Sonidos celtíberos

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El yacimiento de Numancia descubre numerosos instrumentos musicales

Sonidos celtíberos

La música forma parte de la cultura y de la vida cotidiana desde fases muy tempranas de la historia del hombre. Su uso ha sido lúdico en ocasiones pero también fue y es utilizada con significados y finalidades religiosas, políticas y bélicas. 
El yacimiento de Numancia ha deparado un número elevado de instrumentos musicales, del tipo conocido como trompas o trompetas que son conocidas también en otros yacimientos  celtibéricos pero en menor número y variantes tipológicas. Investigaciones recientes han estudiado el modo en que se elaboraban, los sonidos que podían extraerse de ellas y sugerir sus funciones y usos. La tesis doctoral de R. Jiménez Pasalodos permitió realizar una exposición temporal en el Museo Numantino, el año 2017, tratando monográficamente el importante tema de los sonidos celtibéricos. En ella se mostraron cencerros de distintos tipos que producían sonidos para la localización del ganado, silbatos o reclamos, sonajeros… cuyos sonidos tenían una función no musical. También se mostraron en ella instrumentos musicales como flautas y un posible arrabel, este último procedente del yacimiento celtibérico de Izana.
Las trompetas de Numancia son aerófonos de boquilla, ultracirculares, conocidos como labrosones. Todas las trompas cerámicas se componen de boquilla, tubo y campana. Esta, en ocasiones, adopta un remate zoomorfo de un modo que podría recordar a las bocas de los carnyx celtas, aunque estos últimos siempre fueron realizados en metal, con tubo recto y largo y se soplaban con el instrumento situado verticalmente. 
Sabemos que dichas trompas se usaban para señalar en el campo de batalla las distintas maniobras del ejército. También se utilizaron para producir señales de aviso de peligro. 
Otro uso del que hablan las fuentes romanas es producir tumulto y confusión en el campo de batalla: cierto número de estos labrosones tocados a destiempo producirían una serie de sonidos que mezclados con el propio sonido de la batalla, producirían desorientación. También pudieron utilizarse por la guardia en las murallas como aviso de peligro.
Con anterioridad a la investigación citada se consideraba que su uso era, sin duda, provocar una sonoridad y aunque se sospechaba de la musicalidad, no había certezas suficientes sobre que, con estas trompetas ultracirculares, se pudiera crear música.
Los sonidos se producen mediante la vibración de los propios labios del intérprete al apoyarse contra la boquilla del instrumento ejerciendo distintas presiones contra ella. Básicamente es la misma técnica mediante la cual se toca la trompeta pero sin las válvulas que facilitan algunas notas. La investigación, en un estudio experimental con réplicas exactas, comprobó que la cerámica transmite y absorbe el sonido de forma similar al metal. En las réplicas se interpretaron distintos sonidos, obteniendo notas musicales de la escala diatónica, que es la más familiar y extendida. Anecdóticamente añadiremos que se interpretaron piezas musicales como el patio de mi casa, elegida por su armonía, si bien no pudo finalizarse por la dificultad debida a las limitaciones de la tecnología musical de la trompa reproducida. 
Las trompas celtibéricas fueron realizadas con gran precisión artesanal cuidando especialmente la cocción que haría que la sonoridad de la trompa fuera la adecuada. La mayor parte de ellas se decoraron dibujando con color negro mineral, motivos geométricos, signos o símbolos, que no solo las embellecían y distinguían sino que además, tal vez, tuvieran la intención de incentivar el valor o propiciar la suerte en la batalla. La boca dentada simulando un animal representa bien el temor que querían causar con su sonido.