Truchas en una copa numantina

Marian Arlegui
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Es un elemento muy conocido en la investigación de decoraciones pictóricas

Truchas en una copa numantina

Esta pieza es muy conocida en la investigación acerca de los significados de las decoraciones pictóricas de la cerámica celtibérica numantina. Es una copa de 10,3 centímetros de altura, cuyo plato es casi plano a excepción del borde que, elevado, ayudó a contener lo que se depositara en él, lo que, sin duda, fueron alimentos sólidos. Su decoración es policroma y con varios colores se dibujaron tres peces. El central de mayor tamaño y los dos laterales menores. Alrededor del borde se  dibujaron de modo continuado eses y junto a los peces, motivos espiraliformes dobles.
La interpretación es que se trata de truchas, es decir, peces fluviales que, con seguridad, los numantinos pescaron y comieron. Se identificó la especie por los puntos resaltados en color marrón en la pintura de la copa que, iridiscentes, caracterizan a los salmónidos. Podríamos concluir que es un tema decorativo que como un guiño simula lo que en realidad se servirá en esa copa. ¿Se trata de un representación simbólica, ideológica, que aluda a un orden superior o, por el contrario, es solo una representación decorativa?
Es un hecho que la representación de animales en la cerámica celtibérica tiene, en su mayoría, una alusión directa o sugerida, a un orden mitológico. No es extraño si consideramos que la religión del pueblo celtibérico no se hallaba separada de la vida cotidiana, del mismo modo que la naturaleza no se percibía como una realidad diferente o separada del hombre y su sociedad, al menos hasta la consolidación de las ciudades. 
Truchas en una copa numantinaTruchas en una copa numantinaSon muchas y variadas las representaciones animales: prótomos de caballos y caballos, en menor medida el toro, aves, entre ellas el buitre y los córvidos con mayor presencia, y peces, sin olvidar la riqueza de animales dúplices, fantásticos, que vemos en las cerámicas numantinas. En ocasiones, la suma de signos astrales, solares y en menor frecuencia lunares, junto a ellos, hace defendible que sean sugerencias míticas cuyo significado último no será fácil conocer. En otros casos, son elementos decorativos que reflejan con maestría de síntesis, la naturaleza de los animales. Los artesanos anónimos que los dibujaron y pintaron supieron captar en una línea, en un trazo, el gesto, el carácter del animal haciéndolos, pese al esquematismo, fácilmente reconocibles. También dibujaron esquemáticamente el entorno natural de esos animales: la línea ondulada, continua o discontinua, representaría el agua.
El dibujo de los peces en la cerámica numantina se produce de dos modos: uno naturalista como en el caso de las copa de las truchas, naturalismo reforzado por el uso de la policromía, o en una perspectiva que en realidad suma dos formas de ver el pez: este se dibuja con la boca abierta y vemos sus dos ojos, lo que es imposible en la realidad. En este último caso el pez siempre aparece en escenas complejas. Recordemos la vasija de los toros en que un pez es la causa de la transformación del toro, o la representación del infinito movimiento de un pez y un animal fantástico, única cerámica en la que además se utilizó el color azul. 
Sin embargo, podemos afirmar que los numantinos también sintieron la necesidad de embellecer sus objetos cotidianos, decorándolos. Numerosas cerámicas fueron pintadas como tal vez lo estuvieron algunas paredes de sus casas  probablemente con motivos geométricos. La copa de las truchas pudo responder a ese afán de ornamentación.
Las eses dibujadas deben representar de un modo convencional el medio acuático, las dobles espirales el agua en movimiento o la turbulencia de una corriente de agua. 
Pero esta copa tiene más significados. Podemos datarla, sin mayor precisión, entre los siglos III y II a.C. Numancia es ya una ciudad que como otras de la Celtiberia, siendo autónomas, establecen lazos comerciales y políticos entre ellas. La ciudad es ella y el territorio que la circunda. La sociedad es compleja y existen élites económicas y políticas que ejercen su poder y su jefatura. Agricultores, ganaderos, artesanos definen una sociedad dividida en grupos de actividad y según su acceso a  la riqueza. Pero es también una sociedad en guerra desde el siglo III y participando de la incertidumbre de la guerra próxima desde antes. No solo contra Roma a partir del 153 a.C. sino también entre las propias ciudades celtibéricas para conseguir supremacía territorial. La diplomacia, los acuerdos políticos, debieron ser una norma frecuente de resolución de conflictos; la guerra si ello fracasaba. Los soldados son todos los hombres capaces de empuñar un arma. Probablemente sus jefes militares debieron ser los más capacitados militarmente entre la elite económica. Una sociedad urbana que tiene otros hábitos en la mesa. Algunas casas son más amplias, reflejo de riqueza, la vajilla cerámica y la que no conservamos de madera y fibras trenzadas, sirven para almacenar, procesar, servir y comer y beber. La variedad es inmensa: platos, copas ollas, cazuelas, tazas, vasos… y de todos ellos múltiples tipos. Esta copa debió pertenecer a una familia enriquecida. Imaginemos que pudo ser un encargo particular al alfarero. 
La cultura ibérica tiene piezas similares. Y de ahí, ¿cómo no recordar el plato que Picasso dibujó tan similar a este aunque aprendido, en su caso, de lo ibérico? ¿Cómo no recordar la importancia que las formas de representación prerromanas de la Península ibérica influyeron tan positivamente en la composición cubista?.
Todos los objetos que el hombre crea, desde los artísticos hasta los cotidianos, responden a una convención cultural de cada sociedad que elige unos sobre otros sumando su tradición a una nueva necesidad como un tronco común lleno de significados sociales, políticos, culturales: cualquier objeto histórico, arqueológico, ofrece un amplísimo espectro de significados algunos visibles otros invisibles.