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Loli Escribano

SIN RED

Loli Escribano

Periodista


La pandilla del San Andrés

27/08/2021

Cuando yo sea mayor quiero ser como las mujeres de la pandilla del San Andrés. Me chiflan. Son media docena de señoras que se reúnen a diario en la piscina del San Andrés. Son divinas. Carmina, Nieves, Rosa, Gloria y el resto del grupo se dan cita a las doce del mediodía en el mismo sitio del recinto, de lunes a domingo durante julio y agosto, desde hace más de diez años. Allí han hecho pandilla y allí nos regalan el perfil de mujer libre y sin prejuicios que yo quiero ser en mi vejez. Ejemplo palmario de que las féminas estamos en el camino de hacer lo que nos da la gana en esa carrera de fondo que es la igualdad de género. Ellas nos hacen partícipes de sus estilismos maravillosos: el gorro de flores blancas de Carmina es ya un símbolo de glamour absoluto para los que somos asiduos del San Andrés. Es un gozo para el espíritu verlas recorrer el solárium con sus bañadores a la última, sus pareos, sus gorras y sombreros y sus gafas de sol (mis favoritas son las rosas de Nieves).

Les da tiempo a todo. A nadar a perrito sin que se les moje ni un pelo; que se quitan el gorro y parece que acaban de salir de la peluquería (aún tengo que preguntarles el truco). Si hace mucho calor, tres baños. Si el día está más fresco, uno. Y aunque el agua está perpetuamente heladora, cuando les preguntas, siempre te dicen con una sonrisa: hoy está buenísima. Sorianas de las que al frío le llaman fresco.

Y entre baño y baño van saludando a todos los usuarios y entablando conversación con una alegría contagiosa arropada del saberse felices en su día a día piscinero. Hay veces que no les da tiempo a dar una vuelta completa al perímetro del vaso, porque se paran con tantas personas que llegan las dos de la tarde, la hora de irse. Los fines de semana, antes de marcharse, toca aperitivo en el bar de la piscina. Juntan tres mesas y se ríen y disfrutan de su vejez como si acabaran de cumplir quince años. También celebran los cumpleaños y los santos. Empiezan con el Carmen y aún no me he enterado bien con cuál terminan, pero la última celebración, que nunca he presenciado, la imagino como un fiestón en el que en vez de lamentarse del verano agotado estarán pronosticando el siguiente estío: si vendrá el matrimonio de Barcelona, si seguirán los mismos socorristas, si se mantendrá el horario Covid y si las tres amigas (yo misma, Susana y Pili) tendrán vacaciones para venir juntas a diario o solo podrán disfrutar los fines de semana. Yo aspiro a llegar a la vejez y ser una chica de la pandilla del San Andrés tan similar a las chicas Almodóvar a las que cantó Sabina, “yo quiero ser una chica Almodóvar, pasar de todo y no pasar de moda.”

El alcalde de Soria debería subvencionar a la pandilla del San Andrés por el ambiente que ofrecen todo el verano y porque son un ejemplo a seguir para todas las mujeres que aspiramos a ser felices.