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Loli Escribano

SIN RED

Loli Escribano

Periodista


43 trillones de combinaciones

03/12/2021

Cuando a principios de los ochenta se puso de moda, toda la chiquillería íbamos siempre con el cubo de Rubik en la mano. No lo dejábamos ni para merendar y eso que la merienda era sagrada. Todo el día dándole vueltas a las piezas: cuando arreglabas una cara, destrozabas otra. Muy pocos lo resolvían. Aprendimos a desmontarlo y a encajar las piezas con los colores ordenados. Teníamos tan poca malicia que preferíamos presumir de la argucia que del honor de haber resuelto el puzle tridimensional. Hasta que pasó de moda y lo fuimos abandonando como si no hubiera existido. En aquella década, mientras los niños jugábamos con el cubo de Rubik, muchos de nuestros adultos trabajaban en "el Revilla", así acotábamos el nombre de Embutidos Revilla. Todos teníamos algún familiar o amigo que trabajaba en la planta de Ólvega o en la de Soria. Cuando el chorizo Revilla empezó a anunciarse en televisión, «chorizo Revilla, un sabor que maravilla»; cada vez que lo veíamos en la pantalla, hacíamos patria mientras canturreábamos el slogan. El anuncio conseguía que nos sintiéramos más sorianos. En aquella época en la que aún no existían las cadenas privadas, salir en la tele era un síntoma de triunfo. Aunque el triunfo fuera un spot pagado. 
Hace algunos años que la nave de Soria fue derribada. Ahora cierra sus puertas la fábrica originaria, la de Ólvega, porque se ha quedado obsoleta. Fue construida en pleno casco urbano a finales de los sesenta. Un símbolo en la comarca del Moncayo que llegó a crear hasta setecientos puestos de trabajo. Al echar el candado a sus puertas, se abren otras, las de la nostalgia de tiempos pretéritos que seguro a los olvegueños les parecerán mejores. La puerta de aquellos tiempos en los que la vida giraba alrededor de la fábrica de Emiliano Revilla. La puerta de aquellos 249 días que los paisanos del empresario secuestrado por ETA vivieron con la misma angustia que sus familiares más cercanos. Decir Ólvega es decir Revilla. Es mucho más que un empresario. Posiblemente, para los olvegueños, sea Dios. No exagero. 
El cierre de la fábrica en Ólvega ha devuelto a mi memoria aquellos tiempos del cubo de Rubik que tiene  43 trillones de combinaciones posibles, pero solamente una solución. La vida en Soria me ha parecido muchas veces como un cubo de Rubik: cuando nos arreglan una cara, nos destrozan otra. Desconozco cuántas combinaciones barajó Emiliano Revilla cuando se aventuró a construir el edificio, pero el éxito es equiparable a lograr las seis caras del cubo. No solo dio con la solución para sus intereses y los de la comarca; sino que sin saberlo, creó un símbolo. Fue la solución, no sé si entre 43 trillones de opciones, que evitó que los olvegueños emigraran en una época en la que la provincia de Soria llevaba ya tiempo iniciando el camino para convertirse en la zona cero de la despoblación.

ARCHIVADO EN: Ólvega