CARTA DEL DIRECTOR

Iván Juarez


Las tres pandemias

23/01/2021

Ni tan siquiera la llegada de la vacuna y las esperanzas infundadas con el cambio de año y la llegada de 2021, que avanza rápido colgado del coronavirus y fagocitando nuestro día a día, han servido para alejarnos de una realidad que se manifiesta en toda su crudeza con la llegada de una tercera ola que nos recuerda que somos el animal capaz de tropezar tres veces en la misma piedra. Con cerca de dos millones y medio de contagios en nuestro país y más de 53.000 fallecidos in crescendo (cifras oficiales) no hace falta ser un lince y darse cuenta que tal vez hayamos salvado la Navidad pero esta no nos ha salvado a nosotros. Culpa de la gente, que diría un Fernando Simón convertido en parodia de sí mismo, por dejarnos llevar por unos protocolos que han antepuesto los dólares a la salud. Difícil equilibrio en cualquier caso. No tan complicado atender a las necesidades de un sistema sanitario al que se le han saltado las costuras, llevado a la extenuación en la primera y segunda ola, alimentado moralmente a golpe de efímeros aplausos, pero sin apuntalar porque las alegrías de los tiempos de tregua que trajo el verano y también la Navidad nos hicieron olvidar el drama vivido en los hospitales un mes antes. Nuestra capacidad de olvido es directamente proporcional a la capacidad que tenemos para no priorizar lo que realmente importa a una escala de valores hedonista que solo se acuerda del Santa Bárbara cuando truena. En el centro soriano ya son varias las plantas destinadas al Covid y, en medio del cansancio del personal sanitario, la atonía de una Gerencia, con Enrique Delgado a la cabeza, que asiste impasible a la fuga de profesionales en los peores momentos (tres de Radiología esta semana), es cuestión de tiempo que se releguen las operaciones urgentes y las del día a día. Al menos ya cayó en el olvido esa idea utópica de que vamos a salir mejores. En este mismo ejemplar, Ricardo Martínez, jefe de Psiquiatría habla de una fatiga pandémica que va a arrollar, si no lo ha hecho ya, nuestro sistema nervioso. Solo la llegada de la vacuna, la rapidez en el descubrimiento del remedio, refuerza el convencimiento de que es necesario seguir apostando por la ciencia y la investigación.  
La segunda pandemia, al económica, derivada de la primera, atenuada con la esperanza de la llegada de los fondos de rescate europeos pero que todavía no se perciben en la rutina de los agotados empresarios y autónomos, amenaza con dejar daños irreversibles que tardarán años en superarse. Una vez superada la crisis sanitaria habrá que hacer recuento de aquellos establecimientos, hosteleros y no, que no han vuelto a levantar las persianas. Un entramado económico que se mueve en el alambre, en un mar de incertidumbre, la peor receta para todo balance de pagos. Los vaivenes de medidas, más de corte político que sanitario, está haciendo que se tambaleen esos sectores, grandes yacimientos de empleo, pendientes de unas ayudas que en la mayoría de casos están por llegar. La herida es profunda y, con buen criterio, los economistas se han dejado de previsiones, cual bálsamo de Fierabrás, y de recuperaciones en forma de U, V y otras formas geométricas que no tienen que ver con la realidad de la calle. Si sobre la actualidad siempre hay una visión tremendista que viene a anticipar una futura recesión, la crisis del coronavirus ha desencadenado y acelerado un proceso todavía de consecuencias incalculables. Mucho se habla de que, consuelo de tontos, el pescar en río revuelto, la mirada al mundo rural que trajo el confinamiento, la catalogación europea de Soria como zona despoblada podría animar a la España Vaciada. Pero sus consecuencias positivas, si las hubiera, están todavía por verse. 
Y junto a las dos anteriores, otra pandemia que para director de provincias que pisa la calle, que pone oídos y orejas a las preocupaciones de los vecinos, en el mercado, en el bar... la preocupación por la situación política.Creciente hartazgo ante lo que llega de las clases dirigentes que son las que nos debían sacar de este atolladero. Reina un cansancio por el escenario crispado que emana de las instituciones, por una creciente polarización que no se ha atenuado, ni por responsabilidad ni por vergüenza, en una crisis sin precedentes todavía abierta. Un partido ejerciendo de oposición desde dentro del Gobierno equiparando a Puigdemont con los exiliados machadianos, la pugna entre autonomías y gobierno central cristalizada en el caso de Castilla yLeón con el toque de queda a las ocho, el desafío constante que llega de la capital de España, las trampas con las vacunas o ver convertido, a cuenta de Filomena, a un alcalde provincia como Carlos Martínez en opositor de Almeida y Ayuso ante el silencio de los socialistas madrileños. Por no hablar de los modos y las formas que presiden los debates parlamentarios.Veníamos de un creciente desapego de la calle respecto a la clase política que, sin embargo, porque votar se ha convertido en un juego, no ha tenido traslación en una alta abstención en las urnas. En los próximos comicios, esa gente, que se lo ha pasado demasiado bien en navidades, sufridora de las tres pandemias, no tendrá fácil diferenciar entre quién es parte de la solución y del problema.



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