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Soria, tierra de acogida

EDS
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La capital contará con el quinto Centro de Acogida al Refugiado del país, un recurso necesario para dar respuesta a la demanda creciente de asilo. En la provincia, 12.096 habitantes son nacidos en el extranjero

Soria, tierra de acogida - Foto: Eugenio Gutierrez Martinez

El anuncio de la implantación de un centro de atención para personas demandantes de protección internacional en Soria ha despertado el interés de la población por la situación de los refugiados, pero lo cierto es que esta realidad social no es nueva en la provincia. De hecho, desde 2016 más de 700 personas han solicitado en dependencias sorianas protección internacional (en ese dato no se contabilizan las solicitudes presentadas en embajadas ni las de reasentamientos). Lo han hecho para pedir asilo en España, incapaces de ver garantizada su seguridad en su país de nacionalidad y/o residencia por temor a ser perseguidospor razón de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opinión política.

La guerra siria, el Aquarius, la huida de las maras latinas, el éxodo venezolano, Afganistán… y estos días miles de ucranianos abandonan Kiev tras el ataque de Rusia. Ahora, el anunciado Centro de Acogida al Refugiado (CAR) que se proyecta en Los Royales ha girado el foco mediático, pero el drama de los refugiados existe desde mucho antes, y no cesa, oficialmente recogido bajo la denominación de autorización de residencia temporal por razones de protección internacional. 

Es innegable que en los últimos años los datos se han disparado. A nivel nacional se han multiplicado por diez las solicitudes de protección internacional en la Oficina de Asilo y Refugio de España. En Soria, el incremento aún es mayor. De hecho, las cuatro entidades que desarrollan programas de acogida de protección internacional y asilo en Soria (Cruz Roja, Cepaim, ACEM y Apip-Acam) llegaron a atender a más de medio millar de personas en un solo año, en 2019, en las diferentes fases que trabajan con solicitantes de protección internacional: acogida temporal, autonomía e integración. 

Aunque la pandemia ha afectado obviamente a estos movimientos migratorios, los datos de 2020, 2021 y el avance de 2022 (hasta enero) dejan en evidencia que el número de personas que piden asilo no para, por lo que recursos como el anunciado para Soria se antojan más que necesarios. Así las cosas, desde entidades como Cruz Roja vienen reclamando ya desde hace tiempo la necesidad en Soria de una instalación de primera acogida que complemente la labor que ellos realizan desde 1989. 

refugio y asilo

NO ES UN FENÓMENO NUEVO

El Ministerio de Interior publica anualmente un estudio detallado de la Oficina de Asilo y Refugio con las solicitudes de protección internacional que se presentan en cada provincia. En Soria, desde el año 2006 y hasta enero de este 2022 se han registrado 768 solicitudes, si bien es cierto que es desde 2016 cuando los datos comienzan a dispararse. El primer año del que hay registro es 2006, cuando Soria dio refugio a una persona de Costa de Marfil. Entonces, en todo España se presentaban 5.297 solicitudes. Los años sucesivos fue un goteo de llegadas desde Armenia, Cuba, Mali y Ucrania, hasta 2016, cuando por primera vez Soria registró un dato importante de solicitudes, 32. En España ese año se presentaron ya 16.544. Las 32 en Soria fueron de colombianos, ucranianos y venezolanos que huían de sus países. 

El año 2017 marcó un punto de inflexión. Ese año, a España llegaron casi 32.000 personas procedentes de otros países que pedían protección internacional. A Soria llegaron 97, procedentes en su mayoría de Venezuela (38), Rusia (diez), Siria (diez), Colombia (nueve), El Salvador (nueve), Ucrania (ocho), Georgia, Iraq, Costa de Marfil, Albania…

En 2018, la Comisaría de Soria atendió 154 solicitudes de protección internacional, la mayoría de Venezuela (70). También, de Colombia (22), El Salvador (13), Ucrania (ocho), Argelia (ocho), Honduras (seis), Mali (cinco), Armenia, Guinea, Perú, Siria… El año con mayor volumen de llegadas fue 2019. Ese año en España se presentaron 118.446 solicitudes de protección internacional. De estas, 2.474 fueron en la Comunidad y 188 en Soria. La mayoría eran venezolanos (88) que escapaban de la situación política, pero también colombianos (38), hondureños (13), salvadoreños (12) y peruanos (diez). En 2020 la pandemia frenó los movimientos migratorios pero, aún así, a España llegaron 88.631 solicitantes de asilo. De estos, 138 lo hicieron en Soria. Desde Colombia llegó el mayor flujo (48), seguido de Venezuela (39), Honduras (17), Perú (14), El Salvador (seis), Argentina (cuatro) y Cuba (cuatro). 

