PREDICANDO EN EL DESIERTO

Fernando González Ferreras

Catedrático


'Rural Proofing'

06/03/2021

La despoblación de la España interior es un problema que ha ocasionado la muerte de muchos pueblos. Se ha hablado mucho sobre este problema y se han celebrado muchas reuniones. Se han presentado numerosos planes que han tenido muy poca incidencia para resolver el problema. El Senado aprobó 15 medidas contra la despoblación. La FEMP señaló tres áreas de actuación para luchar contra el problema: fomento de la inversión, mejora de la calidad de vida y creación de empleo. La Diputación provincial presentó un proyecto, el ITI (Unidad de inversión territorial integrada) para promover el desarrollo tecnológico y la innovación. Muchas ideas con pocos resultados. 
Presura, la 1ª Feria para la repoblación de la España vacía fue un paso adelante. Intentó promover la repoblación de la zonas escasamente pobladas dando visibilidad a sus recursos endógenos y a las oportunidades que existen para poner en marcha proyectos y emprendimientos sostenibles conectando a las personas que quieran desarrollar su proyecto de vida en el mundo rural con las personas que pueden ayudar a hacerlo realidad. También quiero destacar las conclusiones del II Congreso Think Europe en el que se destacaron los valores de las ciudades intermedias y propuso poner a los vecinos en el centro de atención de la acción pública para propiciar el desarrollo sostenible («desarrollo para todos y para siempre»).
Ahora, el Hueco, liderado por Joaquín Alcalde, lanza la metodología ‘Rural proofing’ o Mecanismo rural de garantía para «obtener resultados para los ciudadanos de nuestro medio rural». Consiste en evaluar el impacto que puede tener en el medio rural toda ley que aprueben los órganos legislativos de los Estados, en especial aquellos en los que el problema de la despoblación sea más acuciante. Para ello se ha renovado el G100 con 50 hombres y 50 mujeres de diversas especialidades y residentes en diferentes lugares, divididos en 15 áreas estratégicas, que utilizarán la creación colectiva y el trabajo colaborativo para revisar que la legislación no sea lesiva para los intereses de la España poco poblada. Demasiadas veces se olvida la ‘variable de escala’: no siempre lo que es imprescindible para las grandes ciudades es lo idóneo para los pequeños núcleos de población.
Me gusta esta metodología. He padecido reuniones poco eficaces en las que me he acordado de un cómico, Fred Allen, que escribió que «una comisión es una reunión de gente importante que individualmente no pueden hacer nada, pero que juntos pueden decidir igualmente que nada se puede hacer». También he observado que la creatividad de una reunión suele estar en razón inversa al número de corbatas, que la valentía de las decisiones es inversa al número de altos cargos presentes -la alergia del instalado a tomar decisiones- y que un problema, incluso sencillo, puede complicarse sin más que aumentar el número de reuniones (la parálisis por análisis).
El G100 será útil en la medida en que las administraciones atiendan sus recomendaciones. Tomar decisiones correctas sigue siendo responsabilidad de los cargos electos y no deberían olvidar la necesidad de implicar a las personas en las decisiones que les afectan directamente. Lo que somos hoy es consecuencia directa de las decisiones que se tomaron en el pasado; lo que seamos mañana será consecuencia de las decisiones de hoy. Esperemos que los resultados del trabajo del G100 sean atendidos por el bien de todos.



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