CRÓNICA POLÍTICA

Isaías Lafuente

Escritor y periodista. Analista político


Hablemos del empleo

18/09/2020

El debate sobre el futuro de las pensiones se ha reavivado estos días con notables discrepancias en el seno del gobierno de coalición de Pedro Sánchez. Mientras el ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá, proponía retrasar la edad real de jubilación hasta los 67 años - ahora está en 64 años y medio - y bonificar a quien incluso desee posponerla, la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, replicaba que esa ampliación sería un tapón para las generaciones jóvenes, que son las llamadas a financiar y sostener el sistema con su trabajo y sus cotizaciones.

Nuestro sistema de pensiones es uno de los cimientos de nuestro estado de bienestar y está muy bien que, aun con discrepancias, se mantenga vivo el debate sobre unas políticas de Estado que superan el corto plazo de las legislaturas. Lo que quizás se eche en falta es ampliar los márgenes de este interesante debate. Porque es evidente que cualquier retraso en la edad de jubilación permite mantener durante ese periodo como cotizante a quien está llamado a percibir esa prestación. Pero esa resta en el número de pensionistas de nada servirá si quienes deben sostener el sistema con sus cotizaciones no son suficientes o no cobran ni cotizan lo suficiente porque disfrutan, en el mejor de los casos, de empleos temporales y precarios.

Y esa ecuación entre unas pensiones dignas y un trabajo indigno nunca se resolverá favorablemente por mucho que retrasemos la edad de jubilación o por mucho que, hipotéticamente, la adelantemos para que los jubilados dejen sitio a jóvenes trabajadores. Así que el debate sobre las pensiones solo encontrará vías razonables de solución si se engloba en uno más amplio sobre nuestro mercado laboral, ese que hoy retrasa la incorporación de los jóvenes, cuando los acoge les ofrece trabajos inestables pagados con sueldos míseros y, finalmente, los expulsa a la primera de cambio cuando ni siquiera vislumbran el horizonte de la jubilación.

Hace poco más de un año, el FMI recordó a los jóvenes españoles menores de 28 años que el futuro de sus pensiones solo sería viable trabajando hasta los 72 años y ahorrando mientras tanto. Olvidaba esta institución cuál es la situación de esos jóvenes en nuestro país, con una tasa de desempleo y temporalidad que triplica la del resto de la población y con nóminas un tercio menores que la del resto de los trabajadores. Una situación que ha convertido el denostado mileurismo del pasado en deseado horizonte, el ahorro, en imposible pesadilla, y la deseada y justa jubilación en una especie de realidad distópica.



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