No hay datos cerrados de 2021 pero el avance publicado por el Ministerio evidencia que este problema no ha variado con la crisis sanitaria. Cerca de 64.000 personas se vieron forzadas a salir de sus países el año pasado y pedir ayuda en España. En Soria se presentaron 135 solicitudes de protección internacional. Este año solo hay datos del primer mes. En enero se registraron 7.852 solicitudes en España, una decena de ellas en Soria. 

La crisis de Venezuela ha marcado, sin duda, un antes y un después en este fenómeno. La avalancha de venezolanos pidiendo ayuda y la dificultad de encajar sus peticiones en los requisitos que exige la protección internacional obligó incluso a 'adaptar' la política de asilo. España ha acogido a más de 90.000 venezolanos por razones humanitarias desde 2019, cuando se empezó a aplicar este tipo de protección a estos ciudadanos latinoamericanos al entender que en su caso no se dan las condiciones para ser reconocidos como refugiados ni beneficiarios de protección subsidiaria. En Soria, desde 2016 hasta el primer semestre de 2021 han llegado 406 venezolanos, de los que 300 solicitaron protección internacional.

En estas páginas, El Día de Soria ha querido contar la experiencia de  algunos ciudadanos extranjeros que residen desde hace años en nuestra provincia, a la que llegaron, en unos casos, como refugiados, y la mayoría emigraron de sus países en busca de oportunidades para ellos y sus familias. Porque Soria ha sido y es un tierra hospitalaria. Tal y como recoge el Instituto Nacional de Estadística (INE), tiene una población de 88.747 habitantes y un 13,6% han nacido en otros países (12.096).

Mariela Medina y Jack Bocaranda VENEZUELA

Mariela sigue el mismo proceso que otros venezolanos que deciden abandonar el país por la situación y se convierten en refugiados. «Desde Barcelona me asignaron una fundación en Soria y aquí me quedé. Es una ciudad acogedora y que ofrece facilidades para integrarse», comenta. La comunidad venezolana sigue creciendo «porque todas las semanas llegamos. Es un régimen, no reconocido internacionalmente, pero un régimen». «Estamos muy unidos y queremos integrarnos en cada ciudad a la que llegamos» y conseguir la reagrupación familiar y trabajo es fundamental.  Cree que «una gran mayoría» de sorianos es comprensiva y que «no se puede juzgar por unos pocos». Respalda el CAR de Los Royales, aunque «siempre va a haber alguien en contra», sobre todo por «desinformación» y «miedo a lo desconocido».  «Es un proyecto maravilloso que va a generar trabajo. Hay muchos centros así ya en España, el más cercano en Valladolid, y es importante que se refuerce la red. Como ciudadana de Soria que me considero, en vías de obtener la nacionalidad, creo que Soria necesita eso y más», subraya. Para ella, que se destinen fondos europeos a Soria «es porque se están haciendo las cosas bien, tanto fundaciones y ONGs como los propios refugiados». 

Jack Bocaranda, también refugiado venezolano, vivió en el CARde Vallecas y asegura que «no solo son centros de acogida, también de apoyo psicológico y laboral. Benefician a todos los inmigrantes a los que nos toca huir de nuestro país por la situación de riesgo de nuestra vida. No lo hacemo por turismo. Yo soy periodista y tuve que salir corriendo y muchos de nosotros». El CAR «va a dar visibilidad a Soria a nivel humanitario. Es un logro para la comunidad española, que también ha sido inmigrante en su época». Jack reconoce que en Soria él y su familia están encantados «por la acogida y amabilidad» y que la ciudad les ha permitido encontrar trabajo y conocer otra cultura. En la asociación Asovenso, de la que Mariela y él forman parte, «recibimos a cada venezolano que llega y lo orientamos». 

Xiomara Torres COLOMBIA

Hace ocho años que vive en Soria, ya que cuando llegó a España -«con mis papeles en regla»- estuvo empleada en un despacho de abogados en Madrid, durante siete años. Es emprendedora, ha montado una delegación de la firma Asesoría & Extranjería en el espacio colaborativo del Casco Viejo. Tiene estudios administrativos, un máster en Extranjería y desde que emigró de Colombia, Xiomara Torres (39 años) se ha dedicado a ayudar a aquellos que, como ella, vienen a este país en busca del futuro estable que en sus lugares de origen no logran.

