LA RAYUELA

Óscar del Hoyo

Periodista. Director de Servicios de Prensa Comunes (SPC) y Revista Osaca


Apuesta por la vida

Paula apenas ha dormido. Lleva una temporada que se pasa las noches en blanco. Se siente agotada. A sus 46 años, esta profesora de Humanidades es presa de las consecuencias del enorme estrés de las clases y del hogar.
Su marido está en paro y de poco le sirve buscar trabajo. La pareja tiene cuatro hijos, pero es ella la que tira del carro. Es una mujer de una personalidad arrolladora, segura de sí misma, y la sobran fuerzas para animarle a él a no cejar en el empeño.
Ya han acostado a los niños. Al levantar el brazo izquierdo para ponerse el pijama, Paula nota algo que le oprime el pecho. Inquieta, se palpa la zona y descubre un bulto del que hasta ahora no se había percatado. Decide no contar nada. Coge el teléfono y pide cita con el médico. Mañana será otro día.
De cabecera a radiología. La imagen no ofrece dudas. Tiene cáncer de mama. El mundo se le viene encima. Luchadora y optimista, decide, como otras tantas mujeres valientes y llenas de coraje, enfrentarse a la enfermedad de la mejor manera posible. La primera batalla está ganada, pero no será fácil.
Dos años después, arropada por los suyos, la profesora consigue vencer al cáncer, pero, en un control rutinario, el fantasma vuelve a aparecer. Los médicos encuentran un nuevo bulto en el otro pecho. La metástasis se ha expandido rápido y el tiempo corre en contra de esta mujer de eterna sonrisa, que no se va a dar por vencida. 
La donación de la Fundación de Amancio Ortega, presidente de Inditex, de 320 millones de euros a los hospitales públicos de media España, para dotarles de tecnología puntera en la lucha contra el cáncer, está generando gran polémica, después de que la candidata de Podemos a la Comunidad de Madrid, Isa Sierra, cuestionara la iniciativa. «Una democracia digna no acepta limosnas».
Mientras una buena parte de la ciudadanía, enfermos y sociedades oncológicas alaban la acción del empresario gallego, el partido morado y algunas plataformas afines que defienden la Sanidad Pública han manifestado su malestar. Los peros se justifican en una «caridad disfrazada» y en que el sector público no puede depender de las donaciones privadas, ya que, en estos momentos, sostienen que es más necesario contratar personal que comprar máquinas para tratar el cáncer.
Los reproches también se sustentan con la presunta poca preocupación que Ortega tiene con las precarias condiciones de algunos de los trabajadores de sus fábricas, con la ingeniería financiera que lleva a cabo con la venta de sus productos a través de internet o, incluso, con la campaña de lavado de imagen que las donaciones pueden acabar acarreando. Argumentos simplistas que se alejan de la esencia real que hay detrás de los 320 millones de euros. Si en vez del presidente de Zara, la donación hubiera venido del señor X, ¿pensarían igual?
Un informe de la Sociedad Española de Oncología y Radioterapia(SEOR) denunciaba en 2017 que uno de cada tres enfermos de cáncer no recibía el tratamiento adecuado por falta de material y que esta alarmante carencia se podría subsanar con una inyección de 280 millones.
La donación de Ortega resuelve este problema y llena de esperanza a todos aquellos que padecen esta patología. El empresario fue intervenido hace años en Estados Unidos para extraerle un tumor. Sufrió en sus propias carnes los miedos y la angustia que provoca la enfermedad y tuvo la fortuna de poder recibir el mejor tratamiento que existía en ese momento. El resultado fue un éxito y su experiencia le marcó de tal manera, que ha querido que las personas que pasen por ese mal trago tengan a su disposición la última tecnología para poder superarlo.
En el mundo hay otros ejemplos, como el de Bill Gates, y nadie parece criticar esos gestos, ni sugerir que un tercio de las donaciones son desgravables a nivel impositivo. Aquí el debate, más que ético, parece ideológico, al llegar las quejas de ese sector que odia todo aquello que rezume a neoliberalismo. Las máquinas que dona el español más rico del planeta son capaces, entre otras cosas, de que las mujeres que tienen cáncer de mama se sometan en un mismo día a la intervención quirúrgica para eliminar el tumor y a la radioterapia necesaria para prevenir su extensión. Engorrosos meses de idas y venidas, de subidas y bajadas, se concentran en una mañana.
Paula está pasando un calvario y hoy, que se encuentra mejor que ayer pero peor que mañana, es la gran defensora de un noble gesto que apuesta por la vida y que algunos quieren disfrazar de mezquino.
Cualquier persona que haya perdido a un familiar o esté enferma de cáncer, ¿no lo daría todo por disponer de un tratamiento que le sirviera para salvar esas vidas?


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