TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Valverde vete ayer

Del banquillo de un grande te empiezan a echar el mismo día de la presentación: la idea de base es que los jugadores son tan buenos que «juegan solos» y que si no ganan lo que el forofo medio tiene en la cabeza es «culpa del entrenador». O sea, los peloteros son los responsables en el éxito y los que se van de rositas en el fracaso.

Ernesto Valverde llegó al Barça con vitola de tipo cabal, sensato, buen lector de partidos y poseedor de una buena mano izquierda para tratar los egos de un vestuario gigante. Y con el aval de Leo Messi, por supuesto, condición 'sine qua non' para que alguien aterrice en Les Corts. Sin embargo, ninguna virtud es válida sin victoria en esos clubes de tremenda altura. El mayor 'gañán' puede ser un semidiós si consigue que su equipo levante un título, y el mejor estratega puede convertirse en un mojón si ese mismo equipo pierde un partido que tenía ganado. Porque esto último es lo que le penaliza al 'Txingurri'…

Tres años después, por culpa de derrotas que nunca debieron producirse, por no saber meter en hielo un partido ganado, por no tomar la decisión táctica correcta en una victoria hecha, la colección de detractores es casi inabarcable. El fiasco de Roma (4-1 en la ida… y 3-0 en la vuelta) fue una herida profunda de difícil sutura; el de Liverpool (3-0 en la ida, 4-0 en la vuelta) no sólo la reabrió, sino reventó alguna arteria; el de las semifinales de la Supercopa, cuando el equipo había sido tremendamente superior y logrado remontar el duelo hasta ponerlo 2-1, sólo recordó a esa 'culerada' crítica que Valverde «no es un ganador». Y todos conocemos cuál el antónimo de «ganador». Y eso duele.

Del banquillo de un grande te empiezan a echar el mismo día de la presentación. El tiempo y las derrotas hacen el resto.



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