Carmen Hernández

Periodista


Ciudadanas

06/03/2021

Olympe de Gouges fue guillotinada en París,en 1793,dos años después de que publicara la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadanía que, sí, copia el título de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano pero es que los revolucionarios del 89 habían excluido a las mujeres; se desgañitaban, en la calle, gritando «Libertad, Igualdad, Fraternidad» pero llegaban a casa y querían la cena en la mesa y los culottes planchados. Hasta los/las más progres tienen su lado machista porque todos venimos de la misma educación patriarcal. Con la inestimable colaboración de la Iglesia Católica, se elaboró un modelo de mujer devota, sumisa, tierna, cariñosa, frágil, sentimental y corta de entendederas. Decidieron que esa era «su naturaleza» y su misión en la vida, parir y cuidar de la familia, siempre, a las órdenes del varón. A la que se salía del papel, se la  consideraba puta o chiflada y lo mismo podía acabar en la cárcel que asesinada por su marido.
Ahora, nosotras podemos ejercer cualquier actividad y la Ley nos reconoce los mismos derechos que a nuestros compañeros, al menos, sobre el papel y, al menos, en los países democráticos. Pero aún subyace la idea de que estamos mejor dotadas para ser maestras o enfermeras o para quedarnos en casa cuando llegan los hijos. Y lo peor es que hay mujeres que,  haciendo de la necesidad virtud, fingen que todo lo que nos han impuesto durante siglos sin que lo hayamos elegido, es bueno, es femenino y nos gusta. Pues no.
     Decía Simone de Beauvoir que «no se nace mujer sino que se llega a serlo». No hay una naturaleza femenina que nos empuje a la cocina, ni a la maternidad ni al salón de belleza. Los roles de género son consecuencia de la educación y de las presiones sociales que se reciben a lo largo de la vida. Que hay diferencias entre hombres  y mujeres es obvio; no hay más que mirarnos pero eso no supone que tengamos distintas cualidades aptitudes, valores y deseos; no en función del género. Nunca más.



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