CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Un Gobierno raro, raro, raro

Por si a alguien le quedaban dudas: Pedro Sánchez, en su declaración institucional para presentar su gobierno, pronunció la palabra progresista y progreso más que cualquier otra, más incluso que gobierno. Esperemos que el martes profundice más, porque solo con progresismo e igualdad no se resuelven los muchos problemas que tiene que afrontar de inmediato.

Cualquier presidente de gobierno forma su equipo intentando contar con los mejores, que sean de probada lealtad al proyecto, y que conformen un grupo bien engarzado que garantice la estabilidad. Pedro Sánchez sin embargo ha tomado decisiones raras, incomprensibles porque no se cumplen ninguna de las tres premisas. Ha nombrado ministros de incuestionable profesionalidad, sobre todo en el área económica, Justicia y política exterior, pero en otras carteras se ha inclinado el presidente por personas sin experiencia en el ministerio asignado, aunque se trata de destacados militantes del Psoe.

Lo que ha extrañado en el actual gobierno-aparte de la nueva falta de respeto de Sánchez a la Corona, anunciando los nombres de los nuevos ministros a cuentagotas, cuando la Constitución exige que el gobierno se haga público tras informar al Rey- es que desde el primer nombre que se puso sobre la mesa se transmitió la idea de que el presidente tiene la intención de ningunear a Podemos. Ha elegido un equipo económico potente, con ministros que no se han casado con nadie en los cargos que han ocupado, y que en alguna ocasión han expresado sus dudas sobre las medidas que ha exigido Podemos en cuestiones tan sensibles como la abolición de la Reforma Laboral, la subida de las pensiones según el IPC o el incremento del Salario Mínimo Interprofesional, que Sánchez ha aceptado para contar con el apoyo imprescindible de Iglesias. Son multitud los economistas que aseguran que de llevarse a cabo esas iniciativas, quebrarían las cuentas del Estado.

No se sabe qué idea tiene Sánchez respecto al cumplimiento de su programa, pero es seguro que van a saltar chispas en el gobierno. Si se cumple meticulosamente lo pactado con Iglesias, los recién nombrados no se van a quedar de brazos cruzados ante el riesgo del fiasco; si Sánchez renuncia a esas medidas o se aplazan, será Podemos el que exprese su contrariedad.

Es difícil que Iglesias tenga la tentación de romper la coalición, ni en sus mejores sueños pudo adivinar que llegaría a estas alturas. Pero si piensa en futuro, difícilmente Podemos va a mantener sus votos y escaños en unas nuevas elecciones si el binomio Iglesias-Montero cae rendido a los pies de Sánchez. A no ser que finalmente Podemos acabe diluido en un macropartido capitaneado por el Psoe, que tampoco sería tan extraño vista la debilidad de los principios ideológicos que se gastan algunos dirigentes políticos de nuestro país.

Esto echa a andar, y la primera prueba de fuego se verá esta semana: qué actitud tendrá el gobierno ante la sentencia que obliga a Torra a dejar su escaño… y qué medidas aprueba en su primer Consejo de Ministros.



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