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Ramón Martiarena, la curva de la modernidad en Soria

Sonia Almoguera
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El arquitecto vasco proyectó más de 129 edificios que, entre los años 1927 y 1942, crearon el 'sky line' de la capital soriana

Ramón Martiarena, la curva de la modernidad en Soria - Foto: Eugenio Gutierrez Martinez

«Si Barcelona tuvo su Gaudí y Madrid su Antonio Palacios, la capital soriana tiene a Martiarena», destaca la entidad Soria Patrimonio. El nombre de este gran arquitecto vasco quizá pase desapercibido, pero no así unos edificios que configuraron el 'sky line' e incluso la propia identidad arquitectónica de la ciudad en el lapso de 15 años, el tiempo en el que ocupó la plaza de arquitecto municipal desde finales de los años 20 y hasta principios de los 40 del pasado siglo. Uno de ellos, los cocherones de Gonzalo Ruiz, iniciado en 1929 y que constituye uno de los pocos ejemplos de edificación industrial en Soria, tiene los días contados tras la autorización de derribo de las traseras del Palacio de la Audiencia que la Comisión Territorial de Patrimonio de la Junta de Castilla y León aprobó el pasado 25 de noviembre. «Aunque sea un mantra recurrente de la Administración, los catálogos de protección [de edificios] sí pueden actualizarse», alegan desde Soria Patrimonio. Y, de hecho, lamentan, se ha hecho pero para justo lo contrario: «Para rebajar catalogaciones durante las reformas de varios edificios». Frente a esto, Soria Patrimonio cree que «la obra de Martiarena debería ser estudiada y protegida en su integridad». Méritos no le faltan.

La historiadora soriana Montserrat Carrasco, una de las mayores estudiosas de su obra, define a Ramón Martiarena como el artífice de una «verdadera ruptura», el introductor de la arquitectura moderna, en el contexto de una Soria dominada por la monotonía, y todo ello propiciando un diálogo en el que casaban por igual tanto la tradición como el movimiento más vanguardista. 

Sólo entre los años 1927 y 1936 Martiarena construyó o  planificó 129 edificios y construcciones de todo tipo y presupuesto (algunos ya desaparecidos) que «modelaron la Soria moderna», insiste Soria Patrimonio. 

El nombramiento de Ramón Martiarena como arquitecto municipal (por unanimidad entre las tres candidaturas presentadas) fue, en ese sentido, toda una apuesta en ese sentido desde el Ayuntamiento soriano de la época. Pero su labor no se limitó a cuestiones municipales, la compatibilizaría con numerosos encargos, tanto privados como institucionales, entre los que destacó la construcción de las escuelas de Quintanas de Gormaz, uno de los edificios «más bonitos», señala el arquitecto Miguel de Lózar, que el vasco proyectó en la provincia soriana. 

La curva, agrega la Asociación de Amigos del Museo Numantino en su 'Diario de la Historia soriana' del 6 de enero de 2016, es el elemento con el que Ramón Martiarena 'revolucionaría' una arquitectura soriana en la que sólo existían «líneas rectas verticales y horizontales» y dando pie a la llegada de toda una generación de talentosos jóvenes arquitectos como Guillermo Cabrerizo, José María Barbero y, posteriormente, Julio Cano Lasso o Carlos Sobrini, entre otros. Para la Asociación de Amigos del Museo Numantino nadie como Martiarena supo equilibrar «arquitectura, belleza y habitabilidad» y construir un lenguaje artístico propio desde muy diversos estilos: del racionalismo (del que fue máximo exponente en la capital soriana) al expresionismo o el propio art-decó. 

El arquitecto soriano Miguel de Lózar subraya que Ramón Martiarena ha sido «importantísimo para Soria», uno de los artífices de la llegada de la arquitectura moderna a una capital provincial que, por aquel entonces, apenas rebasaba los 10.000 habitantes y donde introduciría las últimas tendencias. «Cuando llega a Soria es un chico joven con 30 y pocos años, un arquitecto con muchas ganas y las pilas puestas y se nota», añade De Lózar. Su voluntad de hacer una arquitectura anclada en su propio tiempo, junto a su habilidad y, por supuesto, «su talento», propiciaron que proyectara edificios tan emblemáticos y revolucionarios en su momento en el perfil de la ciudad como la conocida casa del ascensor promovido por las hermanas Alcalde, el edificio en chaflán ubicado entre la avenida de Navarra y la calle Medinaceli, o el inmueble que preside la plaza de Mariano Granados y que fue construido en el año 1934. 

