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Fernando Jáuregui

TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


El objetivo se llama Núñez Feijóo

01/11/2022

Aún no ha pasado ni una semana desde la abrupta ruptura de la negociación entre PSOE y PP para renovar el poder judicial y los efectos devastadores de ese estallido ya se están haciendo sentir en dos terrenos: el propiamente relacionado con la Justicia, por un lado, y en el Partido Popular, por otro. El objetivo de quienes manejan los hilos de la comunicación 'oficial' parece claro: debilitar la figura de ese Alberto Núñez Feijóo que escalaba en las encuestas. Acabar con el 'efecto Feijóo'. Hasta este momento, hay que admitir que el resultado está siendo bueno para quienes tratan de horadar al presidente del Partido Popular y líder de la oposición. Y malo para el conjunto del país.
Consta que muchos responsables del PP analizan cuidadosamente cada encuesta que cae en sus manos. Tratan de calibrar hasta qué punto se está produciendo un descenso en el prestigio del partido y de su líder y hasta dónde se 'regenera' la figura de Pedro Sánchez, empeñado en mostrar a la opinión pública que es él quien más se ha esforzado por cumplir un mandado constitucional que el PP, dice, incumple: la renovación del Consejo del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional. Que, en el fondo, está inmersa en una auténtica lucha subterránea por controlar ese poder, que debería ser el más independiente. Ninguna de las dos partes parece dispuesta a cejar en esa pelea, no bien conocida ni comprendida aún por los ciudadanos. Ni por Europa, que al final es el último árbitro.
Feijóo pierde en el combate. Su actitud contenida, a veces excesivamente; el estar fuera del Congreso -- lo están algunas de las figuras más notables del actual PP, como González Pons o Juan Bravo --; el tratar de resistirse, pese a todo, a una guerra abierta con quien, como Pedro Sánchez, es maestro en la batalla hasta sus últimas consecuencias, son factores que le están dañando. Paralelamente, desde algunos recodos mediáticos tratan de imponer la especie de que quien manda en el PP es Isabel Díaz Ayuso y su entorno, de que Feijoo está poco ducho en idiomas, de que aún no ha abandonado los reflejos cómodos de la gobernación en Galicia y no ha llegado a las esencias, incluso de maldad, necesarias para desenvolverse en Madrid. Que Sánchez le engaña, en suma.
Claro que nada de eso es bueno. Primero, porque el país necesita una auténtica alternativa política, un relevo al 'sanchismo' que se agotará en algún momento, y eso necesita de una figura prestigiosa que no se convierta en el hazmerreír de los 'cartoonists' por algún lapsus (quién no los está teniendo en estos días de extremo nerviosismo). Segundo, porque resulta nefasta la imagen de una política de confrontación en unos momentos como los actuales, en los que se precisa más bien la colaboración entre las fuerzas políticas. Y tercero, por lo inconveniente de la idea de que en este país de lo que se trata es de engañarse los unos a los otros por parte de una 'clase política' que no está lo bastante a la altura.
Feijóo no es solamente el hombre a quien todo el PP, y el centro-derecha en su conjunto, aclamó a su llegada en abril; es probablemente el único que en esta coyuntura puede liderar la oposición, que es algo que ni Vox, ni el PNV, ni Esquerra, ni otros, le conceden, pero que el PSOE (y Podemos) sí tienen que aceptar y hasta, por razones de Estado, deberían facilitar. No es cierto que la negociación sobre el relevo judicial haya sido boicoteada por los 'duros de la derecha', que hasta habrían, sugieren voces sigilosas desde el rincón de Vox, hecho peligrar el liderazgo de Feijoo en el PP. Creo que este liderazgo se mantiene incólume, y sería inveraz hacer paralelismos con lo ocurrido a Pablo Casado.
Pero sí es cierto que el presidente del PP tiene que iniciar una ofensiva. No solamente en su papel secundario en el Senado, no solo a base de seguir recorriendo los agradables parajes gallegos, no solo contando con el respaldo de sus fieles 'barones' territoriales, no solo manteniendo un talante no demasiado risueño. La actual situación que se vive en España, en Europa, en el mundo, reclama figuras y esfuerzos excepcionales, estadistas que no piensen solamente, ay, en las próximas elecciones. Quien esté dispuesto a perderlas, las ganará, no tengo ninguna duda.