Una cadena de oro en territorio celtibérico y su enigma

Marian Arlegui
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El hallazgo se localizó en la Huerta de San Juan de Duero, 4 metros bajo tierra

Una cadena de oro en territorio celtibérico y su enigma

Esta cadena o cordón que formaba parte de una pieza mayor fue encontrada, según consta en los documentos archivados de la Comisión de Monumentos, en lo que se conocía como ‘Huerta de San Juan de Duero’, a una profundidad de 4 metros, «junto a una tinaja y una espada». Tan solo ingresó en el Museo Celtibérico la cadenita ya que en el momento de su hallazgo e ingreso, la legislación sobre Patrimonio Histórico era menos protectora que en la actualidad.
Es una cadena, de oro, trenzada en forma de espiga elaborada mediante anillas enlazadas, que se cierra en uno de sus extremos con una pieza tubular, decorada con líneas paralelas muy sutiles, realizadas por presión sobre el metal, en el que otra pieza tubular, perpendicular a la anterior, sujeta una anilla. En el otro extremo la trenza es abrazada por una pieza, también decorada, de la que nace un hilo con forma de ojal. 
Al haberse efectuado el hallazgo en el entorno del monumento medieval del Monasterio de San Juan de Duero, se creyó durante mucho tiempo que esta pieza debía corresponder a la era medieval. También se consideró para atribuirle esta adscripción lo depurado de su técnica. 
Décadas más tarde, cuando la investigación sobre la orfebrería de la Edad del Hierro avanzó, y se produjeron hallazgos de piezas similares, aunque escasos, dos en Palencia, una en Valladolid en la necrópolis de Padilla de Duero, y dos en Roa, Burgos, se llegó a la conclusión de que era una pieza fechable entre los siglos III y II a.C. ya que las ocultaciones en que aparecieron las piezas con que comparamos la de Soria, es esta. Es interesante señalar que las piezas citadas proceden todas del área vaccea y que en el área celtibérica no conocemos ninguna pieza similar. 
La pieza es de gran interés. En primer lugar porque parece tener un origen foráneo a la Celtiberia, en segundo lugar debido a que podría tratarse de una ocultación de objetos de valor en tiempos difíciles o, tal vez, ser un enterramiento de cremación y por tanto formar parte del ajuar. 
Ha de destacarse además que los objetos suntuarios son muy escasos en la Celtiberia Ulterior, que como es sabido es, básicamente la provincia de Soria. Si en fases anteriores se conocen algunos objetos de plata, pendientes y pulseras de diseño sencillo, algunas fíbulas, o la inclusión de finos hilos de plata en empuñaduras, broches y algunas vainas de espadas, no conocemos más objetos de oro que este.
La escasez de oro y plata ha hecho pensar que la Celtiberia era una región pobre. Ha de pensarse que la economía de la Edad del Hierro en esta región, agropecuaria, con importantes cabañas de ovicápridos seguidas de bóvidos y cerdos se complementaba con una importante actividad cerealista. Obviamente la actividad económica, de subsistencia e intercambio en el comienzo, dependía de las posibilidades de las diversas zonas geográficas de la provincia. Sin embargo, al avanzar la Edad del Hierro las sociedades y su economía se hicieron más complejas. El periodo al que correspondería la cadena, siglos III –II a .C. se aproxima al periodo en que podemos considerar que impera una economía de guerra: desde el 195 a.C. Roma se introduce progresivamente en la Península Ibérica y saquea y toma botines de conquista; entre el 218 y el 201 a.C. la Segunda Guerra Púnica que, como es sabido, se desarrolló en territorio hispano y las guerras celtibéricas debieron afectar gravemente a estas sociedades: no solo el número de bajas por muerte o captura para la venta como esclavos que se producían en los enfrentamientos bélicos, muy elevadas a juzgar por las fuentes clásicas, tuvo efectos dramáticos sobre las sociedades sino también la imposición por parte de Roma a los vencidos de suministrar determinados productos debió agravar su supervivencia: generalmente se prefería la moneda que en la Celtiberia Ulterior se comenzó a acuñar más tarde que en la Citerior, sino había moneda se reclama oro o plata, capas o ‘saga’, pieles, grano y caballos. En realidad, más que un tributo, era el modo de pagar a las tropas romanas suministrándoles el estipendio, es decir, comida, vestimenta y, si no se obtenía moneda, pago en especie. Mientras, se establecía progresivamente la fiscalidad romana que se aplicarían en todo el territorio conquistado a la vez que se imponía y desarrollaba una economía monetaria.
Sabemos por las fuentes que en el año 141 a.C. Numancia y Tiermes entregaron 9000 capas o que Escipión que había prometido a sus tropas el botín que obtuvieran en Numancia tan solo pudo entregar a sus soldados 7 denarios por cabeza pues no encontró riquezas. 
Además del hecho de que del área celtibérica Roma obtuviera riqueza en especie, ha de pensarse que son dos culturas diferentes, la celtibérica y la romana, con distintos conceptos de riqueza y, aún más importante, con diferentes modos de hacer evidente el prestigio social y la posición económica.  Desde esta perspectiva, no podemos juzgar la riqueza o la pobreza de los celtíberos a partir de la narración de los clásicos romanos ya que Roma sí estaba  inmersa ya en una sociedad monetaria y el oro y la plata, valores de moneda, eran señales de riqueza.
Regresando de nuevo al comienzo, si la pieza, como parece, procede del valle medio del Duero, emplazamiento de los vecinos vacceos con quienes los arévacos mantuvieron estrechas relaciones comerciales, resulta sugerente pensar que la pieza es fruto de un intercambio o que la portara un vacceo que por diversas razones visitara a sus vecinos. En cualquier caso es una pieza incompleta, lo que también nos permite pensar que la pieza se troceara para su transformación en valor.