SIN RED

Loli Escribano

Periodista


¡Cómo somos!

12/03/2020

{Periodista} 
Hace unos días fui a Medinaceli con dos amigos. Ambos de Soria. Uno de ellos, en el trayecto, reconocía que hacía al menos doce años que no visitaba este pueblo. Cuando llegamos y comenzamos a recorrer la plaza y las calles que la rodean, dijo: «Yo creo que no he estado aquí en mi vida». Y cuando nos detuvimos frente al viejo Casino, cerrado hace años, exclamó asombrado: «¡Si me dicen que esto es Medinaceli, pierdo la mano!». Y lo reconoció con la sorpresa de quien descubre un lugar ignoto, un tesoro maravilloso, a tiro de piedra, que no ha sabido descubrir a pesar de los años. Nuestro anfitrión, vecino de Medinaceli, estaba convencido de que todos los sorianos pasamos unas cuantas veces al año por la autovía, camino de Madrid o de otros destinos más lejanos, pero nadie sube a disfrutar de la mesetita que acoge este coqueto pueblo castellano. Ni siquiera el reclamo del arco romano, único en España, sirve para atraer la curiosidad de los sorianos. Los fines de semana se llena de turistas que llegan de diversos lugares, la mayor parte de la capital de España. Entre semana parece un pueblo fantasma. De hecho, el día que giramos la visita, uno laborable, no nos encontramos con un alma. ¡Cómo somos! Se nos llenan los ojos de deseos a destinos lejanos y exóticos porque creemos que lo que tenemos cerca no tiene valor. Es una reflexión un poco matemática: cuanto más lejos, más bonito; cuanto más cerca, menos valioso. 
Estoy convencida de que si algún famosete se paseara por el pueblo y colgara en las redes alguna foto con su correspondiente comentario «postureta», los sorianos iríamos en masa a Medinaceli. Por si había alguna duda de la influencia que tienen las redes sociales, lo hemos comprobado estos días con el coronavirus. Si alguien colgaba que en una farmacia no había gel desinfectante, todos como locos a buscarlo al coste que fuera. Que estoy segura que si alguien cuelga que en las ópticas no hay líquido para las lentillas, vamos todos de cabeza, aunque no las usemos. Por si acaso. Así somos los humanos. Influenciables, maleables y manipulables. No quería aludir al producto que antes se ha agotado en los supermercados como consecuencia de esa psicosis, pero no puedo reprimirlo: el papel higiénico. No quiero ser escatológica, lo voy a decir en fino, pero ¿es que creen que van a hacer más de vientre que comer? ¿No se les ha ocurrido que pueden limpiarse con agua y jabón?
Y como me gusta quedarme siempre con la parte constructiva y positiva de la vida, me ha encantado descubrir que hay dos tipos de internautas: los histéricos y los ingeniosos. Me quedo con el ingenio y el buen humor que estamos descubriendo estos días con los memes sobre el coronavirus. Reír es la mejor medicina contra el peor virus de todos, el miedo. 



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