Editorial

La salida de Rivera y las opciones de Gobierno

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La noche electoral se podía intuir. Las palabras de Albert Rivera tras la debacle que había sufrido Ciudadanos en las urnas, con la pérdida de 47 diputados y más de dos millones y medio de votos, hacían presagiar su salida. Pero no fue hasta ayer a media mañana cuando se confirmaron los pronósticos. El hasta entonces líder de la formación liberal anunciaba no sólo su dimisión al frente del partido, sino su abandono de la actividad política. Asumiendo todas las responsabilidad y visiblemente emocionado, el político catalán se echaba a un lado por, como aseguró él mismo, «el bien del proyecto» y, sobre todo, para dedicar más tiempo a los suyos. Con su salida ejemplar se va un político de altura, que trajo aire fresco y que llegó a ser considerado por muchos como presidenciable, con un gran sentido de Estado y uno de los que primero alzaron la voz, hace ya 13 años, contra el secesionismo catalán. La dirección debe convocar ahora un congreso extraordinario en el que se elegirá al sucesor de Rivera y muchas son las voces que apuntan a Inés Arrimadas como la mejor colocada. 
La crisis de Ciudadanos complica todavía más la formación de un Gobierno, donde parece que la gran coalición pierde fuerza. El PSOE ya ha advertido que su plan no pasa por pactar con el PP y los de Casado han dejado entrever que sólo si Sánchez no es el candidato podrían abstenerse. La aritmética es tozuda y los socialistas, aunque lo nieguen por activa y por pasiva, necesitan de una u otra forma a los independentistas para superar la investidura. El problema no es que no la pueda superar, que también, lo que llevaría a unas terceras elecciones, sino la escasa estabilidad que tendría un Gobierno conformado por una amalgama de grupos políticos, sin apenas margen de maniobra y con una oposición que le va a marcar de cerca.
Desde Ferraz se ha apuntado a la posibilidad de alcanzar un acuerdo con Podemos, que ya ha dejado claras sus proporcionales exigencias, y Ciudadanos, pero no parece que estos últimos, con la crisis interna que deben afrontar, puedan servir ahora de convidado de piedra para un Sánchez que es uno de los culpables de su batacazo electoral.
La patronal -CEOE- ya ha sugerido que PP y PSOE se junten para tratar de alcanzar un pacto. Desde Europa también la gran coalición se ve como la mejor opción, pero Ferraz ha cerrado una puerta que el PP podía haber atravesado si llega a estar abierta. Sin embargo, la fuerte irrupción de Vox puede provocar el efecto contrario y que ahora sea Génova quien tampoco esté dispuesto a desbloquear un panorama que es todavía más incierto que antes de que los españoles acudieran a las urnas.



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