«Mis hijos, mellizos que ya tienen once años, nacieron en Madrid. Pero Soria es más cómodo para ellos. Es más complicado vivir en Madrid», admite. Sigue desplazándose al despacho de la capital madrileña algunos días a la semana, pero surgió la idea de establecer una delegación en Soria y, por ahora, está teniendo buena aceptación desde su puesta en marcha en noviembre. «Ayudamos con los trámites que necesitan los que llegan de otros países», reitera. Además, próximamente abrirá una lavandería autoservicio en Camaretas. A su juicio, el Centro de Atención al Refugiado es un acierto. «Es una oportunidad para muchas personas que lo están necesitando. Además, desde Madrid y Valladolid envían a muchas personas a los pisos tutelados», advierte.

LAI CAMARA GUINEA BISÁU

Llegó de Bisáu a Soria, donde tenía familiares, hace 11 años y «por visado». «Me dijeron que era una ciudad acogedora», recuerda, y lo ha podido comprobar porque para él ha supuesto un cambio para bien. Ahora está poniendo en marcha la asociación Khomani. «La inmigración es algo útil para la sociedad, hay que cuidarla porque es parte de la humanidad y existe hace mucho. España se han ido muchas personas en otras épocas», comenta. «Soria necesita a los inmigrantes para revertir la despoblación, al igual que empresas grandes», incide apuntando que los extranjeros buscan oportunidades en Soria. «Venimos a aportar, a trabajar y a cotizar como el resto de ciudadanos», subraya. 

Carmen Castañeda PERÚ

La presidenta de la Asociación de Peruanos Nuestro Señor de los Milagros explica que hay personas que en sus países viven en la pobreza y «se sienten desesperadas» porque quieren una educación mejor para sus hijos, por lo que aprovechan la oportunidad para salir. Carmen llegó a Soria hace 18 años, después de su marido y su hija. Tiene nacionalidad española y «nietos sorianos». Allí era enfermera del Hospital Dos de Mayo y aquí cuida a personas mayores. «En Soria nos han tratado muy bien, es mi vida y soy muy conocida. Me gusta porque es una ciudad pequeña, por el clima y, más que nada, por la comida», asegura. «Antes los peruanos éramos pocos en comparación con ahora. La diferencia respecto es que se entraba con papeles regularizados y ahora se llega como turista o por invitación», añade. Sobre el centro de refugiados, apoya la iniciativa por la atención que presta, al tiempo que reclama un mayor control en la entrada de extranjeros con antecedentes penales. Lamenta que la violencia de bandas latinas se asocie a la inmigración e incide en que la educación en cada familia es la base para evitar problemas de convivencia.

Evelyn de la Rosa REPÚBLICA DOMINICANA

Evelyn de la Rosa llegó hace 15 años a Soria desde República Dominicana, su país natal, con un contrato de trabajo bajo el brazo y lazos familiares en la capital soriana, donde ya residían sus hermanas. A pesar de ello, su adaptación no fue fácil. Fue muy duro tener que dejar allí a sus dos hijos pequeños, acostumbrarse a un país muy diferente al suyo y, siendo «extranjera y negrilla», sentir el 'acecho' del racismo porque, confiesa, «el color afecta». 

Aunque es algo que ya no es tan frecuente entre los más jóvenes, la gente «te mira un poco raro», declara. Pero ella sigue adelante: «Vine aquí a trabajar, no a hacer amigos», recalca. Siempre centrada en el sector de cuidados a mayores, en abril de 2020, perdió su empleo en plena primera ola de la pandemia y estuvo hasta el mes de diciembre de ese mismo año sin trabajar. Entonces sobrevivió gracias a la ayuda que le prestaron entidades como Cruz Roja (que años, antes, en 2007, costeó gran parte de los billetes de avión para poder traer a sus dos hijos a España) y Cáritas. Por eso, colabora con todas las entidades sorianas que puede. «Todos los meses doy diez euros a Cruz Roja, otros diez a Manos Unidas y doce a Unicef», detalla. La creación del Centro de Atención al Refugiado (CAR) en Soria es para ella una buena noticia. «Estoy de acuerdo», apunta. Toda ayuda es poca para el que la necesita, insiste. 

