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"Creo que no se ha aprendido nada"

N.Z.
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Reclama que la Enfermería participe en la toma de decisiones y aboga por diseñar «una hoja de ruta de cara a futuro» donde se tenga en cuenta que «hacen falta más profesionales» pero, también, que «el modelo asistencial que teníamos ya no nos sirve»

"Creo que no se ha aprendido nada" - Foto: Eugenio Gutierrez Martinez

Estuvieron en el epicentro en el momento más crítico, fueron muro de contención, paño de lágrimas, la mano amiga en las duras despedidas en soledad. Han 'resistido' al virus que acecha a la población y su labor ha sido -sigue siendo- fundamental para rastrear el contagio y cortar la transmisión del SARS-CoV-2. Desde diciembre, su trabajo incansable ha permitido inmunizar a la población en tiempo récord frente a un virus que, de nuevo, amenaza a la sociedad con nuevas oleadas. La presidenta del Colegio Oficial de Enfermería de Soria, Isabel Galán, reivindica el papel de la profesión y, desde el respeto y sin entrar en competencias ni polémicas, pide «voz y voto» en la toma de decisiones. 

¿Qué situación vive la Enfermería en la provincia en estos momentos?

Estamos muy cansados y no solo físicamente, también emocionalmente. Las enfermeras solemos ser el primer contacto del paciente con el sistema sanitario y se ha visto tanto, se ha sufrido tanto, se ha trabajado tanto, que estamos muy cansadas. Y es agotador ver que se está dando todo para que esto se normalice y llega la amenaza de otra ola, y ya no sabemos hasta donde se va a poder aguantar.  

¿Ha dejado factura psicológica la pandemia en la plantilla?

Sí y, de hecho, la prueba es que aquellas enfermeras que están próximas a la edad de la jubilación, si pueden, se están jubilando. 

Muchas veces se habla de humanizar los cuidados, de humanizar la asistencia. Yo creo que con esta pandemia ha quedado demostrado que la enfermera es humana y que la asistencia está humanizada, pero en esta fase que estamos pasando estamos viendo que quizá lo que hay que humanizar es la gestión. 

¿A qué se refiere con humanizar a los gestores?

Hay muchas formas y quizá habría que preguntarles a ellos pero yo me planteo que humanizar la gestión es simplemente decir «cómo estás». 

Han sido situaciones nuevas para todos y nadie lo ha tenido fácil (tampoco los gestores), pero, cuando estás dándolo todo día a día a pie de cama, se ha echado de menos un «cómo estás». Eso es humanizar una gestión, preocuparte por tu personal. No es solo salir a la prensa y decir «¡qué bien lo están haciendo!», o los aplausos; es simplemente cuestión de vernos, sentarnos como ahora tú y yo, e interesarse por la otra parte. Porque eso, al menos para mí, da imagen de que todos nos apoyamos, los unos y los otros, y al fin y al cabo estamos todos en el mismo barco. 

El Consejo Autonómico de Enfermería de Castilla y León viene reclamando un aumento de las plantillas ante la falta de personal que «ha acreditado» la pandemia. En Soria, ¿cuántas enfermeras y enfermeros trabajan y qué necesidades detectan?

Yo lo que conozco es el dato de colegiados, que ronda los 740. La mayoría de ellos están trabajando en el Sacyl, aunque muchos compatibilizan también con el ámbito privado. 

Es una realidad que hay necesidad de gente y quedó en evidencia en la primera ola, cuando en todos los sitios se demandaba personal. E incluso hubo gente que se presentó de forma voluntaria a trabajar porque vio las necesidades que había. 

Una de las cosas que he visto en esta pandemia es que el sistema público de salud, desde la crisis, estaba adoleciendo de un recorte de recursos humanos. Y cuando se habla de necesidades no vale solo hacer estudios, aludir a los ratios... y decir que, en base a todo ello, esta Comunidad tiene enfermeros suficientes. Es que se olvidan de contar muchas cosas porque, además de la despoblación, hay que tener en cuenta la edad de la población, el tipo de pacientes que tenemos, el hecho de que cada vez vivimos más y hay muchos pacientes mayores crónicos, pluripatológicos, con unos problemas de salud que requieren de unos cuidados más continuados y que, quizá, para dar una calidad en la atención y seguridad, requieren de más recursos humanos. 

