SIN RED

Loli Escribano

Periodista


Borborigmo

05/03/2021

El borborigmo es el sonido de los gases y los líquidos en el intestino, vamos, el ruido de las tripas. Me encanta esa palabra, borborigmo, y también su traducción popular, me suenan las tripas. Creo que nunca he utilizado ese sustantivo. Nunca he dicho, tengo borborigmos; aunque los tengo. ¿A quién no le suenan las tripas? Las de los intestinos y las del alma. Hay cuestiones mundanas y humanas que nos unen a todos o a casi todos como cuando nos suenan las tripas. Aunque acostumbramos a repetir con frecuencia la frase, cada uno es de su padre y de su madre, lo cierto es que tenemos manías, hábitos, costumbres y fijaciones parecidas. En esta era pandémica en la que disponemos de tiempo para todo, los que somos observadores de nacimiento hemos podido comprobar que esa reflexión es cierta. Todos nos compungimos con entrevistas como la de Pau Donés y repetimos: ¡qué lección de vida! Hasta que a los dos días ya se nos ha olvidado la entrevista y, por supuesto, la lección de vida. Y no nos damos cuenta de que es ciertamente fácil manipular las tripas del alma con el testimonio de un gran artista, mejor persona, deteriorado y despidiéndose de la vida en una entrevista. 
Nos suenan las tripas con declaraciones negacionistas del coronavirus como las de Miguel Bosé o Victoria Abril, aunque hay personas que piensan lo mismo, pero carecen del arrojo de hacer pública su opinión porque está mal vista. El qué dirán y la libertad de expresión chocan en estos tiempos en los que se cuestiona la normalidad democrática y las letras de un rapero encarcelado por injurias contra la Corona y enaltecimiento del terrorismo. Hay otras cuestiones más de andar por casa que compartimos y demuestran que no somos ni tan especiales ni tan únicos. Por ejemplo, yo odio las películas, las novelas, los episodios históricos en los que pierden los buenos y ganan los malos. Cuestión de justicia social. Por cierto, leo la última página de una novela antes que la primera.
Me hacen gracia las barbas Covid, las que han sobrevivido al confinamiento porque sus propietarios las dejaron crecer por comodidad y las mantienen porque se ven favorecidos. Otros, como Pablo Casado, lo hacen por puro marketing, para no parecerse a Albert Rivera. Me encanta tocar las piezas de los museos y si hay carteles que pone «no tocar», aún me gusta más. También me gusta observar las cicatrices. Son bonitas porque siempre esconden una historia. Y una superación. Escucho la misma canción en bucle durante horas, hasta que me enamoro de otra que escucho también en bucle. Me invento las letras de las canciones en inglés. Y todos, pero todos, todos, tenemos secretillos que nunca confesaremos. La mayoría de las veces no por su gravedad, sino por el qué dirán; aunque resuenen en nuestro interior como un borborigmo.



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