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La semana que rompió Génova

SPC-Agencias
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Tras meses de rumores sobre tensiones internas entre la cúpula nacional popular y Ayuso, una cascada de acontecimientos impulsa en apenas unos días una guerra encarnizada que acaba convirtiéndose en la peor grieta vivida en el partido conservador

La semana que rompió Génova - Foto: Eduardo Parra

El PP nunca antes había atravesado unos días tan críticos en su historia como partido. Unas jornadas convulsas que hicieron tambalearse los mismísimos cimientos de la principal fuerza de la oposición y que, a la postre, han terminado por cambiar su rumbo, para dar paso a una nueva etapa que terminará por definirse tras el congreso extraordinario que se celebrará a primeros del mes de abril.

Es la crónica de una semana de alta tensión en el PP, plagada de acontecimientos inéditos. Una historia en la que, como suele ocurrir, todo empezó de manera tímida y encubierta bajo el siempre recurrente velo de las filtraciones a los medios de comunicación. El pasado miércoles 16, unas informaciones publicadas en la prensa afirmaron que el Ayuntamiento de Madrid, supuestamente siguiendo órdenes de la dirección nacional popular, había intentado espiar al entorno familiar de la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, por los contratos adjudicados para la compra de mascarillas en la primera ola de la pandemia.

La bomba ya había explotado. Aunque originariamente la formación negó estos hechos, la mañana del jueves 17 la guerra abierta entre la cúpula nacional y la dirigente regional era una realidad tan imposible de tapar como querer ocultar el sol con un dedo.

Tanto que, en las horas sucesivas, la cascada de reacciones y consecuencias inundó al grupo hasta hacerlo desbordar, en un cruce de acusaciones entre ambas partes implicadas que acarreó una sucesión de dimisiones de calado.

Las más demandadas, las del secretario general del PP, Teodoro García Egea, y la del propio presidente del partido, Pablo Casado, resonaron incluso ante las puertas de Génova, en una concentración que evidenció que la grieta no solo hacía mella entre los barones y altos cargos, sino también entre los militantes y simpatizantes.

Egea terminó marchándose y se anunció la convocatoria de una junta directiva nacional para el martes 1 de marzo. Pero el clamor entre los presidentes autonómicos no cesaba, con Casado en el foco.

Finalmente, tras unos días de infarto, una sucesión de reacciones, declaraciones de intenciones y dimisiones, todo terminó con una reunión de más de cuatro horas en Génova entre el palentino y los barones. Casado seguirá siendo el presidente popular hasta el cónclave extraordinario, de dentro de un mes. Estos son los hechos de una semana que rompió y cambió el PP.

 

Miércoles 16

Tras unas semanas de calma, coincidiendo con el final de la campaña y las elecciones en Castilla y León, las aguas volvieron a revolverse en Génova, resucitando los fantasmas del enfrentamiento entre la cúpula nacional del PP y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Una guerra que se intentó acallar desde la formación conservadora con imágenes de unidad en los mítines y en las declaraciones a los medios, mientras fuentes cercanas al partido ya anticipaban su inminente eclosión.

Los peores pronósticos al respecto se confirmaron el pasado día 16. Esa jornada, varios diarios nacionales publicaron a última hora de la tarde que el Ayuntamiento de Madrid, supuestamente siguiendo órdenes de la dirección nacional del PP, intentó espiar al entorno familiar de Ayuso por los contratos adjudicados para la compra de mascarillas en la primera ola de la pandemia.

El PP emitió de inmediato un comunicado para desmentir «tajantemente» esas informaciones de prensa, que calificó de «falsedades». Un texto que no logró contener la borrasca que se avecinaba.

 

Jueves 17

El alcalde de Madrid y portavoz nacional del PP, José Luis Martínez-Almeida, compareció el pasado día 17 para negar haber espiado a Ayuso a través de una empresa municipal que habría encargado a una firma de detectives investigar a su hermano Tomás por su papel en la compra de una partida sanitaria a China.