Jonny Villagómez ECUADOR

Con el cambio de siglo, Jonny Villagómez decidió partir de Ecuador con la idea de pasar un par de años en España, trabajar ese tiempo y volver con unos ahorros con los que poder encarar un proyecto de vida con algo de acomodo económico. Pero se quedó. Y ya son 22 años. «Es toda una vida. Nos hemos hecho a la idea de que aquí nos quedaremos», advierte este ecuatoriano de 51 años.

Su destino directo fue Soria , ya que a través de unos amigos y de un familiar. Cuando emigró de Ecuador lo hizo con su mujer y su hija de nueve años. Ya en Soria nació su segundo vástago, que esta a punto de cumplir 21 años, y estudia el Grado de Educación Infantil en el Campus Duques de Soria, además de formar parte del  Numancia B. «Mi hija trabaja en el hotel Alfonso VIII y tengo dos nietos sorianos», apunta. Cuando la familia se instaló en Soria, la primera en encontrar empleo fue la mujer de Jonny, como cocinera. En seguida Jonny encontró trabajo en una finca de caballos en Garray, donde permaneció doce años. «Después de hubo una oportunidad en E. Leclerc, me siguieron llamando y ahora  estoy como jefe de sección [...] Mi mujer es fija en Sumiriko», relata. «Nunca hemos tenido problemas  en Soria», continúa. «Al principio teníamos miedo porque estábamos sin papeles. Pero la acogida fue buena. La convivencia en Soria, en general, es estupenda». En cuanto a la construcción del nuevo Centro de Acogida al Regufiado, Jonny Villagómez aplaude la iniciativa. «Me parece bien. Todo el mundo, en algún momento de su vida, necesita ayuda», concluye.

Beatriz Tania Toledo BOLIVIA

Buscar trabajo. Es el motivo por el que  Beatriz Tania Toledo dejó Bolivia hace 18 años y empleó sus ahorros para  viajar a Milán (Italia). «Quería un futuro mejor para mis cuatro hijos [que continúan en Bolivia] y mi familia», asume. En la ciudad italiana apenas aguantó dos meses y fue una amiga la que le recomendó que viajara a Soria. Recuerda aquel periplo como una auténtica aventura: «Viajé de Milán a Barcelona y llegué a la estación cinco minutos antes de que saliera el autobús a Zaragoza. Me compraron el billete porque no tenía dinero ni para eso. Un chico que estaba en la fila me indicó dónde coger el autobús de Zaragoza a Soria. También me ayudó el conductor, porque me caí... estaba sola... fue todo... Lo más chistoso es que cuando estaba en Barcelona, pregunté por Soria y nadie lo conocía», relata.

Tras el complicado desplazamiento, en Soria llegó a la Iglesia Envagélica  y al día siguiente ya tenía trabajo, como cuidadora. «Dios me agarró del cuello y me dejó en Soria. Soy soriana de corazón», confiesa. Desde que llegó a la capital soriana trabaja en la misma casa y vive de alquiler en un piso de sus empleadores, aunque desde hace tiempo, una vez que los niños se hicieron mayores, solo va dos o tres día a la semana, y desde hace algún tiempo su empleo principal está en Narros, en la finca La Media Naranja. «Yo vine a trabajar. Mando dinero a mi familia y he traído a mis hermanas, que llegaron indocumentadas. Ahora trabajan y tienen su casa propia [...] Me considero soriana de corazón. No falta gente que te dice que eres extranjera. Y yo les digo: claro, es verdad», asegura. Forma parte de la Asociación de Bolivianos de Soria (Asicla), que se dedica a difundir la cultura del país y también a ayudar a los compatriotas sin recursos, por ejemplo, en los caso de repatriación.

En cuanto a la apertura de un Centro de Atención al Refugiado en Soria, lo tiene claro: «Yo que sepa ha habido muchos refugiados en Soria, han renunciad o a mucho y aportan como todos nosotros. Los comienzos siempre son duros», zanja.

SALIMATA KONE COSTA DE MARFIL

Salimata Kone pisó Soria en el año 2000 desde Costa de Marfil y un año después ya empezó a trabajar en el sector de la hostelería en el que sigue a día de hoy. «Con la ayuda de mi marido no hubo dificultad», resalta. Siempre han querido salir adelante por sí mismos. «Como en todos los países hay cosas buenas y cosas malas, dependes de ti mismo», apunta. «Yo nunca he tenido problemas con nadie, pero en todos los sitios hay racismo», asegura. Los sorianos, apunta, tienen una parte «muy cerrada», pero «cuando te conocen, no tienes problemas», añade.