LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Laura

12/03/2021

Cuando vuelves a visionar una película que es una obra maestra sobran las palabras. Son pequeñas joyas de un mundo que no volverá. Perder el tiempo en dejarse llevar por el fatalismo existencial sobre la imposibilidad de recuperar esa época creativa, genera una actitud tan destructiva que casi anima a seguir ignorantes. En nuestra vida diaria no es importante saber quién fue Gene Tierney, las películas que hizo y el drama vital que pasó por la inconsciencia de alguna fan imprudente. Como tampoco es posible no echar una lagrimilla en el inicio de la séptima temporada de la serie Monk por el magnífico actor Stanley Kamel, el sufrido psiquiatra Charles Kroger, que falleció de un paro cardiaco que le apartó para siempre de la serie.

La nostalgia y la soberbia nos impiden tomar las decisiones correctas en el presente y nos dificultan vivir con inteligencia nuestro momento actual. No podemos caer en la ingenuidad de pensar que nuestra existencia será infinita o ser tan egoístas de aceptar que el último apague la luz.

Cuando se vive en la opulencia, no existen los límites a nuestros deseos. En Occidente la clase política ha perdido la capacidad para discriminar y apostar por el mal menor, en un mundo de recursos aparentemente ilimitados. Los votantes se resisten a asimilar que el Estado no puede cubrir todas nuestras expectativas, porque somos seres autónomos y debemos amar la responsabilidad que acompaña a la libertad. Aunque resulte extraño, en la época de los romanos había esclavos que vivían mejor en lo material que muchos individuos libres; sí, porque hay que desear esa libertad.

Los Estados implosionan al ser incapaces de cumplir sus obligaciones básicas. Esta máxima se ha producido siempre en la historia sin matices de raza, sistema político, religión o cultura. Ahora piense por un momento cuáles son esas responsabilidades y si en Occidente los estados las asumen. Después de este ejercicio mental, piense en todo el gasto público dedicado a actividades ajenas a esas concretas competencias y un sudor frío aparece. No voy a someterle a la tortura de pensar los actos que la Administración le impide realizar, porque entonces la depresión es aguda.

De todos los países occidentales, Estados Unidos es con diferencia el que más cerca está de sus orígenes y está fracasando. En Occidente se ha levantado un huracán de odio e intolerancia que ha roto la cohesión social. Es el momento de analizar qué estamos haciendo mal.



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