SIN RED

Loli Escribano

Periodista


Compañero de mimos

20/11/2020

Yo quiero ser como los belgas. Yo también quiero un  ‘knuffelcontact’ o ‘compañero de mimos’. El Gobierno de Bélgica pretende que sus habitantes afronten el nuevo confinamiento lo mejor posible de tal manera que todo el mundo puede tener un ‘knuffelcontact’. Además, los solteros o las personas que vivan solas pueden tener dos, pero, ojo, no pueden recibirles a la vez, deben ir de uno en uno. Cada ciudadano puede designar a su ‘compañero de mimos’ para que le visite en casa pese al confinamiento. Eso sí, no se puede cambiar y siempre debe ser la misma persona. El Gobierno belga lo plantea como una ayuda fundamental para mantener la salud mental de los confinados en este segundo período de encierro que comenzó el 1 de noviembre y se alargará hasta el 13 de diciembre. Ay, ¡yo quiero un ‘knuffelcontact’, señor Sánchez! Claro que te pones a pensar y ¿a quién eliges? Seleccionar a una persona que dé mimos como Dios manda, dos en mi caso, tiene su complejidad. Si yerras en la designación, las consecuencias pueden ser nefastas e irreversibles. ¿Cualquiera está capacitado para dar mimos en un confinamiento? Yo creo que no. Que me vienen a la memoria secuencias de algunos políticos en diversas comparecencias y un escalofrío me recorre la columna vertebral. No. Esos políticos y políticas no pueden ser compañeros de mimos, porque en vez de ayudarte a mantener la salud mental pueden perjudicarla seriamente con sus gritos y su calamitosa sintaxis. Lo más dulce que han visto ha sido un capítulo de Heidi. A tirar de agenda de teléfono. O de amigos de las redes sociales.
En unos años, cuando los hijos pregunten a sus padres dónde se conocieron, ya no contestarán en las fiestas del pueblo o en la clase de inglés. En unas décadas explicarán a sus vástagos que se conocieron en Tinder o Facebook o el destino hizo que fueran compañeros de mimos. Ay, señor Sánchez, ¡pónganos un ‘knuffelcontact’!, como el de los belgas. Aunque nosotros no estamos confinados, los protocolos higiénico sanitarios nos condicionan la vida social de tal manera a los que vivimos solos que se nos va a olvidar cómo se abraza, cómo se besa y cómo se acaricia. Y mientras nuestro compañero de mimos nos mime, podremos, por unos instantes, escapar de esa soledad en la que nos hemos vuelto expertos en dar vueltas a la cabeza. Con su compañía y sus mimos, podremos dejar de abrumarnos con la preocupación de si cenar en Nochebuena por Zoom o boicotear la Navidad. Olvidar la discusión virtual con secuaces enviados por cobardes que se parapetan esperando tu fracaso. Podremos reírnos de que te todos los días te das cuenta en el portal de que te has dejado la mascarilla y vuelta a subir. Señor Sánchez, por nuestra salud mental, ¡pónganos un ‘knuffelcontact’!



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