Almazán en otoño, el momento de la micología

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La villa y su entorno siguen siendo punto de referencia para los aficionados a recolectar diferentes especies

Alamzán en otoño, el momento de la micología

La llegada del otoño hace que cada año uno de los atractivos turísticos de Almazán, como es su privilegiado entorno natural, cobre un especial protagonismo. Por tradición, la villa y sus alrededores vuelven a ser en estas fechas punto de encuentro para muchos aficionados a la micología, locales y foráneos, que se desplazan hasta los diferentes hábitats en busca de las especies más apreciadas. Hay que tener en cuenta que en cada uno de esos espacios, desde los eriales, pinares, encinares o robledales, hasta los bosques de ribera, se pueden encontrar variedades distintas.

Al tratarse de una afición condicionada especialmente por la meteorología, cada año puede variar la temporada dependiendo de las zonas. “Aquí lo que mandan son las lluvias y las temperaturas”, recuerdan los recolectores más avezados, señalando que lo ideal es “que llueva cuando tiene que llover y que no llegue a helar. Cuando se juntan esas dos circunstancias nos encontramos con unas condiciones óptimas, como está ocurriendo estos días.”.

Esa dependencia de la meteorología ha hecho que este año, por ejemplo, la temporada de recolección de níscalos, una de las especies más buscadas y apreciadas, se haya retrasado en la zona de Almazán hasta hace apenas un par de semanas. “En otras zonas de la provincia de Soria llevan ya más tiempo cogiéndolos, pero aquí, en los alrededores de Almazán, se han hecho de rogar. Ahora ya han salido más y se pueden encontrar por todas partes”, reconocen los recolectores locales refiriéndose a una especie que en la villa se conoce con el peculiar nombre de ‘nícolas’.

Campaña excepcional

Incidiendo en este aspecto, señalan que, en términos generales, “si el tiempo acompaña, como parece que puede ocurrir si las temperaturas nocturnas se mantienen, y la temporada se alarga todavía unas semanas, estaríamos hablando de que al final va a ser una campaña excepcional”.

Otro dato que apunta en esa misma dirección es que, pese a las limitaciones impuestas este año por la actual situación sanitaria provocada por la pandemia del Covid-19, y los problemas que se están encontrando muchos aficionados de provincias limítrofes a la hora de desplazarse hasta la zona, el interés por la micología no ha decaído esta temporada. Un hecho que lo corrobora es que en el Consistorio adnamantino durante estas últimas semanas se han expedido más de 1.100 permisos de recolección.

Cabe recordar que estos permisos, ya sea en la modalidad recreativa (que da opción a recoger un máximo de cinco kilos en una jornada) o comercial (con el que se pueden recoger hasta 50 kilos y venderlos), son obligatorios para poder visitar la práctica totalidad de las zonas con potencial micológico que rodean Almazán sin arriesgarse a que los agentes medioambientales, o la Guardia Civil, impongan a los recolectores la correspondiente sanción.

Con respecto a las especies recolectables, quienes conocen bien el tema tienen claro que la mayoría de los aficionados que llegan durante estos meses hasta la villa adnamantina atraídos por la micología “vienen buscando, por norma general, dos especies: níscalos (Lactarius deliciosus) y setas de cardo (Pleurotus eryngii). Son las dos especies que la gente sabe identificar mejor y, si las condiciones meteorológicas acompañan y son favorables, suelen ser las más abundantes”.

Eso sí; quienes saben un poco más “puede encontrar también ejemplares de diferentes variedades de Agaricus, que son los champiñes; de Macrolepiota procera, que algunos llaman parasol; de Lepista nuda, o pie azul… Hay una amplia variedad de especies, pero es cierto que las coge mucha menos gente”. Entre esas otras especies figuran la Marasmius oreades, o senderilla; el Tricholoma terreum, ratón o negrilla; y alguna especie de rebozuelo, como Cantharellus lutescens y Cantharellus tubaeformis.