TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Arriesgar o esperar

05/07/2020

Sin duda, destruir es más fácil que construir. Para ambas cosas hace falta arte, pero miren al niño montando una torre con mimo y ahora la mirada del otro niño situado a su izquierda, ¿lo ven?, que en cuanto se aparte el primero manda la torrecita al suelo. Si lo trasladamos al terreno de juego, al del fútbol, verán al equipo que propone y al que espera pacientemente su oportunidad. Como el primero necesita tiempo, paciencia y mucho balón, una tendencia del fútbol moderno es abrazar lo segundo: aguardar, provocar el fallo, anular al adversario. Si no se juega a nada, si el partido es feo, si la pelota está más tiempo parada que rodando, mejor para ellos, pues es donde mejor se desenvuelven: sufriendo o haciendo como que sufren. Y algunos lo hacen rematadamente bien, hasta el punto de abanderar el 'movimiento' que es legítimo, sí, pero no deseable porque… qué sucedería en un partido donde los dos quieran destruir. Arranca el choque, uno le tira la pelota al otro y el otro se la devuelve: «No lo quiero. Para ti». ¿Se dan cuenta? Para que el modelo de estos equipos (no diré nombres, ni de clubes ni de entrenadores, pero todos sabemos por dónde van los tiros) funcione, tiene que haber alguien construyendo, intentándolo, proponiendo con todas sus virtudes o con todas sus limitaciones. Alguien generoso, en definitiva, dispuesto a construir la torre poco a poco aún sabiendo que el otro, el de la izquierda, sólo está allá esperando un despiste para tirarla.

Frente a esto, cualquiera que ame este deporte elegirá al Atalanta: un equipo a permanente tumba abierta, el italiano menos italiano, máquina de golear que sumó esta semana su séptima victoria consecutiva (cuarto en la serie A y vivo en cuartos de la 'Champions'). Uno de cada cien entrenadores (Gasperini) decide arriesgar porque, demonios, alguien tiene que hacerlo.



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