Editorial

La economía europea requiere estímulos y estabilidad política

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Parece que no estamos en la senda de lo correcto cuando Europa está de forma proactiva tomando medidas de choque frente a una hipotética recesión económica, y nuestro país se enroca en la inestabilidad y la incertidumbre que impone un gobierno en funciones, especialmente ahora que tenemos la mirada puesta en unas más que previsibles elecciones generales para el próximo 10 de noviembre, y que probablemente deje un escenario postelectoral tan incierto como el actual.

Los estímulos aprobados por el Banco Central Europeo, en una de las últimas decisiones tomadas por Mario Draghi antes de dejar su puesto a principios de noviembre a Christine Lagarde, como no tocar el precio oficial del dinero garantizado que permanecerá en el 0%, –eso si no se llega a situar en el espectro negativo–, o la compra de bonos por valor de 20.000 millones de euros mensuales mientras sea necesario a partir de noviembre, son muestras de que la economía europea está amenazada por la ralentización, y que estamos ante un momento crucial de toma de decisiones para encauzar lo que se puede calificar, por el momento, como un enfriamiento de la situación económica actual.

Pero con un gobierno en funciones, la capacidad de maniobra queda muy limitada, y esto parece que se alarga. Paradójicamente, ahora que hace falta impulsar la circulación del dinero –aunque la política monetaria apenas tiene capacidad para empujar a la economía hacia la salvaguarda–, y recuperar la inversión pública para generar actividad allí donde sea posible, siempre y cuando las finanzas estén saneadas.

Lo que hace falta ahora es llevar a cabo políticas afines a este relanzamiento de la economía, y no las que pueden venir condicionadas por el escenario electoral. Ya tenemos la experiencia de cuál puede ser el resultado de reforzar una candidatura electoral aprobando más gasto social para contentar a posibles socios de gobierno o al electorado, derrochando el capital del país en un escenario de incertidumbre.

En estos tiempos, las decisiones internacionales tienen más influencia que nunca en las situaciones nacionales. Y, por eso, el gigante europeo ha decidido actuar ante la que se viene encima, propiciado en parte por la guerra comercial entre Estados Unidos y China, o la confusión que genera la incertidumbre alrededor del Brexit, o los vaivenes de la potente industria del automóvil ante la falta de políticas sugerentes para empujar un sector que no sale del sobresalto.

El nuevo ciclo económico requiere de unidad de acción, y medidas de aliento. Mirar hacia otro lado ha de ser considerado como una actitud de irresponsabilidad.



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