CARTA DEL DIRECTOR

Iván Juarez


100 años y un día

La cultura soriana, su mayor exponente, está de celebración: el rey Alfonso XIII inauguró hace 100 años un museo, el Numantino. El miércoles 18 se alcanzó una cifra redonda en un acto de reconciliación con el pasado y con un guiño al futuro. Una buena ocasión para pulsar la salud del hecho cultural y de la capacidad de atracción de un espacio, el primero que fue constituido para este fin, y que conserva dentro de su pequeñez y modestia, su esencia. Los numerosos hallazgos de Schulten y Saavedra hicieron necesarios encontrar un lugar para su conservación y exposición. Fue el entonces senador Ramón Benito Aceña, en un gesto poco usual, el encargado de costear su construcción, por lo que se puede afirmar sin cortapisas que el centro tiene, incluso en lo económico, ADN soriano. Así hasta nuestros días, el museo ha pasado tiempos peores y mejores conviviendo y siendo testigos de los cambios de cada época como corresponde a un enclave destinado a perdurar con independencia de lo que ocurra de puertas para afuera.
Al más puro estilo numantino, pervive sin hacer ruido, sin grandes aspavientos ni alardes a la galería, ni gestos al tendido, pero con una riqueza única y singular que invita a un viaje en el tiempo. Llega la conmemoración de los 100 años con la sombra reciente de una Numancia 2017, con aparente suma de fuerzas, tan ineficaz como estéril, que se quedó en agua de borrajas y no sirvió, o muy poco, para visibilizar la gesta de Numancia y los valores de diversa índole que atesora. Tal vez la ventaja de este centenario viene dada en que no se han puesto grandes esperanzas, ni nace con grandes expectativas por lo que el listón de las decepciones será más bajo. Reducida representación política el pasado miércoles en Soria, en un país desnortado, cuyos líderes ya están en modo campaña. Solo las declaraciones del presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, comprometiendo su apoyo al ‘universo’ Numancia y dando batalla por su declaración, por parte de la Unesco, de Patrimonio de la Humanidad, nos dicen que estamos ante un punto de inflexión en los que abundan las buenas intenciones, aunque estas se vean relegadas al olvido. El tiempo lo dirá porque el desconocimiento de los recién llegados en torno a las necesidades del enclave soriano se ha exteriorizado esta misma semana. En la presentación del II Concurso Cocinando con Trufa, inquirida por La8 Soria sobre el impacto turístico de la onomástica, la respuesta de la nueva directora de Turismo fue que no estaba al tanto pues llevaba «quince días en el cargo». Asombra tanta sinceridad cuando en los usos y costumbres políticas hallas veinte maneras de salir del paso. Sutileza no sobra porque tampoco se quedó atrás este y verano el nuevo consejero de Cultura, Javier Ortega, quien, a las preguntas sobre inversión en Numancia no comprometió más inyección económica de la administración autonómica porque en Castilla y León «hay nueve provincias, 2.200 pueblos y mucho patrimonio». Sigo pensando que la verdad, por dolorosa, tiende a estar sobrevalorada y más en territorios acostumbrados a agravios varios.
Con 100 años en la mochila y sin grandes fastos ni celebraciones pirotécnicas a la vista, conviene echar la vista atrás, valorar el trabajo presente porque solo durante este 2018 pasado se registraron más de 181,000 visitas, cuando la mayoría de museos del entorno han perdido visitantes. Llegan atraídos por un turismo cultural que rezuma autenticidad, que vende historia a puñados sin estridencias ni artificios espurios que esconden lo apasionante que la historia esconde. Cierto es que los museos de nuevo cuño apuestan por una ‘disneylandización’ del producto turístico a través de una puesta en escena que eclipsa el fondo y lo supedita a la forma. No sucede esto en el Numantino, donde el valor de cada pieza habla por sí sola.  Es de agradecer esa labor callada de trabajadores, más de una veintena, restauradores, que devuelven a la vida los hallazgos, historiadores que los contextualizan y nos traducen su relevancia, o divulgadores encargados de llevar más allá de los muros del museo los atractivos del mismo, como podemos comprobar cada fin de semana en El Día de Soria a través de los reveladores artículos de la directora del museo, Marian Arlegui, y de su equipo. 

Pero lejos de caer en la complacencia de los cien años hay que detenerse en el «y un día», revisando la maquinaria para que el Numantino siga atrayendo nuevos públicos, poniendo en valor esos fondos que esperan su momento en la trastienda, a falta de espacio. En tiempos en los que se busca una utilidad dudosa a Bancos de España, la ampliación de un museo o la apuesta por habilitar nuevos espacios no se revela como una necesidad apremiante. Y mientras, superando los 100, ajeno a las tendencias y promesas políticas que se agotan al punto de ser pronunciadas, con la experiencia adquirida el museo escribe su propio relato dibujando la historia día a día, con reposo y a fuego lento, como se descubren y cocinan los hallazgos procedentes de Numancia.