LA MAREA

Antonio Pérez Henares

Escritor y periodista. Analista político


Tocando pelo

02/03/2020

Cuando cobraban del chavismo, porque ellos, siglas aparte, el núcleo duro, cobraba por asesorar y difundir su doctrina Monedero 425.000 dólares por unas cuartillas noveladas sobre una moneda ficticia, y no tenían que mantener chalet de millonario con piscina, proclamaban a los cuatro vientos la indignidad que los representantes del pueblo ganaran por hacerlo mucho más que aquellos a quienes representaban. Por todos los púlpitos mediáticos anunciaron que "ellos" jamás harían tal cosa. Que nadie entre sus filas podría cometer tal traición al pueblo, que como mucho podrían percibir el equivalente a tres veces el salario mínimo y que, además, para no convertirse en "casta", la abominación y origen de la corrupción política, no podrían ni duplicar cargos ni mantenerse en ellos, los internos desde luego, más allá de 12 años como máximo.

Pero resulta que han tocado pelo, pisado moqueta, pillado cartera, disfrutan de coche, chofer y escolta y de lo dicho ayer, cuando eran los apóstoles, los mesías de las "gentes de abajo", ahora no hay nada. Que oímos mal, que no se acuerdan, que aquello era un anuncio y con los anuncios ya se sabe. Pero que ellos, faltaría más, tienen ética, mucha ética, son en realidad la ética hecha carne mortal, y la nueva norma lo seguirá siendo. Lograr tal trasmutación del alma es fácil. Bastara con someterla al plebiscito asambleario de los fieles, como la compra del chalet, y con ello quedara ungida y santificada. De la misma forma y manera que se eleva al casoplón de ricacho del ladrillo a la categoría de ermitaño santuario, ahora podrán ganar lo que quieran y estar en el poder lo que aguanten. Pues ellos son los buenos, los justos, los solidarios, los benevolentes y los misericordiosos. Sobre todo porque lo dicen ellos, no se cansan de decirlo y lo cantan sus muecines desde las minaretes progres en todas las oraciones, de la mañana a la noche. Su causa es la justa, la bendecida y criticarlos a ellos, sus profetas, es blasfemia.

Tanto es así que observarán que sobre el asunto entre sus fieles no rechista nadie. Es lo que tiene el tocar poder, el reparto de gorras y la "socialización" del chollo. Tan solo los excluidos, los arrojados a las tinieblas exteriores osan dar algún pellizco o atreverse a un tuit. Excepciones mínimas como Ramón Espinar." Suprimir la limitación de salarios y de mandatos es amputar dos elementos centrales de la ética política sobre la que se fundó Podemos. Que los representantes deben vivir como los representados no es un argumento de quita y pon. Son principios. Qué deterioro. Qué pena". Y en eso se queda en un "¡qué pena!.". Pero es que "las penas, con pan, son menos" y ya no te digo con chalet, servicio, sueldazos a pares, ministerios y reverencias. Entonces son jolgorio y alegría. Mientras dure la fiesta.

Para que dure, además, los podemitas tienen otra vieja receta. Hay que silenciar también cualquier voz exterior que les contraría y descubre sus vergüenzas. Amén de la implantación del Agitprop (agitación, prensa y propaganda) aplicada a los medios que han ido okupando, que ya son, en algunos sectores, casi todos, resta solo llegar al editorial único y de obligado cumplimiento leído en todas las cadenas de tv y radio, pongamos que por la camarada ministra Irene, ahora hay que remachar el clavo: La Mordaza. Pero la de verdad, aunque como es la suya, es "buena". El control, el pensamiento único, la autocensura impuesta y si no hay más remedio pues censura cruda, pura y dura y cerrojazo a secas. La Prensa del Movimiento, vamos, que así se llamaba cuando la oprobiosa.

Y unido a ello, claro, la persecución del disidente, del No Adicto al Régimen, la cárcel si menester fuera. Ya lo ha amenazado Pablo Iglesias. Quiere ver a quienes le han criticado y combatido con la palabra entre rejas. El primer paso es reducirlos a condición de inmundas sabandijas, la conocida y eficaz receta estalinista, carentes de los derechos que los "verdaderos seres humanos" poseen, pero ellos por sus perversas conductas han perdido y por tanto no merecen ser tratado como tales, ni tener presunción ni derecho alguno ni de inocencia ni de defensa tampoco. Son cloaca. Y hay que desratizarla. Pues ninguna otra condición aquellos que comenten el delito de oponérseles.

Por sus antecedentes ideológicos, sus comportamientos y actitudes y sus referentes históricos y actuales, lo uno, el convertirse en lo que decían que mayor repulsa les causaba, y lo otro, amenazar con restringir y conculcar las libertades, las de los demás, claro, comenzando por la de información y opinión, era más que esperable. Sorprende, si acaso, la impudicia y la prisa en comenzar a hacerlo. Pero cantado estaba.



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