un cartel junto al camino indica que la presencia de canecillos de cuarto de bocel en el ábside parece apuntar a su adscripción al Románico del siglo XIII. «La advocación de la ermita a San Capras es, según algunos investigadores, el origen del nombre  de Suellacabras, pues este sería el dado al antiguo pueblo situado a los pies de la ermita ‘so capras’», añade el cartel informativo. Es un templo de nave única y de planta rectangular de orientación canónica con capilla mayor (tramo presbiteral cuadrado cubierto por cañón apuntado), muros de la nave en mampostería, espadaña vacía, ábside semicircular de aspecto románico levantado en sillarejo y con interior de bóveda de horno que conserva parcialmente pinturas de la época barroca y los canecillos externos del alero. Se abría a la nave a través de un arco de medio punto. En el interior, destaca su pavimento con lajas de piedra dispuestos radialmente desarrollando figuras geométricas. En el pórtico hay un laberinto del que un cartel dice que «un símbolo de defensa que anuncia la presencia de algo sagrado y solo permite el paso a los que conocen el camino, los iniciados». En la ermita hay tres inscripciones: una hecha en piedra que podría ser del siglo XVIII, cuando se construyó el porche de acceso; una en el interior del claustro con el nombre y una herradura (referencia a la leyenda del apóstol Santiago) y una moderna con placa metálica de letras blancas sobre fondo azul esmaltado. 
La alcaldesa hace referencia a otras ermitas del mismo nombre y a las muchas leyendas en torno a la ermita local y al pueblo, recordando que la imagen del santo está en la ermita de la Blanca y que se puede ver. Recuerda que hubo un convento de montes ante la ermita, cuyas ruinas también se pueden contemplar, y que un santero cuidaba la ermita hace muchos años. «Todavía no hemos encontrado la piedra que se pisaba para tener pareja...», bromea la alcaldesa, destacando que las intervenciones de restauración se van realizando poco a poco, al tratarse de una localidad pequeña. El camino a San Caprasio es un lugar de paseo habitual en Suellacabras, sobre todo en esta época, porque está al abrigo del río y es muy cómodo. El pueblo volverá a celebrar la festividad de San Caprasio, que la asociación de Amigos de Suellacabras recuperó hace tres años para que fuera motivo de encuentro recién entrado el otoño. Aunque es el 20 de octubre, se ha celebrado otros años en el Pilar pero este año al no ser puente se ha trasladado a los Santos. «Haremos una ruta de senderismo por el paseo, un vermut  y una comida de hermandad, actividades infantiles, cartas, frontón, picoteo y música...», añade Felicidad Gómez Lafuente. La alcaldesa reconoce que el Ayuntamiento no se ha planteado todavía que la localidad forme parte del Festival de las Ánimas, que se extiende con actos por toda la provincia. Aunque teniendo material como éste, tanto la historia como el escenario, debería planteárselo.