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Victoria Lafora

Victoria Lafora


Apuros

27/01/2022

Se acaba el tiempo. Estamos a menos de siete días para que la Reforma Laboral sea votada en el Congreso y todavía no hay acuerdo con los socios. No solo con los de investidura, ni siquiera con lo que ocupan plaza en el Consejo de Ministros.

La vicepresidenta Yolanda Diaz, confinada en su casa por Covid, poco ha podido hacer la última semana para "torcer" la decisión de ERC y Bildu de votar en contra. De hecho, su primer viaje tras retomar su actividad ha sido acudir a una reunión con los sindicatos catalanes para pedirles apoyo frente a las "chulerías" desde el escaño de Gabriel Rufián.

No debe haber buenas perspectivas de acuerdo con los independentistas cuando el presidente del grupo de Unidas Podemos en el Congreso, el catalán Jaume Asens, ha advertido de la poca gracia que les hace el tener que contar con los votos de Ciudadanos e incluso habló de que "es una trampa, no dan los números y no es viable". Demasiadas pegas, cuando que Pedro Sánchez ya ha advertido que no vendan lo que no tienen, porque no se va a cambiar ni una coma que pueda alejar a los empresarios del acuerdo.

Para Yolanda Diaz y su proyecto político la aprobación de esta ley es imprescindible. Será la carta de presentación para la reunificación de la izquierda fuera del PSOE. Movimiento este que tiene apoyos desiguales dentro de las filas de Podemos y que ha permitido a Rufián decir, en referencia a la reforma laboral, la frase lapidaria de que ellos no votan proyectos personales.

Para Sánchez, el voto de Inés Arrimadas y los suyos no solo no supone ninguna contrariedad si no que revive la geometría variable y pone coto a las críticas de la derecha de tener siempre el apoyo de "ex etarrras y grupos que quieren romper España".

Ciudadanos también se beneficiaría de dar sus votos, en plena campaña en Castilla y León, porque es la demostración de que sus votos siguen siendo importantes para evitar el apoyo de los extremos.

Pero, al margen de los intereses electorales de las fuerzas políticas, la Reforma Laboral, que ha costado meses y meses de duras negociaciones entre la CEOE y los sindicatos, aporta acuerdos, mejora las condiciones laborales de los trabajadores, y es una buena base para acabar con la peor plaga del empleo juvenil: la precariedad. Esa que impide a la inmensa mayoría de los menores de treinta años tener la estabilidad necesaria para emanciparse de sus padres y les condena a vivir como eternos adolescentes.

Una precariedad también responsable de los bajísimos índices de natalidad de nuestro país y un grave problema para la estabilidad de las pensiones del futuro. Aunque sólo fuera por estas dos condiciones sería bueno que, al final, se lograra el acuerdo.