Horas después, Ángel Carromero, vinculado a Pablo Casado y señalado como supuesto inductor del espionaje frustrado, dimitió de su cargo como director general de coordinación de la Alcaldía de la capital.

La jornada aún reservaba más sorpresas. Isabel Díaz Ayuso hizo unas declaraciones sin preguntas desde la sede de la Comunidad de Madrid que hicieron tambalearse al partido, porque además de negar posibles prácticas corruptas acusó directamente a Casado y su entorno de querer acabar con ella.

La reacción del secretario general del PP, Teodoro García Egea, a las duras palabras de la presidenta no tardaron en llegar, y anunció un expediente a Ayuso, algo insólito en la trayectoria de la formación.

Tras negar que hubiera un dosier encargado por Génova contra ella, Egea reprochó a la dirigente autonómica sus acusaciones «casi delictivas» contra Casado. Además, recordó que siempre la defendió y reveló que tras conocer datos sobre presuntas irregularidades en las que podía estar implicado su hermano, el líder del PP le pidió explicaciones en una reunión secreta celebrada en octubre.

La guerra declarada, pública y abierta, entre Ayuso y la dirección del partido conservador removió los cimientos de Génova y las redes sociales comenzaron a salpicarse de mensajes de afines a una y a otro. Sonaron ya entonces las primeras voces pidiendo la dimisión de Egea, como la de expresidenta madrileña Esperanza Aguirre.

Ante el revuelo, Casado contactó telefónicamente con los presidentes autonómicos del PP para abordar la situación.

 

Viernes 19

Tras la frenética jornada de la víspera, la jornada del viernes arrancó con las primeras declaraciones del líder del PP hasta ese momento sobre la crisis interna del partido. El presidente popular se despachó en una entrevista en la cadena Cope, donde hizo relató lo sucedido, según su versión.

Así, el mandatario reveló que a Génova llegó información procedente de alguien de la Administración con datos bancarios y fiscales «suficientemente relevantes para que se pensase que había podido haber tráfico de influencias» en relación al hermano de Díaz Ayuso y una cantidad que él fijó en 286.000 euros que habría recibido como comisión por conseguir de China una partida de mascarillas por valor de 1,5 millones de euros cuando estas prendas escaseaban en el mercado.

Según explicó, lo único que hizo fue pedir explicaciones a la presidenta madrileña, sin recibir respuesta, y mostró sus dudas sobre si la empresa que adquirió el material actuó como «testaferro» de su hermano. Además, insistió en que él no acusó a Ayuso de nada porque no tiene pruebas y que solo le requirió aclaraciones.

En ese punto, también negó que la filtración procediese de Moncloa, como había sugerido la presidenta la víspera, y calificó de «montaje» las acusaciones sobre las denuncias del supuesto espionaje tramado desde el Ayuntamiento de Madrid y que no se consumó porque la agencia de detectives a la que se pidió se negó a cometer ilegalidades.

Precisamente, minutos después de la entrevista a Casado, Isabel Díaz Ayuso habló con la misma emisora para admitir que su hermano cobró una comisión, pero de modo legal y sin que ella interviniera.

La líder madrileña difundió un comunicado en el que detallaba que su hermano Tomás cobró 55.580 euros por «gestiones realizadas para conseguir el material de China y su traslado a Madrid».

Al mismo tiempo que Ayuso anunciaba nuevos datos sobre su familiar, dos consejeros de su Gobierno, el de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, y el de Hacienda, Javier Fernández Lasquetty, comparecían para dar nuevas explicaciones y defender la legalidad del contrato de las mascarillas.

Ante este cruce de declaraciones, algunos barones empezaron a pronunciarse, como es el caso del presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, quien pidió acabar con la «hemorragia» ocasionada por la guerra abierta en el partido y reclamó a Casado que actúe cuanto antes.

Además, Feijóo consideró «bastante lógicas» las explicaciones de Ayuso porque en aquel momento «era un lujo» disponer de mascarillas. Sin embargo otros presidentes autonómicos como Juanma Moreno o Alfonso Fernández Mañueco reaccionan de manera tibia. Solo el de Murcia, Fernando López Miras, defendió a su amigo Teodoro García Egea.