Pero la impronta de Martiarena se extendió, en calidad de arquitecto municipal del Ayuntamiento de Soria, cargo que ocupó entre el año 1927 y 1942, a muy variados campos. Desde la mejora de la salubridad de la ciudad a través del diseño de colectores como el de la calle Ferial (uno de sus primeros trabajos), nuevos planeamientos urbanísticos como el ensanche de la Ciudad Jardín tras el Alto de la Dehesa o el desarrollo de barrios como La Florida pasando por la dirección de obra del colegio La Arboleda, la ampliación del cementerio del Espino, la construcción de la balconada del Arco del Cuerno, la creación a principios de los años 40 del polideportivo de San Andrés, las mejoras en la elevadora de aguas en el Soto Playa, la creación de viviendas sociales (como las de la calle Santa Clara de las que aún quedan algunas en pie) o incluso la creación de plazas como la antigua del Campo, hoy Mariano Granados. «Hablamos siempre de edificios que, como los cocherones de Gonzalo Ruiz, van a desaparecer, pero también hay que acordarse de las calles y de las plazas que diseñó y que ya no existen, como esa antigua plaza del Chupete que quizá fuera la más bonita, la que conseguía articular los diferente usos del espacio», añade.

Soria, argumenta De Lózar, no anda sobrada de «buenos ejemplos de buena arquitectura» como los que dejó Martiarena en la ciudad y, por tanto, «hay que conservarlos». Tampoco cuenta con demasiado patrimonio de arquitectura industrial o utilitaria, modalidad en  la que se inscriben los cocherones. «Tenemos que tomar conciencia sobre que no sólo las iglesias y los palacios» son los edificios importantes, recalca. Aún así, el arquitecto es consciente de que un lugar vivo debe estar asociado a «la transformación» y que «luchar por un mundo más sostenible» es también dar un nuevo uso a los edificios preexistentes. «De los cocherones lo más característico es su fachada, pero incluso se podría haber previsto la conservación de otros elementos», estima. Pero esa es, desde luego, la opción más desventajosa económicamente. Lo único para lo que puede servir la demolición de los cocherones de Gonzalo Ruiz en las traseras del Palacio de la Audiencia, añade Miguel de Lózar, es para concienciar y propiciar «una publicación, un estudio a fondo» sobre la figura de Ramón Martiarena en Soria. Porque éste no es el único edificio en peligro de desaparición. El colegio de los franciscanos, en desuso desde hace varios años, que el arquitecto vasco diseñó en parte en el año 1938 tampoco cuenta con catalogación que lo proteja frente a futuras actuaciones. Al igual que el «sencillo» edificio en chaflán de la calle del Común número 1, recalca Soria Patrimonio. El 11 de julio de 1942 el rotativo provincial 'El avisador numantino' publicaba la marcha del arquitecto de Soria. «Al felicitar al señor Martiarena por dicho nombramiento hemos de expresar nuestro sentimiento por la ausencia de tan competente funcionario», señalaba. Tras tres lustros de intenso y brillante trabajo en la capital soriana, Martiarena fue nombrado arquitecto asesor de la Obra Sindical del hogar provincial de Guipúzcoa. Su marcha acabaría en la ciudad una de las etapas arquitectónicas más estimulantes de Soria en el siglo XX. Su impronta en la capital soriana, destaca el arquitecto Miguel de Lózar, está asociada tanto a edificios documentados y reconocidos por la Fundación Docomomo, entidad dedicada a la catalogación y conservación de la arquitectura y el urbanismo del movimiento urbano, como el de la plaza de Mariano Granados, como humildes pero saneadas y cómodas viviendas para trabajadores que pasan más desapercibidas. Hace unos días la Asociación de Amigos del Museo Numantino celebró una visita a uno de los edificios más notables de Martiarena en Soria, la Casa del ascensor. Seguir la estela de sus edificios, apunta el arquitecto Miguel de Lózar, daría incluso para una ruta cultural. «A la gente cada vez le interesa más la arquitectura», concluye. 

Conocer en profundidad el valor de sus aportaciones arquitectónicas a la ciudad. desde luego, es la mejor forma de  proteger su legado. Porque «nada es irreversible salvo el derribo», subrayan desde Soria Patrimonio.