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Rioseco, pueblo con vida y pasado por descubrir

Ana Pilar Latorre
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La ruta de El Día de Soria por la Soria Vaciada -o abandonada, como bien dicen muchos- comienza en Rioseco de Soria en una tarde de granizo y lluvia -con 15 litros por metro cuadrado- de finales del mes de marzo

Rioseco, pueblo con vida y pasado por descubrir - Foto: Eugenio Gutierrez Martinez

La ruta de El Día de Soria por la Soria Vaciada -o abandonada, como bien dicen muchos- comienza en Rioseco de Soria en una tarde de granizo y lluvia -con 15 litros por metro cuadrado- de finales del mes de marzo. A pesar del tiempo, la visita es entrañable porque muchos de los vecinos se animan a contarnos cómo es vivir en su pueblo y las ventajas que esto supone, como la tranquilidad que allí se siente.

El alcalde, Eufemio Álvarez, que acaba de aparcar el tractor, es uno de los siete agricultores que quedan en la zona.En cuanto a ganado, solo queda un rebaño de mil ovejas, el de Toño Jiménez, que pastorea el portugués Lorenzo Piras Gonzálvez. Hay, además, una empresa de construcción y dos artesanos. Funcionarios que van y vienen y trabajadores del sector servicios completan esta radiografía productiva de la localidad, en la que hay bastantes jubilados viviendo.

El primer edil, mientras nos muestra paisaje y paisanaje, comenta que cuentan con consultorio médico a la demanda, «pero no vienen». Antes de la pandemia atendían tres días a la semana, pero ahora les mandan a El Burgo y solo está el doctor cada 15 días. El enfermero sí que va una vez a la semana. Desde que se jubiló la farmacéutica se dispone de botiquín, que pertenece al de Recuerda. 

Hace una semana hablábamos en este medio del cierre de oficinas bancarias y en esta localidad se mantiene la unidad móvil de Caja Rural, que va cada 15 días para que los vecinos puedan realizar todo tipo de gestiones. Hay red wi-fi en el pueblo y buena cobertura, por lo que ha habido gente teletrabajando, sobre todo en el confinamiento, como Esther Palomar que vive habitualmente en Barcelona.

Rioseco de Soria tiene un campo de golf rústico (hay torneos puntuables cada tres fines de semana y los socios se acercan a los 70) y ha estrenado el área de autocaravanas, a la que esa misma tarde llegan dos. «En verano está lleno pero en invierno suele haber un par entre semana y hasta siete los fines de semana», detalla Eufemio satisfecho por la acogida de este recurso turístico. Nos dirigimos al hotel-restaurante Los Quintanares, que abrieron Mari Cruz Sanz y Juanjo Sevillano hace 27 años y que se ha convertido en un referente gastronómico provincial, con jornadas de degustación de setas, veladas poéticas y en proyecto las 'Cenas de película'. «Teníamos 22 años y queríamos vivir en Soria o en un pueblo, era cuando comenzaba el turismo rural y nos decidimos porque en la zona todavía no había», recuerdan apuntando que «abrir un negocio cuesta lo mismo en cualquier lugar». Mari Cruz apostó por su pueblo y a la pregunta de lo que ha supuesto este proyecto para ella responde sin dudarlo: «Es mi vida»; no cambiaría por nada salir de paseo, ver las flores... 

La naturaleza es otro de los puntos fuertes de Rioseco y destacan los senderos micológicos de La Cerrada (ahora hay perrechicos y marzuelos y en junio algún boletus), así como la práctica de la caza. El pueblo mima su patrimonio y su historia, en torno a la Villa Romana de los Quintanares y el molino restaurado como OPS-Espacio Cultural y musealizado por Arquetipo; pero también su arquitectura, con numerosas casas restauradas siguiendo el estilo y con piedra roja de la zona. Los vecinos nos descubren muchas curiosidades de calles y casas.

Otro de los riosecanos que allí encontramos y que decidió volver al pueblo es Javier Fernández Moreno, que trabaja en Los Quintanares de camarero. «Me decían que me aburriría, pero lo cierto es que no da tiempo. Es trabajar, como en otros sitios», apunta, pero en lo que sí coinciden los vecinos es en la cercanía entre ellos, charlar en la calle con quien te encuentres...

el colegio sigue abierto SEIS VIVIENDAS DE ALQUILER

Rioseco ha luchado siempre por mantener la escuela (es un aula del CRA de Berlanga), a la que acuden actualmente ocho alumnos de hasta 12 años y hay dos bebés de menos de tres años que pronto se incorporarán. Otros siete chavales van al instituto de El Burgo de Osma. El cole, en el que esta tarde no están los alumnos porque no hay talleres de extraescolares y muy bien decorada por estos pequeños artistas, se ubica en un edificio municipal en el que también hay viviendas de alquiler social. El Ayuntamiento ofrece un total de seis, principalmente, «a familias con niños». Como novedad, el alcalde avanza que en breve se abrirá una tiendecita, para lo que se pedirá la ayuda de la Diputación. Se hará cargo de ella un empleado municipal que trabaja a media jornada.