Mientras, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, habló por primera vez de la crisis del PP para pedir a este partido que aclare «cuanto antes» si hubo corrupción en la Comunidad y descartar la convocatoria de elecciones anticipadas.

A última hora del día, Casado se reunió en secreto con Ayuso en la sede del PP, un largo encuentro del que solo se supo al día siguiente y que no sirvió para resolver la crisis.

 

Sábado 19

El desconcierto y el estupor en el PP por lo que estaba sucediendo en la formación aumenta al principio del fin de semana, con la incógnita de la resolución del expediente abierto a Isabel Díaz Ayuso.

Ante este ambiente enrarecido, Pablo Casado decidió mover ficha para atajar la crisis y dio carpetazo al expediente. No obstante, las versiones sobre cómo se llegó a esa decisión son discrepantes; desde el Gobierno madrileño se admitió que Casado exigió a Díaz Ayuso que negara haber sido investigada por el PP a cambio de levantar el procedimiento, pero Génova lo desmintió y afirmó que lo archivaron a cambio de nada.

Mientras las dos partes guardaban públicamente silencio, la jornada del sábado sirvió para acrecentar el estado de shock en que vivía el partido y por las redes sociales empezó a circular la convocatoria de una manifestación para el domingo a las puertas de Génova en defensa de Ayuso y contra Casado.

 

Domingo 20

La convocatoria de concentración a las puertas de la sede nacional del PP durante la jornada del pasado día 20 logró congrega a varios miles de afiliados y simpatizantes -unos 3.500 según la Delegación del Gobierno-. La multitud presente en el lugar llegó, incluso, a cortar la calle Génova de Madrid, exigiendo con pancartas y a gritos la marcha de Casado. Los concentrados también expresaron su apoyo incondicional a Ayuso.

Los lemas esgrimidos en los carteles de los manifestantes ante la sede del PP iban desde Yo con Ayuso o Ayuso, presidenta, hasta Pablo, fracasado o Egea, dimisión.

Los principales actores en la crisis guardaron silencio durante todo ese domingo, y el protagonismo mediático se concentró en la manifestación en torno a la calle Génova.

La dirección del partido convocó al Comité de Dirección para el día siguiente a las 11 de la mañana.

 

Lunes 21

El sexto día de la crisis del Partido Popular arrancó con una reunión del comité de dirección en la calle Génova, lo que originó una gran expectación, tanto dentro como fuera de la sede. A ella, no acudió el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, que al día siguiente dimitió como portavoz del partido.

Los barones volvieron a pronunciarse tras un fin de semana de sorpresa absoluta por lo que estaba sucediendo, pero ahora, incluso los más fieles, evitaron expresamente respaldar a Pablo Casado. El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, reclamó «diálogo» y una solución «lo más rápido posible» al «gravísimo problema» por el que atravesaba el PP.

El gallego Alberto Núñez Feijóo, al que muchos dirigentes veían como la posible solución a la crisis, pidió a Casado que tome decisiones «complejas» y urgentes para salvar a la formación del «colapso». Todos insistieron en que la solución tiene que llegar ya.

En ese momento, volvió a hablar Isabel Díaz Ayuso, en su caso para pedir un «giro absoluto» en el partido porque la situación era «insostenible y cada día peor» y apostó por la celebración de un congreso extraordinario, aunque ella descartó dar la batalla por liderar ella formación en el futuro.

Mientras, dentro de la reunión en Génova, Casado ya escuchó voces que pedían la renuncia de  su mano derecha, Teodoro García Egea. La diputada Belén Hoyo fue muy dura al exigirle su marcha, y todos los dirigentes, salvo Pablo Montesinos, Ana Beltrán y Antonio González Terol, pidieron un congreso extraordinario y amenazaron con dimitir si no se atendía su demanda.

