Editorial

El bloqueo institucional ahonda el descrédito de la política

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La irresponsabilidad de los políticos por no alcanzar un acuerdo que impida una repetición de las elecciones se volvió a evidenciar, en primer lugar, el martes con la ronda de líderes con el jefe del Estado y ayer en sede parlamentaria con la catarata de reproches desde todas las bancadas. En vez de hacer autocrítica, los ya candidatos a presidente de Gobierno dieron el pistoletazo de salida a la campaña electoral sin esperar a que el lunes el Rey disuelva las Cortes Generales. Ni siquiera la experiencia fallida de 2016, cuando Mariano Rajoy y el resto de partidos prefirieron ir a las urnas ha servido esta vez para no llevar al país a la incertidumbre y a estirar el bloqueo institucional sin fecha. 
Porque la cita del 10 de noviembre no garantiza mayorías contundentes ni se espera un trasvase de votos a una formación lo suficientemente alta para que de entrada ese día se pueda armar un Gobierno estable. De eso se trata. Que independientemente del número de votos y de escaños, la sociedad anhela desde ya hace cuatro años una cierta estabilidad que, por unos motivos u otros, no se ha gozado en este periodo del multipartidismo. Este juego de la nueva política imprevisible ha coincidido con un periodo de recuperación económica por lo que la prórroga de los presupuestos ha supuesto los trastornos habituales de limitaciones de inversiones y nuevos proyectos legislativos pero a las puertas de una ralentización global ¿está el país preparado para dar más de sí las cuentas elaboradas por el gobierno de Mariano Rajoy?
Además, no se atisba que este fracaso vaya a desplazar a los protagonistas. En su inmensa mayoría, serán los mismos diputados en las distintas circunscripciones los que repitan, y queda por descontado que serán Sánchez, Casado, Rivera e Iglesias, las cuatro formaciones con más votos, los que repitan cartel electoral sin haber siquiera hecho autocrítica por haber llevado al país a las cuartas elecciones generales en cuatro años. 
Esta vuelta de tuerca a la confianza ciudadana no puede hacer sino aumentar la apatía y hartazgo de aquellos que en su día depositaron la confianza con sus votos y han comprobado que tras varios meses de negociaciones estériles hay que volver a ejercer el sufragio de forma recurrente. Se corre el riesgo de que este bloqueo vaya a provocar la temida abstención que deslegitime más a los electos y se obtengan los mismos resultados, según las encuestas. No se trata tanto de obtener más o menos sillones sino de cuadrar programas y dar respuestas a los ciudadanos. Y en el caso de la oposición tampoco se logra nada levantando cordones sanitarios cuando se está a las puertas de afrontar nubarrones económicos y desafíos nacionalistas.