Quizá lo que corresponde es hacer una previsión con una hoja de ruta de cara a futuro y tener en cuenta que hacen falta más profesionales pero, también, que ha quedado patente que el modelo asistencial que teníamos ya no nos sirve, porque la población ha cambiado y los cuidados y la asistencia que necesitan es diferente. Eso hay que planteárselo y tener un debate implicando a todas las partes, no solo a las enfermeras, a todos. 

Ahora estamos viviendo que en los últimos meses, en octubre y noviembre, ha habido gente que se ha ido a trabajar a otras Comunidades y, en una provincia como Soria, que se te vayan 20 profesionales es importante. Se han ido porque entiendo que aquí se les ha acabado el contrato y no les renuevan, o allí les dan ofertas laborales mejores que las nuestras. 

La Gerencia se vio obligada a reforzar las plantillas cuando estalló la pandemia y, según han asegurado, parte de esos contratos se mantienen todavía. ¿Qué herencia real ha dejado? ¿No cree que se ha conseguido fijar y atraer enfermeras?

Yo creo que atraer... pocas. Yo puedo hablar del dato de las colegiaciones que pueden venir de otros lugares, de las nuestras que se van, y el saldo es deficitario. Se han ido bastantes más de las que han venido, con lo cual, no se ha fijado. Quizá en esta provincia es cierto que se han mantenido más esos contratos que en otros lugares [por lo que comentan los compañeros de otras provincias en el Consejo Autonómico], pero lo que es innegable es que a fecha de hoy se están yendo más de los que vienen. 

¿Cuántos colegiados hay ahora y cuántos ha llegado a haber?

Hay unos 740 y solemos rondar esas cifras sin grandes fluctuaciones. Como mucho se ha podido llegar a 780.

A la actividad habitual, las enfermeras han sumado los rastreos, la vacunación… ¿Hay una sobrecarga de trabajo en estos momentos?

Sobrecarga hay desde el momento que comenzó esta pandemia. Yo creo que los pacientes necesitamos que nos vean, no una consulta telefónica. Y creo que Atención Primaria realmente no ha dejado nunca de ver pacientes, han estado siempre ahí y siguen estando. Posiblemente no han podido moverse ni hacer el seguimiento igual, pero no han dejado de atender a sus pacientes. Pero es verdad que los pacientes, aunque nos hemos retenido un tiempo para no masificar, ahora reclamamos retomar la normalidad. 

¿Sobrecarga? Hay sobrecarga porque se ha trabajo a destajo y, además, no se ha descansado. Eso se arrastra. Ahora hay sobrecarga y queremos seguir trabajando para que el paciente tenga la misma calidad de asistencia pero, lógicamente, ahora es más difícil porque hay más trabajo y eso requiere tiempo. 

Recibieron los aplausos de la ciudadanía en los momentos más críticos pero ahora reciben a diario también las críticas y el enfado de una población que no entiende las demoras, que no le gusta la atención telefónica, que demanda más asistencia sanitaria... ¿Cómo les afecta?

Hemos pasado de «¡qué buenos sois!» y «¡qué bien lo estáis haciendo!» a todo lo contrario. Ser empático es difícil ahora mismo, y es difícil por las dos partes. 

Es difícil que el paciente entienda ahora mismo que ha habido un parón y poner en marcha todo de nuevo lleva su tiempo. 

Y ser empático por nuestra parte con los usuarios también es difícil, porque también estamos cansados, porque además de profesionales también somos personas y tenemos familias, hemos tenido pérdidas, hemos padecido la enfermedad... 

