"Tenemos que pasar a la acción"

Nuria Zaragoza
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Conoce la vida rural y sus problemas de cerca porque desde 2016 se enfrenta cara a cara a ellos. Hasta ahora lo ha hecho desde la Alcaldía de su pueblo, Muriel. Ahora, le toca hacerlo en clave regional. Sabe que no es un reto sencillo pero tiene cla

"Tenemos que pasar a la acción"

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"Tenemos que pasar a la acción"

La alcaldesa de Muriel de la Fuente, Belén Antón, acaba de ser designada presidenta de la Comisión de Reto Demográfico en la Federación Regional de Municipios y Provincias (FRMP). No es un reto fácil teniendo en cuenta que ahora es considerado ‘asunto de Estado’ pero asume el reto «con mucha responsabilidad y con ganas de trabajar».
¿Cuál es la hoja de ruta?
Tengo planteado hacer, en cuanto se pueda, una reunión con todos los que integramos la comisión y fijar entre todos las líneas de actuación que, según mi planteamiento, pasarían en primer lugar por que todas las administraciones vayan a una y se planteen que tenemos que tener todos los ciudadanos los servicios en igualdad de condiciones o, por lo menos, estar equiparados. No vamos a tener un hospital en cada municipio pero sí que tenemos que sentirnos protegidos y saber que vamos a estar cubiertos. 
También la conectividad es importantísima, sobre todo en este momento en que se ha demostrado que los sitios que tenemos wifi hemos logrado que venga gente a trabajar este verano. Eso debe tener un impulso porque telefonía e internet en el medio rural es imprescindible. 
Se ha teorizado y se sigue teorizando mucho sobre despoblación.  ¿No cree que es necesario pasar ya a la acción?
Por supuesto. Ahora está todo en papel y tenemos que pasar a la acción y que realmente el reto demográfico no solo esté en la agenda, sino que se plasme en las políticas públicas. 
¿La despoblación es el problema o es la consecuencia de una política demográfica mal gestionada? 
Es la consecuencia de no haber hecho caso al medio rural durante décadas. 
¿Por dónde pasa el futuro del reto demográfico, dónde poner el foco?
Debe ser de una forma muy transversal, aplicarlo a todo. Lo primero, hay que hacer una radiografía concreta de la situación, porque el reto demográfico ya no solo afecta a los pequeños municipios que quizá dentro de una década desaparecen si no se hace nada, es un problema que está afectando ya también a poblaciones intermedias y, por tanto, el reto es diferente. Los pequeños municipios tienen que tener una legislación y una tributación acorde a lo que hay. 
Se habla desde hace tiempo de esa discriminación positiva. Conseguir una fiscalidad diferencia, ¿va a ser uno de los retos de su comisión? 
Tengo muy poco experiencia, acabo de llegar, y realmente no sé hasta qué punto tenemos margen de maniobra para afectar realmente a que se tomen políticas acordes a las necesidades del medio rural. Luego, además, estamos en el ámbito de la comunidad autónoma y quizá tiene que ser más a nivel nacional, pero lucharemos en nuestro ámbito lo que podamos. 
La pandemia ha hecho que la gente se replantee la vida en las urbes. ¿Puede repercutir en la repoblación del medio rural?
Sí, desde luego, y si no lo aprovechamos ahora -que nos han dado un poco de empujón-, va a ser muy difícil. Yo creo que sí, que la sociedad en general se ha planteado la vida en las ciudades y ese cambio de mentalidad sí que puede afectar. De hecho, en Muriel, ahora hay gente que ya no estaría si no fuera por la pandemia. 
¿Y se puede mantener a esa población?
Lo primero que tiene que haber es un buen servicio de sanidad, cosa que no está habiendo. A partir de ahí, si vamos poniendo servicios y la gente tiene facilidad para poder desplazarse a los núcleos principales (porque al final tienes que desplazarte para algún trámite, para cosas concretas...), probablemente, la gente sí se lo puede plantear y podría pasar, si no es todo el año, sí una buena temporada. 
