UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


Lo mínimo

01/06/2020

Vistas las cosas objetivamente, y más allá de donde estén las libres y legítimas preferencias de cada uno, creo que hay una amplia coincidencia ciudadana en que el ambiente político está alcanzando niveles preocupantes de virulencia. Cada debate parlamentario en el que se cruzan intervenciones de un lado y otro, pero incluso en declaraciones dirigidas al público en general, la agresividad oral y gestual ha crecido de forma galopante. Por supuesto, hay quienes dominan con maestría el tono provocador y ofensivo; siempre hay algunos a los que precisamente se encarga esa tarea porque están mejor dotados para ello y se les reconoce enseguida. Cualquier observador pondría de corrido ocho o diez nombres en una lista, y estoy seguro de que coincidiríamos en la mayor parte. No es un fenómeno nuevo y con frecuencia se piensa que forma parte de la escena, sin más; o que la política es así.

Pero la situación actual tiene unas características muy particulares; señalo tres que me parecen más evidentes: la agresividad no es sólo la tarea encargada a unos pocos profesionales de la crispación, con el fin de agitar un poco el ambiente y llamar la atención; es el tono general del debate político; todo ello ocurre en un contexto de especial sensibilidad social por la experiencia colectiva que estamos pasando, con una sensación de preocupación y miedo en la ciudadanía, que contempla el espectáculo con creciente desasosiego; y, quizá lo peor, en un entorno tan comunicado, donde la mayoría de la gente puede transmitir su opinión, o su reacción, en tiempo real y a un número ilimitado de destinatarios, el peligro de que la virulencia descienda de la política a la sociedad, e impregne las relaciones entre las personas, es desgraciadamente real y estamos viendo manifestaciones de esta deriva ya con cierta frecuencia.

Algo hay que hacer antes de que la convivencia se resienta; porque este empieza a ser el riesgo. Tal vez a los extremos sea más difícil pedirles templanza y cordura. Pero en la vida política española, por suerte, permanecen dos formaciones políticas principales, PSOE y PP, que han tenido la responsabilidad de gobernar y tienen que tener también la parte más sustancial de la tarea de preservar la paz social, incluso por encima de los demás grupos. No será bueno que en lo demás no lleguen a acuerdos, pero es imprescindible que compartan lo mínimo, que no es otra cosa que el respeto y la convivencia.



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