SOPA DE GUINDILLAS

José Luis Bravo

Periodista


Melancolía vírica

19/03/2020

El seguimiento, minuto a minuto, que estamos haciendo de la epidemia del coronavirus, nos está permitiendo descubrir las cantidad de facetas de nuestra vida a las que afecta este fatal acontecimiento sanitario, aunque no padezcamos la enfermedad. 
A las patéticas escenas de gente con bolsas en la cabeza o paisanos tomando al asalto los palets de provisiones antes de que los empleados del súper repongan las estanterías, tenemos que sumar la histeria colectiva con todo lo que aparece en las redes sociales. Se diría que no vivimos para otra cosa que para comentar las últimas incidencias  del monotema que nos ocupa. Estamos, además, descubriendo que alcanza aspectos que jamás hubiéramos imaginado, como la retirada del agua bendita de las pilas a la entrada de las iglesias, que si lo miran con atención es un hecho que va mucho más allá de la prevención sanitaria. ¡El agua bendita puede ser foco de contaminación y enfermedad! Imaginen en que lugar queda la Providencia Divina cuando el líquido que nos debiera proteger de todo mal, que resuelve exorcismos y  escalda vampiros, puede ser la puerta por la que pasemos a mejor vida.
Bromas aparte, se me ocurre que esa tradición tan soriana de leer el Marca en el bar, o cualquier otro periódico, se va a acabar. Todos tenemos la insana costumbre de mojar el índice con la lengua y llevarlo después a la esquina inferior derecha un papel que pueden haber chupado docenas más de afligidos aficionados del Numancia. Y hablando de bares, qué les voy a contar del pelo que les va a correr a los que cogen con la mano el churro que nos dejan con el café o tienen los pinchos, raciones y tapas sin protección alguna sobre la barra. Es el fin de las hermosas y aromáticas pilas de torreznos. Cualquier día nos atenderá un camarero embozado tras una máscara y ataviado con un mono blanco con un certificado de asepsia total firmado y sellado por la autoridad sanitaria y la inspección de trabajo, por lo menos. Es posible que tan exagerada higiene nos haga más blandos y vulnerables, no lo sé, pero lo que está claro es que nos convertirá en personajes tristes, que no se abrazan, no se besan, no brindan por no chocar sus copas, ni bailan pegados, de hecho se sospecha que las canciones de Sergio Dalma serán proscritas. 
De entre los daños colaterales del jodío coronavirus, aunque el que más nos duela sea el de la economía, el que más vamos a notar, desde ya mismo, es la invasión de melancolía, tristeza y soledad que se nos está viniendo encima. Como decía el del chiste, a lo mejor vivimos más, pero se nos hará muy largo de puro aburrimiento.



Las más vistas

Opinión

La herencia del coronavirus

Enseguida nos ilusionamos pensando que nuestros pueblos sorianos tan vacíos se llenarían de nuevos pobladores buscando una vida mejor. He tanteado a sorianos que viven en grandes ciudades. No muestran ninguna intención de volver a sus pueblos