CARTA DEL DIRECTOR

Iván Juarez


Colgarse la medalla

A buen seguro, muchos de ustedes, los que tienen una edad, recuerdan aquel Plan E, bálsamo inversor impulsado por el Ejecutivo liderado José Luis Rodríguez Zapatero para frenar o atenuar los efectos de una crisis que él mismo se empeñó en negar. Una iniciativa que comprendía a todo el territorio nacional destinada a generar empleo en plena recesión tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Fueron más de 10.000 millones de euros en dos fases repartidos a Ayuntamientos que se las vieron y desearon para, en los exiguos plazos que marcaba la ayuda, ‘inventar’ proyectos en los que invertir la dotación estatal; la mayoría de ellos contribuyeron a corto plazo a combatir la destrucción de empleo pero las actuaciones, que principalmente sirvieron para adoquinar cada calle potencialmente peatonizable de España, no ofrecieron ningún valor añadido, es decir, no generaron puestos de trabajo una vez materializados las obras y cuando el dinero se evaporó. Así, si se llegó a crear empleo, puesta la última baldosa y rematada la obra los afortunados volvieron a engrosar las listas del paro. Por el contrario, lo que perdura con el paso del tiempo son esos engendros publicitarios que señalan de qué administración procedía el dinero de uno de los remedios ocasionales dirigidos a arrojar luz y aliviar uno de los periodos más oscuros en lo económico de la España reciente. Fueron cerca de 30.900 proyectos con un gasto mínimo de 1.500 euros para colocar una valla promocional. En total, la friolera de 46 millones de euros en carteles publicitarios para dejar bien claro quién pagaba la fiesta. En algún caso, sobre todo en pequeños municipios, el propio coste del cártel superaba al de las actuaciones financiadas. Saltó a los medios, el ejemplo del pueblo soriano de Aldehuela de Periáñez, que no llega el medio centenar de habitantes que recibió poco más de 1.400 euros para cambiar cuatro luces. Allí, el anuncio con el emblema del Plan E, Míster Marshall del mundo rural, lucía hermoso y visible junto a la intervención. Después llegó la quiebra posterior que no pudo evitar este remedio pasajero improvisado para calentar bolsillos inquietos y enfriar los ánimos.
No inventó nada Zapatero porque no era  nueva esa costumbre de alardear de gasto ni tampoco ha quedado en desuso con el paso del tiempo. Se pueden ver de una forma más coqueta aquellas placas que rezan «esta instalación (la que sea) fue inaugurada bajo el mandato de....»». Como si inaugurar o poner en marcha iniciativas fuera ajeno a una obligación que va intrínseca en el cargo y en las responsabilidades de un alcalde, regidor o presidente de…que no es otra que la de gestionar los dineros del contribuyente. Son placas recordatorias, con sabor añejo que, cual Jorge Manrique en busca de trascender más allá de la vida terrenal, persiguen dejar un sello menos poético pero igual de imperecedero en la retina de los vecinos. Hoy, esos recordatorios de qué administración contribuye a mejorar nuestra calidad de vida queda patente en vallas y paneles que desglosan las partidas económicas, nos echan en cara el dinero invertido, afean el paisaje y se sitúan a la altura, en un insulto a la estética, de monumentos rehabilitados, patrimonio histórico restaurado, o en las cunetas de autovías que no terminan de materializarse. Llegados a este punto de informar cada vez que uno de nuestros representantes mueve un dedo, tal vez sería igual de importante hacer análisis de los plazos incumplidos o proyectos prometidos que no se han acometido. En la avenida Valladolid perdura el cartel anunciador en el terreno que se iba a dedicar a a la futura Escuela de Idiomas que, de hacerse, no ocupará este espacio.
Esta semana, para sonrojo de algunos, hemos asistido en Soria a uno de esos episodios previsibles y que se presagiaban cuando la Diputación cambió de color político: el roce, nada cariñoso, con el Consistorio soriano, y viceversa. Tarde o temprano tendría que llegar el choque que solo el reparto de liberaciones y asignaciones varias, y el desembarco y  posterior asentamiento del equipo de Gobierno provincial tras la amenaza de moción de censura han logrado retrasar. Ha sido a cuenta de la celebración del Europeo Multideporte que supuestamente acogerá Soria en el año 2021. Serrano encendió la mecha al cuestionar el reparto de la inversión de cada administración en la prueba continental para pedir un reparto más equitativo del gasto en el que el Ayuntamiento aporte la misma cantidad de la institución provincial sin atender a los costes de personal y cesión de las instalaciones que asume el anfitrión de la cita. Una escena que sorprendió a los responsables federativos que a través de la versión digital de este periódico, www.eldiasoria.es se apresuraban a anticipar que la celebración de la competición en Soria está en entredicho por las inquinas y diferencias políticas que no gustan a los impulsores de eventos de este calado. Es oportuno controlar dónde se destina cada peseta pero unos y otros, lejos de promocionar una labor que nadie discute y meter codo para aparecer en la foto, debieran buscar fórmulas de entendimiento por el bien de su primer cliente, la población soriana. Lo demás no es sino una carrera de fondo, con dineros públicos, para tratar de colgarse una medalla llegado el paso por las urnas. Intenten que sea Soria la que por una vez se cuelgue el oro.



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