Pienso que hemos pasado a que esa empatía se queda en el papel y ya no estamos dispuestos a ser empáticos. Y me pongo en el lugar del paciente y entiendo que necesite que le vean (porque, aunque no le solucionen, da tranquilidad que a uno le vean, le escuchen) y, como no se puede siempre, eso lleva a enfados. Y nosotros no podemos entrar en un discurso de que «no lleva usted razón» o de que «no puedo más». Así que hacemos lo que podemos con las estrategias que podemos, pero a veces también tenemos una imagen de enfado. Empatizar ahora es difícil. 

¿Difiere la situación en Atención Primaria y especializada? ¿O los problemas son comunes y se comparten?

Es diferente ámbito de trabajo y lógicamente hay algunas diferencias. Atención Primaria es la primera puerta de contacto con el sistema sanitario y la consulta es a demanda y programada, y lo que ha ocurrido con esta crisis es que no han podido hacer esa consulta programada con sus pacientes con la continuidad asistencial que gustaría. En cambio, en atención hospitalaria es lo que llega y estás 24 horas y el paciente necesita de unos cuidados especiales porque está mal. Pero a nivel de carga de trabajo, cada una en su ámbito de trabajo, es igual. 

Y aquí, vuelvo a repetir, tiene mucho que ver el perfil de la población, que es envejecida, crónica, pluripatológica, y requiere un seguimiento y control para que ese paciente esté bien y evitar que acabe en el hospital ingresado porque no ha tenido una buena asistencia. Por tanto, es diferente papel pero están vinculados y la sobrecarga es la misma.

En el momento más crítico se vivió una dura situación en las residencias y el propio Colegio de Enfermería llegó a hacer un llamamiento para buscar enfermeras. ¿Cuál es la situación actual en las plantillas de Enfermería de residencias?

No ha habido un aumento, al revés, y creo que siguen necesitando enfermeras. Quiero además mandarles un reconocimiento porque han sido igual de profesionales que el resto, lo pasaron muy mal, y tuvieron que hacer frente a momentos muy duros con los medios que tenían, que no hay que olvidar que no son los mismos que en un sistema sanitario. Una residencia es un centro sociosanitario, su casa, pero no un hospital, y lo han pasado francamente mal. Porque, como el resto, allí tampoco había medios materiales ni humanos, pero allí los humanos incluso se fueron a otros sitios donde quizá se pensó que hacían más falta. Y tuvieron que oír lo de que se dejaba morir a la gente, cuando desde luego estoy convencida de que no fue así. 

Siguen igual de cansados, sin reponer porque no hay y, aunque hubo un momento en el que no se ocupaban las plazas vacantes y eso rebajó un poco la presión, ahora ya es igual y ha habido pocos cambios a mejora. 

Lo mencionaba usted antes, «el modelo asistencial que teníamos está agotado». Sobre la mesa está ahora el plan de reestructuración sanitaria. A su juicio, ¿qué líneas básicas deben regir esta organización futura de la Atención Primaria?

Nuestra consejera de Sanidad ha anunciado una reestructuración y yo entiendo la dificultad del proceso pero creo que no se ha contado con todas las partes implicadas en el sistema, que no solamente son ellos, los gestores, sino que somos todos, instituciones, representantes de las profesiones sanitarias, los colegios, sindicatos, incluso la población. 

Desde mi punto de vista, el modelo asistencial necesita un cambio; pero un cambio serio, paulatino y riguroso. Y quizá hay que ser valientes y sentar a todas las partes implicadas. Y, por supuesto, la enfermera tiene que estar ahí igual que el resto, en igualdad de condiciones que otras profesiones y categorías. 

No está bien visto hablar del cierre de consultorios ni de reestructuración de centros de salud pero, ¿es viable mantener el modelo actual?

No lo sé porque eso requiere una reflexión seria, rigurosa, contando con todas las partes pero, sobre todo, con todas las partes que se dedican a ello. Hace falta un planteamiento además a medio-largo plazo, priorizando los problemas más urgentes. 

Habla continuamente de un reconocimiento de la profesión pero, sin embargo, ni en los consejos de dirección, ni en las gerencias, ni en ministerios ni consejerías vemos a enfermeras...