Tras nueve horas de reunión, el partido anunció que Casado convocaba la Junta Directiva Nacional para el próximo lunes 28 de febrero, una decisión que fue adoptada por unanimidad en el comité.

La salida alcanzada por la dirección fue interpretada entre muchos de sus cargos como un intento de líder popular de ganar tiempo.

También comenzó a circular entre los dirigentes y cargos del PP un manifiesto que pedía la destitución inmediata de García Egea y la convocatoria urgente de un congreso extraordinario.

 

Martes 22

El PP anunció el martes que Casado se reuniría la jornada siguiente con los barones regionales del partido. A la cita no estaba convocada Ayuso, que no preside el partido en Madrid.

La mañana siguió con la comunicación oficial del alcalde madrileño, José Luis Martínez Almeida, de que abandonaba la portavocía de la formación.

El anuncio de Almeida se produjo justo antes de que la Fiscalía Anticorrupción confirmara que abría una investigación para aclarar si hay indicios de delito en el contrato de las mascarillas adjudicado a la empresa relacionada con el hermano de Ayuso.

Los barones comenzaron a dar la espalda a Casado. Feijóo, el de mayor peso en esta crisis, pidió abrir una nueva etapa para desbloquear el «colapso» y aunque no confirmó que él fuera a postularse para suceder al vigente líder del PP, afirmó: «Tenemos que estar a la altura y tomar decisiones, yo entre ellos».

Las siguientes horas de ese frenético día fueron testigo de una cascada de dimisiones en las filas conservadoras. La primera en dejar su cargo en la cúpula del partido fue la de Belén Hoyo, presidenta del Comité Electoral.

Paralelamente, una parte del grupo popular en el Congreso apoyó el manifiesto que reclamaba un congreso extraordinario y la marcha de Egea. Entre otros, lo firmaron el secretario general, Guillermo Mariscal, y los portavoces adjuntos José Ignacio Echániz, Mario Garcés y Carlos Rojas, el secretario cuarto de la Mesa del Congreso, Adolfo Suárez Illana, y la diputada Sandra Moneo.

En el Congreso, los movimientos internos contra Egea proliferaron, e hicieron que renunciara a ir a la sesión de control de la jornada siguiente.

Avanzó el día y sumó una nueva dimisión en la cúpula: la presidenta del Comité de Garantías, Andrea Levy.

El desconcierto aumentó en el partido ante el silencio de Casado, que no zanjó los rumores que apuntaban a su marcha y la de Egea.

La única comunicación oficial de toda la jornada fue la convocatoria de la Junta Directiva Nacional para el 1 de marzo, en lugar del 28 de febrero -Día de Andalucía- que pondrá en marcha el congreso extraordinario del partido.

Ante el clamor interno en el PP, Egea dimitió como secretario general, se marchó de la sede de Génova y en una entrevista nocturna en una televisión nacional aseguró que sería «siempre leal» a Casado y subrayó que se iba «no por haber hecho nada malo», sino para facilitar un congreso donde los militantes del PP decidan su futuro.

 

Miércoles 23

Pese a las dudas sobre su asistencia, al final Casado acudió al Congreso para preguntar al presidente en la sesión de control. Una intervención que sonó a despedida y en la que aprovechó para reivindicar la política como «la defensa de los más nobles principios y valores, el respeto a los adversarios y la entrega a los compañeros». «Todo para servir a España y a la causa de la libertad porque ese es el futuro que merecen nuestros hijos que debemos construir todos juntos», afirmó solemne.

El paso por el Hemiciclo de Casado fue solo el principio de un largo día que se prolongó hasta la una y media de la madrugada y que acabó con la noticia inesperada: seguiría presidiendo el PP hasta el congreso extraordinario del 2 y 3 de abril. Así lo consensuó tras una reunión de cuatro horas y media con los barones en Génova, en la que también acordó que no presentaría una candidatura en el cónclave. Los dirigentes regionales clamaron a Feijóo para que tome las riendas, pero de momento el palentino sigue siendo el líder del partido.