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Moneda falsificada en época visigoda hallada en Iruecha

M.Arlegui
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Valor establecido de modo convencional que representa la riqueza de un estado

Moneda falsificada en época visigoda hallada en Iruecha

Esta moneda, hallada de manera casual en el término municipal de Iruecha, en una escorrentía junto a una hebilla visigoda, nos remite a un tiempo visigodo de aparente calma. Leovigildo, rey desde el año 568 d.C. hasta el 586 d.C., padre de Recaredo I (rey entre el 586 d.C. y el 601 d.C.) estableció una serie de leyes para normalizar la acuñación de moneda, el uso que se les podía dar, estableciendo actos punitivos en el caso de acuñar monedas en materiales no concordantes a su valor, raspar monedas para conseguir metal precioso, tintarlas o acuñar moneda en número mayor que el ordenado, devaluando la circulación. Obviamente la moneda, un valor establecido de modo convencional que representa la riqueza de un estado, fue un paso firme para regularizar la economía a través del control de su valor circulante. Sin embargo como ya ocurrió con anterioridad, las monedas fueron, en ocasiones, falsificadas. 

El análisis visual de la moneda de Iruecha es complejo puesto que la pérdida de materia ha hecho que desaparezcan rasgos importantes. En la cara o anverso puede verse al rey de frente con el paludamentum, capa usada por los comandantes militares en la Roma Imperial, aparentemente del revés, sujeta con un broche. La leyenda, algo dudosa por su mala conservación, es RECCVEDVS RE, es decir, Recaredo rey.

En el reverso de la moneda una cruz orlada con un arco superior indica una regalía por la cual el Obispo de la provincia podía emitir moneda, permiso que solo podía ser concedido por el rey. Debe recordare que Recaredo autorizó al Obispo de Tarragona la emisión de moneda pues pretendía que esta ciudad además de un centro religioso lo fuera también del poder político.

Como leyenda debería haberse inscrito TARR:CONAIV:T haciendo referencia a Tarraco ciudad en la que se llevaría a cabo la acuñación, sin embargo, en su lugar se lee TARCO:NVCA, no correspondiendo a la acuñación reglamentada ni a ningún ejemplar de los conocidos actualmente. 

La incorrecta denominación de la ceca y las incoherencias en las leyendas del cuño hicieron sospechar acerca de la legitimidad de la moneda y provocaron un análisis más profundo: la moneda fue realizada en bronce, aleación de cobre con estaño con una proporción de cobre, en este caso, de entre un 75% y un 95%. En ciertos puntos, junto al óxido verde propio de este metal, se pueden observar minúsculos restos de oro apenas perceptibles. Esto implica que la moneda, con alma de bronce cuproso, fue forrada con oro, falsificando su valor. Le añade complejidad al análisis el desconocer si el metal interior es el resultado de refundir otro objeto. Por todo ello creemos se trata de una falsificación de época.

La técnica para conseguir el forrado de la moneda era ya antigua y, sin duda, conocida por los orfebres de época visigoda: consiste en hacer la soldadura del oro a un bronce con alto contenido en cobre con sales de cobre aplicadas con un pegamento orgánico.  Al introducirlo en el horno y alcanzar 890ºC el cobre metálico se mezcla con el oro en la zona de contacto, dejando una soldadura sin marcas visibles y muy difícil de identificar. 

Las preguntas que provoca la moneda son muchas: ¿en qué momento se puso en circulación?, ¿por qué el orfebre la acuñó en cobre y la forró de oro, sabiendo que el castigo, si era identificado, sería la amputación de su mano derecha?, ¿la iniciativa de la falsificación fue del metalista o fue el mandato de una persona poderosa de la zona, obispo o noble?, ¿cómo se consiguió poner en circulación, al ser un valor tan elevado pues simulaba ser de oro?, ¿no era posible advertir la falsificación por el sonido o por el peso?  En cualquier caso, la pieza estuvo en circulación y el fraude no parece que fuera descubierto.

Como es sabido los visigodos se apoderaron de Hispania alrededor del año 409 d.C. y su reino pervivió hasta la conquista musulmana en el 711 d.C. La decadencia del imperio romano facilitó este hecho; los visigodos, de muchas maneras ya romanizados, se apoyaron en la estructura romana territorial si bien podemos considerar que fue un estado fallido: las estructuras políticas nunca acabaron de definirse para ser estables, el sistema sucesorio era muy frágil obteniéndose a veces el trono con violencia, el poder político estaba muy fragmentado, no existió un ejército profesional y el poblamiento, fuera de la capital y las grandes ciudades visigodas, estaba poco articulado.

 La emisión y la circulación de moneda fue testigo de todo ello. Inicialmente respondieron a la herencia del mundo romano siendo distintas ciudades las que tenían capacidad de emitir moneda siempre desde el control político. Así, las monedas señalaban el poder y la riqueza que cada ciudad poseía. En el reinado de  Leovigildo se publicó De Falsariis metallorum recogido en el título VI, del libro VII de la Lex Visigothorum, ordenándose que sería el Estado quien tendría, en exclusiva, la potestad de acuñar moneda, al menos en oro.

Parte de esta regulación se inspiró en Lex Cornelia testamentaria nummaria de época de Sila, conocida gracias al Digesto de Justiniano, especialmente en lo concerniente a la condena por causar daño a la moneda, su tintado, y otras mermas de metal que sufrían las monedas. Sin embargo se conocen falsificaciones visigodas, también romanas, que circularon sin dificultad sin duda debido a la primera indefinición de la legislación visigoda y, cuando esta se produjo, por la fragilidad de los controles visigodos y la relativa autarquía en que vivían algunos territorios. Debemos sospechar que esta falsificación fuera encargada por algún personaje poderoso con capacidad para disponer de monedas de oro sin llamar la atención de las autoridades y con la posibilidad de ponerlas en circulación. La identificación con un obispado podría dirigir la sospecha hacia él o podríamos pensar en una estratagema para hacer más difícil la identificación del infractor.