Visitamos el popular molino (en desuso desde 1970), que exhibe su antiguo mecanismo y cuya planta de arriba se dedica a la Villa de los Quintanares, auténtica 'joya de la corona' de Rioseco y que sus vecinos quieren que se musealice para hacerla visitable. Allí se pueden admirar piezas, vídeos y recreación en 3D con gafas (elaborados por Antonio Pardo Oliva) de lo que fue ese emblemático edificio, con mosaicos de gran interés histórico. Hay una reconstrucción de la estatua de Saturno y una de las columnas de lo que fue el pórtico, y otras están en el rollo de la Picota, que está allí desde que Rioseco se convirtió en villa en 1817, cuando el rey Fernando VII aprobó que se independizara de Calatañazor.

Para descubrir Los Quintanares (BICdesde 1994) en todo su esplendor, es mejor pasar por este centro de interpretación en el que se han invertido 190.000 euros (Ayuntamiento y ayudas de Diputación y Tierras Sorianas del Cid) que lleva el nombre de la diosa romana Ops. Esperan poder contar con un guía turístico de Diputación para que se muestre este verano, ahora se puede visitar con 'Museos vivos'. Y, muy cerca del molino de abajo, está la chopera mágica, con obras de Santiago González, uno de los artesanos afincados en Rioseco. 

artesanía RURAL VARIEDAD DE COLECCIONES

Lo visitamos en su taller, donde lleva trabajando 25 años en sus colecciones y réplicas micológicas. El intenso olor a resina nos llama la atención. Regresó al pueblo en el que su abuelo, Antonio Tejedor, fue ebanista y cree que son muchas las ventajas de estar allí, desde la inspiración a tener aparcamiento y no perder el tiempo. De allí se mueve a lo largo del año a distintas ferias.

Cerca viven los artesanos Víctor Torres y Miriam Koya Sevillano. «Vivir en un pueblo es espectacular, quien lo no la probado no lo sabe», sobre todo si eres independiente laboralmente y estás dispuesto a hacer kilómetros. Siempre están estudiando en lo suyo y con ideas para lograr la autosuficiencia o «soberanía» en todas las facetas, desde la económica a la energética (estufa de inercia), pasando por la alimentaria (cultivar sin cavar). Víctor investiga los fueron los impulsores del bosque social. 

En el pueblo hay dos asociaciones, la cultural que lleva el nombre de Villa de Rioseco y la de jubilados, Los Quintanares, que organiza numerosas actividades en invierno, como las clases de gimnasia o la visita del podólogo cada 15 días. Las fiestas, comentan los vecinos durante nuestra visita, son las de San Juan (8, 9 y 10 de julio) y las de la Virgen del Barrio (26, 27 y 28 de agosto), sin olvidar la romería de San Torcuato (8 de mayo). Los últimos fines de semana han organizado hacenderas, para podar los chopos y quemar las ramas, y también para limpiar al santo (la pradera que hay junto a la ermita). 

Pasamos junto al Ayuntamiento, un edificio reformado, y al lado se ha construido un anfiteatro para representaciones y se ha acondicionado la fragua, donde se juntan los niños. Timotea Álvarez, de 90 años, nos saluda desde su casa. «Aquí estamos muy bien, nadie nos molesta. Hay poca gente pero estamos muy tranquilos», apunta desde la puerta.

Felicidad Sanz, la madre del alcalde, nos recibe en su casa. Ella nació en Torreblacos pero vive en Rioseco desde que se casó en 1968, cuando «había muchas más casas abiertas». Como bien dice su hijo, es una mujer «pionera» porque en los años 80 se sacó el carnet y aprobó una oposición en la Junta de Castilla yLeón (antes era ganadera), por lo que ha estado durante muchos años yendo y viniendo de Soria mientras cuidaba de su familia. «Esto no lo cambiaría por nada», reconoce al tiempo que destaca el ambiente de los pueblos en comparación con el de la capital. «Aquí vamos a gimnasia, a tomar café, a jugar a las cartas, a pasear... Es calidad de vida», añade. Le gusta comprar allí, en la tienda y a los pescateros, carniceros y fruteros que van. Hace referencia a las muchas actividades que hay también en verano, cuando se le llena la casa de gente, entre hijos, nietos y un biznieto que ya tiene. Su familia es... «muy del pueblo». Desde que perdió a su marido, se entretiene con la lectura (le gustan mucho las biografías históricas y es muy fan del Bibliobús), los sudokus, la puntilla, la tablet...

Regresamos al bar, donde se está echando la partida, y Toño Jiménez nos habla de su ocupación de ganadero, «sentimentalista». No tiene relevo generacional, pero él sigue luchando.