Gil Martínez, embajador de la hostelería soriana

Ana Pilar Latorre
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Aacaba de cumplir 80 años y lleva toda una vida dedicada a la restauración. Gil Martínez Soto hace balance de su trayectoria profesional al frente del restaurante Virrey Palafox y como artífice de las Jornadas Ritogastronómicas de la Matanza

Gil Martínez, embajador de la hostelería soriana

Gil Martínez Soto, ilustre impulsor de la hostelería en El Burgo de Osma y en la provincia de Soria junto a su familia desde el restaurante Virrey Palafox y las Jornadas de la Matanza, cumplió 80 años el 1 de septiembre y  agradece las numerosas muestras de afecto que recibió (tantas que el móvil se le bloqueó). El Día de Soria repasa junto a él los aspectos más relevantes de su trayectoria profesional, que recuerda con mucha emoción y siempre insistiendo en la labor realizada por toda su familia en El Burgo. «Esta empresa se compone de nuestros padres, los cinco hermanos que somos y ahora los que han heredado el trabajo de la hostelería y la empresa, porque los que lo dirigen son los hijos y ya casi también los nietos, que alguno ya zascandilea por aquí», explica con cariño.
Gil nació en los años 40 y tuvo «todas las privaciones del mundo», por lo que reconoce que «cuando se tienen hijos la principal lucha de los padres es que tengan un título universitario». De ahí que sus nietos sigan estudiando, «pero siempre tendrán trabajo aquí. A veces no queda otra y en las empresas familiares tiran del carro, también por el ego personal de que un negocio lo haya creado el abuelo o el bisabuelo». Cuenta, como dice que ya ha hecho «hasta la saciedad», que en 1953, cuando tenía 12 años, sus padres le pusieron a trabajar en la hostelería para ayudar en la precaria economía familiar de posguerra. «La idea de que ‘Lo que tienes que hacer, hazlo a gusto’ no se me ha ido en toda la vida», subraya, «porque no se rinde lo mismo». Aquella hostelería nada tiene que ver con la de ahora, sobre todo por la mecanización, y él siempre ha sido autodidacta: «A pesar de no tener estudios complementarios también hemos sacado empresas adelante». 
En 1966, cuando era encargado de un negocio en Segovia, le surgió la oportunidad de gestionar en El Burgo el popular restaurante Casa Agapito (abierto desde 1888 y que llegó a ser como la célebre Casa Cándido), por jubilación de sus dueños. «Me traje a toda mi familia de Aranda» y comenzamos el negocio «todos juntos, todos a la misma, con el mismo empeño para sacarlo adelante, pasando de Casa Agapito al restaurante Virrey Palafox y al hotel Virrey». También tuvieron el bar Aranda, que «revolucionó» la hostelería al ser «el primero que tuvo freidora y plancha». Eran muy populares sus vermús del domingo después de misa, «vendimos cientos de kilos de calamares y gambas a la plancha».
La familia llevó tres ediciones el restaurante de la Feria del Campo, en Madrid y de un mes de duración, que «era el mayor acontecimiento» de la agricultura y la ganadería porque había mucha gente dedicada a eso y «la asistencia era un premio para quien tenía el dinero en cajas y bancos». Pues precisamente de allí salió la idea de organizar las Jornadas de la Matanza, «porque la conexión con los medios de comunicación fue tan íntima e intensa y el boom del pabellón tan sorprendente... Había días que vendíamos 5.000 bocadillos de chorizo a la brasa a 20 pesetas cada uno. ¡Una explosión de gente que para qué!». 
Lo planificó junto a Miguel Moreno, Saturio Ugarte, Rafael Bermejo, Fidel Carazo... Y por aquel entonces en el Sindicato Vertical se estaba pensando hacer en Soria el Día del Chorizo, que derivó en la relación con la matanza y la relevancia que había tenido el cerdo en el consumo de casa en todos los pueblos, hasta que desaparecieron... «El cerdo convivía con la familia de febrero a noviembre, por San Martín, porque no había frigorífico y así se conservaba la carne mejor en el invierno», detalla. Las jornadas se popularizaron y «son la única Fiesta de Interés Turístico Nacional de una empresa particular», todo un logro. Gil Martínez Soto ha creado, igualmente, el original Museo del Cerdo, cercano a la otra catedral de El Burgo, la del buen comer.
reconocimiento. Tanto el restaurante Virrey Palafox como Gil Martínez Soto han recibido numerosos reconocimientos -dice que los suyos son por la «acumulación de juventud»- como la Medalla al Mérito del Trabajo, elPremio Cándido a la Promoción de Castilla yLeón, la Medalla al Mérito Turístico, el Premio Alimentos de España... «Cada vez que te reconocen, en vez de pararte te impulsan a ser mejor personas y a hacer tu trabajo mejor», siempre «practicando la hospitalidad en la hostelería, que es esencial, y mimando al cliente».
Y ahora en el Ayuntamiento, a propuesta de una comisión creada por el aniversario, se podría decidir si se le dedica una calle, una placa o un monumento en la villa, así como el nombramiento como Hijo Adoptivo (ya que nació en Aranda de Duero, por lo que no corresponde Hijo Predilecto). Se reconocería con ello a una familia y un hostelero que han sido embajadores no solo de su empresa, sino de El Burgo y toda la provincia. 
El alcalde, Miguel Cobo, a nivel personal, apoya el reconocimiento a toda la familia Martínez Soto y Martínez Antón y, en especial, a Gil por ser «cabeza visible» y «motor tractor». La propuesta pasará por Comisión de Cultura y los concejales «opinarán y debatirán» antes de que llegue al pleno municipal. Para Gil, sería un orgullo porque El Burgo de Osma le ha dado, sobre todo, «el afecto de todos sus convecinos e incluso de las nuevas generaciones. Es la ventaja de vivir en un pueblo y una provincia como la nuestra». «Hay cosas que no se pagan con dinero, como el factor humano y la suerte de vivir en un pueblo como este. Nunca he renunciado a Aranda, pero creo que uno es de donde pace y no de donde nace». 
El Virrey Palafox ha promocionado turísticamente a El Burgo por todo el mundo, ya que han representado a la gastronomía española en cuatro continentes (tres veces en China, dos en Singapour, cuatro en Vietnam, 13 en Estados Unidos, un mes en Londres...), a falta de Australia, donde aún tiene planes de ir. «El turismo es un sector tan importante que ahora la economía española está temblando por falta de los ingresos que genera», añade advirtiendo que muchos hoteles de zonas turísticas están echando ya el cierre. Martínez Soto no recuerda una época tan mala para el sector hostelero como estos meses, «ni siquiera el confinamiento, cuando se tenía esperanza de que esto pasara... Porque ahora ha venido el trancazo por las limitaciones de la situación sanitaria».
Con 80 años, lleva más de 50 al frente del negocio, en el restaurante y de gira, a las que no pudo acompañarle su mujer y que le quitaron tiempo de estar con sus hijos. Pero ahora lo está recuperando, disfrutando de sus nietos todo lo que puede y paseando por el campo, su gran pasión.