Sin servicios no hay población y sin población no hay servicios. Y, sin ambos, no hay futuro en los pueblos. ¿Cómo rompemos este círculo vicioso?
Primero hay que garantizar a la gente que ya está asentada que tiene cubiertos todos los servicios, eso es primordial, que la gente que está no tenga que salir.  Y, a partir de ahí, eso puede hacer atraer al que está fuera. Al final, todos tenemos la tendencia a volver al lugar de origen y hay mucha gente de mi edad que siempre estamos maquinando cómo volver. 
El problema de los servicios es su financiación y siempre se tiende a recortar donde no hay población...
Pero ya no es tanto la población. Se tiene que dar una vuelta al tema de los empadronamientos y la población flotante. Eso se tiene que tener en cuenta, porque los servicios los tenemos que prestar igual. Hay gente que no está empadronada pero paga el IBI, las basuras... y, entonces, el servicio lo tiene que tener igual, aunque su estancia sea puntual, porque si no luego todo se desborda.
¿Es posible hablar de futuro en Soria con más de 600 zonas blancas sin una conexión a internet mínima?
Tenemos que pensar en futuro y en positivo y no podemos poner el ‘no’ por delante, pero desde luego es imprescindible que deje de haber esas zonas blancas y que todo el mundo tenga, al menos, un teléfono, una conexión con el resto del mundo y con un servicio sanitario, que -quizá- es la urgencia más necesaria y la primera. Ahora hemos visto además que el teletrabajo funciona y es ampliable. Hay mucha población que ahora mismo no está pero podría estar, aunque no sea de continuo. Al final es una rueda, si te acostumbras y estás a gusto... intentas pasar más tiempo y, al final, asientas. 
¿El teletrabajo es una opción por explotar en el medio rural?
Desde luego, pero hay que poner las condiciones para que sea óptimo. No puedes estar a expensas de que haya una tormenta y se corte. 
Hablamos de despoblación pero hay un problema que va de la mano, el envejecimiento. ¿No se deberían combatir de forma conjunta?
Sí, por eso insisto en la necesidad de hacer una radiografía para conocer no solo la población que hay, sino las condiciones en las que se encuentra. Las demandas deben ajustarse a la población. Hay que llevar los servicios para mantener a la población que hay, porque eso va a hacer que luego vaya más gente. 
SSPA, la Comisión del Senado, el Comisionado, el grupo de la FEMP... ¿No estamos dispersando esfuerzos?
Dentro de las administraciones tiene que haber una coordinación e ir todos de la mano para llegar a buen fin. También es verdad que siempre ven más cuatro ojos que dos. 
Soria ha liderado la voz de la España despoblada pero ahora es un problema nacional. ¿Corremos el riesgo de que su lucha quede difuminada?
Puede ser, pero los datos al final están ahí y somos -proporcionalmente- la provincia con más municipios de menos de 50 habitantes de la comunidad (64 de 183). 
¿Este reto es posible sin el respaldo financiero de Europa?
El dinero siempre es bienvenido y para esto va a hacer falta poner dinero sobre la mesa y, sobre todo, poner ideas. Ideas, primero, para frenar la situación y, a partir de ahí, revertirla. 
Es verdad que el mundo rural se ha estigmatizado y ha tenido una connotación  negativa. Pero no es peor ni mejor, es diferente, y eso hay que ponerlo en valor. Estoy segura que tiene que haber gente de Madrid, de Barcelona... que estaría encantada de vivir en un pueblo. 
Pero sin vivienda y trabajo, difícil
No solo tiene que venir gente a buscar trabajo. También puede venir gente a teletrabajar o gente autónomos. También gente con ideas que venga a emprender... 
¿Corremos el riesgo de idealizar el mundo rural?
No hay que idealizarlo, hay que vivirlo, hay que probar. 
¿Hay opciones reales para repoblar?
Donde hay vida hay esperanza. Es una dinámica y hasta ahora hemos ido hacia atrás; y ahora tenemos que volver a ir hacia adelante.