DE SIETE EN SIETE

Rafael Monje

Periodista


La tabla de salvación de Ciudadanos

Han pasado solo tres meses desde las elecciones generales del 10 de noviembre y, por si alguien tenía morriña, ya tenemos fecha (5 de abril) para los comicios autonómicos de Galicia y País Vasco, a los que se sumarán poco después los previstos en Cataluña tras el anuncio de adelanto electoral de Torra. Todas ellas son citas en esas comunidades llamadas históricas, pero que van a tener su repercusión en el conjunto del país hasta el punto de que lo que suceda afectará de un modo u otro a los grandes partidos nacionales. De momento, ya hay movimientos que podrían cambiar el escenario político como el que estos días encabeza Inés Arrimadas para que el partido naranja y el PP acudan con listas únicas en Galicia, Euskadi y Cataluña. Una propuesta que la catalana, llamada a dirigir Ciudadanos tras la debacle de noviembre y la marcha de Albert Rivera, defiende como la opción más lógica para recuperar un espacio que las fuerzas de izquierda e independistas suelen acaparar. 
El planteamiento tiene bastante lógica desde el punto de vista de Cs, obligado a cambiar el paso equivocado, y sobre todo en el País Vasco donde, a diferencia de Galicia, el PP tampoco tiene el mejor viento a favor desde hace años. Pero más allá de esas estrategias de un partido gobernado ahora por una gestora, que transita como puede a la espera de la votación de marzo que culmine con el proceso interno de elección de su nuevo líder, lo que se atisba es el nerviosismo de una formación que no hace tanto quiso disputar al PP el espacio de centro derecha en España y que hoy es prácticamente irrelevante en el Congreso. Dudo que el liderazgo de Ciudadanos que puede encarnar Arrimadas vaya a ser el bálsamo que precisa un partido que también afronta un debate interno entre quienes reclaman más peso de los territorios autonómicos y los que defienden una unidad de acción centralizada. Así las cosas, el planteamiento de Arrimadas de arrimarse (permítanme la licencia) al PP para no acabar desapareciendo es la mejor tabla de salvación a la que, como en el hundimiento del Titanic, quiere asirse la política catalana para no hundirse.
Estamos por tanto ante otro año político que promete grandes titulares y no pocas sorpresas. Habrá que estar atentos. 



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