Exactamente, y tenemos que ser nosotras mismas las que estemos y reivindiquemos que tenemos que estar ahí. Y si no se cuenta con nosotras, igual tenemos que hacernos valer con otro tipo de actividades. No me gusta hablar de movilización porque suele tener un carácter peyorativo, pero sí que hay que reivindicar. 

No nos sirve que nos digan «¡qué bien lo habéis hecho!» pero luego no se cuente con nosotras. Tenemos que estar porque tenemos mucho que decir. Yhay que estar en los puestos de dirección de los servicios sanitarios, de ministerios, de consejerías... pero no por detrás de, sino en igualdad. Es un techo de cristal que creo que ha llegado el momento de romper. 

Vemos todavía algunos actos de reconocimiento en los que han estado los servicios de Sacyl y los gerentes y demás han ido acompañados de personal, pero no han llevado a enfermeras. Eso me choca mucho. 

No sé si alguien se ha planteado que la enfermera ha estado en todo momento acompañando, hablando, atendiendo, con calidad en la asistencia... Porque, cuando ya no hay más que hacer clínicamente hablando, la que ha estado ha sido la enfermera. Y por desgracia este virus se ha llevado a compañeros de todas las categorías y, a pesar de estar en primera línea, enfermeras han sido menos. Entiendo que esto quiere decir que algo habremos hecho bien... 

El año pasado se celebraba Nursing Now, el año internacional de la enfermera y la matrona. Era una oportunidad para visibilizar la profesión pero la pandemia trastocó todo. ¿Hay previsto algún acto para retomar la cita?

Habíamos empezado a organizar todo pero, por desgracia, todo se alteró y al final se nos ha visibilizado pero no de la manera que queríamos. Ahora se lleva mucho la palabra empoderar y esto nos ha empoderado, y espero que se mantenga. 

La campaña Nursing Now se cierra el 20 de diciembre y con la representante del movimiento Nursing Now en Soria, Cristina Merino, tenemos previsto hablar del tema. Se va a hacer un acto en Madrid y se ha mandado también la hoja de ruta a todas las consejerías y servicios de Salud autonómicos y, por supuesto, se va a demandar ahí también que tenemos que estar y que, si no nos llaman, tendremos que hacer algo para que se nos llame.

El reconocimiento de la profesión avanza lento y una prueba es que, transcurridos tres años desde la entrada en vigor del Real Decreto de prescripción enfermera, siguen sin poder hacerlo. ¿Cuál es el problema?

En Castilla y León hemos tenido reuniones con la Consejería y con la Dirección General de Planificación y Asistencia Sanitaria. Ya se dio el primer paso de la acreditación de los profesionales pero queda otro puente importante, que es aquellas enfermeras que no trabajan en el ámbito de Sacyl, que están en mutuas, en instituciones sociosanitarias... 

Se ha demandado por nuestra parte por activa por pasiva y por reflexiva la necesidad de sentar a las partes para elaborar esas guías de aquellos fármacos que no estén sujetos a prescripción médica y poder hacer la orden. Pero es como todo, cuando hablamos todos tienen mucha voluntad pero la realidad es que luego no se avanza y da la sensación de que se van pasando la pelota de unos a otros, al Ministerio, a la Agencia del Medicamento... Vamos a seguir luchándolo para que nadie se ampare en que, como estamos en pandemia, hay otras prioridades. Porque además ahora es el momento. Y curricularmente la enfermera tiene unos créditos que le dan las competencias.

Algo similar ocurre con el tema de la enfermera escolar. Se habla pero no se avanza. ¿Hasta qué punto es necesario que haya enfermeras en los centros educativos?

Yo entiendo que una enfermera escolar no solo es para atender a los niños con problemas de salud, es también educación sanitaria en el centro. Y quizá hay que plantearse que esa educación sanitaria no sea parte de las actividades extraescolares sino incluirla dentro del currículo. 

No sé cuál es el problema y entiendo que quizá es una cuestión más legal y de competencias, pero está claro el papel de la enfermera escolar para trabajar hacia sociedades futuras sanas.

Tener Facultad de Enfermería en una provincia suele ser garantía de que hay profesionales disponibles. Sin embargo, en Soria continuamente se agotan las bolsas. ¿Sería necesario ampliar las plazas o es una cuestión más de captar y retener el talento?

