LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


El corazón del ángel

26/06/2020

La inmediatez es tan abrumadora que nos impide ver más allá. Los adolescentes, carentes de las heridas del pasado y de la experiencia que aportan las cicatrices, confunden acción con compromiso. Con un mínimo de esfuerzo, todos somos capaces de enumerar los retos, problemas y fallos a los que se enfrenta una sociedad compleja. La inmensa mayoría coincide en los objetivos a alcanzar, pero empieza a ser una imagen cada vez menos cohesionada. Al fracturarse nuestro concepto sobre la dignidad humana, la libertad y la vida se construyen sobre modelos teóricos distintos. Muchos creen que las ideologías o la política ya no tienen sentido e ignoran que es justamente ahora cuando se está produciendo una transformación social con consecuencias imprevisibles.

Hace mucho tiempo, recordé que lo más importante en nuestra existencia es saber hacia dónde nos dirigimos y qué camino tomaremos para llegar a ese punto. Esta sencilla enseñanza es despreciada cada día por millones de personas y por un número sorprendentemente alto de empresas. Es muy cómodo decir que lo único importante es vivir el presente como si fuese una foto fija, ya sea una imagen idílica o una pesadilla permanente.

Desgraciadamente, se trata de una teoría falsa e infantil porque implica no responsabilizarnos de nuestros actos y de sus consecuencias. Carezco de la sabiduría para despejar las grandes dudas y mucho temo, que tampoco una parte importante de la gente desea enfrentarse a dichas preguntas. Cada uno tiene sus tiempos.

Esta pandemia ha sido dolorosa e instructiva a la vez. Ha certificado cómo en Occidente no hay políticos con el valor para tomar las decisiones acertadas, diluyendo las responsabilidades en unos científicos que se decían expertos de algo que ignoraban en el fondo. Hemos visto una sociedad pasiva y aborregada que aceptaba sumisa un tsunami económico sin preguntarse con qué objetivo. Ahora el relato nos contará los cientos de miles de vidas supuestamente salvadas y nos advertirán generosamente del riesgo de una segunda ola al no haber alcanzado la inmunidad de rebaño.

Sin embargo, todos intuimos que si volviese la pandemia no se aplicarían las mismas medidas al ser económicamente inviables. Esta certeza nos demuestra la verdad de lo dicho anteriormente. Para desarrollar políticas correctas hay que saber qué se quiere proteger y tener una estrategia para su obtención. La vida es nuestro bien más preciado, pero sin libertad no vale nada. No apreciar la libertad confirma lo desorientados que estamos.



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