Habría que hacer una reflexión más seria pero hay que tener en cuenta que ampliar las plazas no solo depende de la facultad, depende también de dónde pueden hacer esos alumnos las prácticas, de la capacidad del sistema para absorber esa formación... Y no solo faltan profesionales en la asistencia, faltan también profesionales que en un futuro impartan la docencia, y la carrera universitaria no es fácil. 

Esto no viene de ahora. En 2007, antes de implantar los estudios de grado, desde este Colegio se hizo un estudio muy riguroso con la Consejería de Sanidad sobre la evolución de los profesionales y se veía que a partir de 2013 iba a haber un déficit y que era el momento de empezar a hacer el diseño. Ese estudio tenía en cuenta la situación de la plantilla pero, también, las demandas de una población con una situación diferente a la de hace 20 años (más envejecida, con más pacientes crónicos...). Y se vio también que no era lo mismo tener a un profesional con una edad en un servicio que en otro, y apuntamos que quizá era el momento de hacer una redistribución del personal. Porque invertir en salud no solo son recursos económicos y no todo se hace con dinero. A veces es también una cuestión de reorganizar, de replanificar, de distribuir a cada uno en el puesto más oportuno. 

Ahí era el momento de tener ideas para afrontar e iniciar el cambio, pero no se hizo y ahora nos vemos en una situación de falta de profesionales. Y no solo en Castilla y León, en todos los sitios. Por tanto, hay que analizar el tema de la formación, de la posibilidad de ampliar más plazas, pero es un tema más complicado. 

Y lo que también habría que mirar es que se nos escapa el talento. Yo con 20 años quizá me como el mundo y prefiero trasladarme a donde me traten mejor... 

Investigar, ¿es la asignatura pendiente?

Cuesta. Se van dando pasos pero es verdad que cuesta mucho. Y realmente una enfermera siempre investiga, a diario, desde el ejercicio de su profesión del cuidado de los pacientes; pero lo difícil es sentarse, escribir, publicar... Es duro además porque no tienes una compensación de ningún tipo. Yo animo mucho pero cuesta. 

Las crisis muestran las debilidades pero son también una oportunidad de cambio y mejora. ¿Por dónde se debe trabajar de cara a futuro para mejorar la profesión de Enfermería?

Lo digo muy claro, tenemos que estar donde tenemos que estar. Somos muchas y muchos, somos una fuerza muy potente y ya basta de tener que demostrar. Hasta la OMSha dicho que sin Enfermería sucumbe el sistema. Tenemos que ir todas a una y reivindicar y no cansarnos de luchar. Sin prisa pero sin pausa. 

Por lo que le entiendo, la Enfermería está gritando que quiere tener voz en el cambio, en la toma de decisiones... 

Voz y, también, voto. Tenemos mucho que decir, que aportar y se nos tiene que tener en cuenta. Y esto no es un quítate tú para ponerme yo, aquí no hay suspicacias ni competencia, aquí todos somos necesarios, la Enfermería también. 

¿Cuáles son los retos del Colegio Profesional de Enfermería de Soria?

El principal reto es, insisto, tener voz y voto. Y yo no quiero ser parte del menú, quiero estar diseñando el menú. Para poder materializar esto, estamos trabajando ya en un proyecto común (a nivel de Consejo Autonómico y de Consejo General) para tener el reconocimiento que merecemos. Somos grado igual que otras profesiones y tenemos que ser reconocidas como grado A1, porque eso abre muchas puertas a puestos de dirección que ahora están vetados y por eso es importante romper ese techo de cristal. 

Luego es necesario que se desarrollen las especialidades en su totalidad y que los servicios de Salud saquen las plazas en respectivas convocatorias de oferta de empleo público.  

Y respecto a la universidad, también hay un proyecto común liderado desde el Consejo General para que los profesores se pueden acreditar con las particularidades que tiene Enfermería. No se trata de facilitar, sino de modificar los criterios para que sea acorde a la profesión enfermera.